Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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domingo, 21 de septiembre de 2025

Actúa ahora por un mundo pacífico...

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


El llamado es claro y la ocasión no deja lugar a dudas: en el Día Internacional de la Paz 2025 somos convocados a la acción en pro de la paz; actuar por y para un mundo pacífico. Esta, como toda efeméride, es una invitación a mirarnos como humanos y a comprometernos con lo humano (La desgracia del tiempo plano)

En 1981 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acordó la instauración de un día para que en el mundo entero las personas nos detuviéramos un momento para reflexionar sobre la paz y la erradicación de la violencia. 

Ese día marcaba el comienzo de la Asamblea (la tercera semana de septiembre) como muestra y recordatorio de que uno de los motivos más importantes para que exista un organismo como la ONU -nacido después de la segunda guerra mundial- es la promoción de todo lo que tiene que ver con la paz, comenzando por acometer de frente toda forma de violencia.

En 1991 se asignó una fecha específica para la efeméride: 21 de septiembre. Ocho años después se dio un paso al desplazar el énfasis en la no violencia, hacia la cultura de paz (Declaración por una cultura de paz). Desde entonces la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, el Arte y la Cultura (Unesco) año con año se suma a muchísimas personas e instituciones para ayudarnos a fijar la atención en la Paz.

Todos somos interpelados



En el Día Internacional de la Paz 2025 se reafirma que la paz nos interpela a todos; que no solo es un asunto de nivel nacional o internacional, que pueda reducirse a la paz interior. 

Es un desafío para cada uno de nosotros; pues se trata de una forma de relacionarnos. En la paz hay respeto, tolerancia, inclusión. En la convivencia pacífica se privilegia el diálogo y la confluencia, el consenso y la concordancia en la solución de los conflictos que pueden impedir que hombro a hombro construyamos el bien común.

Comprometerse con la paz es la apuesta para actuar prontamente frente a toda violencia y en la promoción y construcción de condiciones materiales, sociales, culturales en las que sea posible vivir dignamente. Y es que hay una convicción de fondo que nos mueve: la paz es posible... tiene que ser posible

La Unesco señala acertadamente:

Todas las personas tenemos un papel que desempeñar, desde las fuerzas de mantenimiento de la paz en primera línea de conflicto hasta los miembros de la comunidad y los estudiantes en las aulas de tod el mundo. Debemos alzar la voz contra la violencia, el odio, la discriminación y la desigualdad, practicar el respecto y abrazar la diversidad de nuestro mundo.

 Al alcance de cada quien hay una acción posible. Otra vez la Unesco nos da pistas para nuestro actuar cotidiano e inmediato, que yo también suscribo:

  • Conversar con próximos y remotos sobre la urgencia de construir espacios en los que nos podamos entender para promover lo que nos permite vivir más conforme a la dignidad de ser personas: afrontamiento de la violencia, promoción de educación de calidad, de acceso a la salud, de cuidado en los distintos aspectos de nuestra vida...
  • Hacer voluntariado: los frentes son muchos y todos requieren de personas y organizaciones comprometidas con una convivencia pacífica. Solo por nombrar algunos: educación para la paz, combate de la violencia en las familias, promoción de la mujer, atención a personas y comunidades vulnerables, prevención de conductas de riesgo (peligrosas para quienes las hacen parte de sus vidas y para quienes viven a su lado o cerca de ellas y ellos).
  • Desterrar el lenguaje discriminatorio y las conductas de odio en los entornos familiares, escolares, laborales, vecinales.
  • Repudiar y señalar las conductas de acoso de cualquier tipo (ciberacoso, acoso escolar, laboral). Al respecto el mensaje en este día internacional nos dice contundentemente: "tómate el tiempo necesario para verificar los hechos antes de publicarlos en las redes sociales"
  • Comprar productos de marcas con compromiso social (y por consecuencia, evitar hasta donde sea posible los de las empresas que apoyan causas violentas, programas contra la dignidad de las personas).
  • Apoyar a las organizaciones cuya misión y acción se realiza en torno a la sostenibilidad, los derechos humanos, incluso, de manera específica, en la promoción de la cultura de paz, la solución pacífica de conflictos y el combate a la violencia.
En un nivel mediato, el genocidio en Gaza, las permanentes masacres en África, Asia, el conflicto Rusia-Ucrania, las medidas discriminatorias del presidente Trump, los feminicidios y homicidios en nuestro entorno, las desapariciones a manos de los estados, del crimen organizados... Son también situaciones que nos invitan a abrir mente y corazón globalmente, al tiempo que nos comprometemos localmente. 

Allí donde hay personas de carne y hueso, abriendo canales para la ayuda humanitaria, donde hay gobiernos ejerciendo presión internacional en los conflictos de nuestra época, donde son vulnerados los derechos humanos, podemos apoyar; porque en la realidad, lo lejano termina siendo cercano.

Actuar ahora por un mundo pacífico. La única manera que alguien se quede fuera es que no quiera entrarle. Miremos nuestro compromiso, invitemos a hora y a deshora, porque la causa de lo humano -que es también la causa por nosotros mismos- en cualquier frente y lugar es algo que bien vale la pena y en la que nos jugamos nuestro presente y nuestro futuro.

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domingo, 29 de junio de 2025

Si quieres la paz, prepara la paz (si vis pacem, para pacem)

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Esta mañana leí un artículo de Fabio Colagrande, que me pareció no solo interesante, sino pertinente (https://www.vaticannews.va/es/mundo/news/2025-06/los-papas-y-la-doctrina-social-la-paz-mas-alla-de-la-disuasion.html). Me empujó, tal cual, a construir y compartir este apunte para nuestro caminar en el que la paz pende -otra vez y de muchas maneras de un hilo.

De manera sencilla, puntual, el autor nos llama la atención sobre el límite de la teoría de la disuasión, que encuentra en la frase latina Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepárate para la guerra); límite percibible prácticamente para todos nosotros.

Al reflexionar, trae a colación a los papas Juan XXIII (Pacem in terris) y Pablo VI (instaurador de la Jornada Mundial de la Paz en 1967). Esos obispos de la ciudad de Roma y Pontífices del mundo católico, llamaron la atención de sus contemporáneos y ahora la nuestra sobre los límites de la teoría y de la actitud de la disuasión: aprovechar los tiempos de paz para llenar sus arsenales de armas, con el pretexto de estar listos "para la defensa", de amedrentar al otro provocándole miedo y sumisión. 

Ambos prelados vivieron en los tiempos de la carrera armamentista de la guerra fría y supieron por sí mismos y por los testimonios de millones de personas que el pregonado para bellum conduce necesariamente a gastos de cantidades incomprensibles en ejército e instrumentos que son diseñados para sembrar muerte y dominio y también a la sensación permanente de angustia y miedo por la siempre presente posibilidad de la ruptura del equilibrio interrelacional que puede llevar a muerte, dolor, destrucción, sufrimiento y, ya entrados en cuenta, al exterminio.

Desde entonces se ha hablado de lo que se puede hacer con tan solo porciones del presupuesto de defensa de países y bloques internacionales: avance en todas las materias de desarrollo humano que son parte esencia de la construcción de la paz en un marco de derechos humanos: salud, educación, construcción de infraestructura, abatimiento de brechas tecnológicas. Máxime si las personas se relacionan e interactúan más allá del miedo, la subordinación servil y el sometimiento.

Si vis pacem, para pacem... Si quieres paz, prepárate en la paz para la paz, construye la paz, genera relaciones de convivencia pacífica, apuesta por las condiciones necesarias para vivir en la dignidad de ser personas humanas... Y aprende a resolver dialógicamente los conflictos que se desprenden de las contradicciones propias de la búsqueda de la satisfacción de todo tipo de necesidades humanas.

Para vivir en la paz, vivir construyendo paz... 

La paz, lo he escrito muchas veces (sigue este hipervínculo para acceder a los artículos https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/search/label/Paz), no es producto del azar, de la alineación de los planetas, de "levantarse y decretar su existencia". Es un proceso que se construye día a día y en todos los niveles: la paz interior, en la familia, la colonia, la ciudad, el estado, el país... Y también en las relaciones internacionales.

La paz es una forma de vivir en el que se apuesta porque las personas tengamos lo que necesitamos para ser más plenamente tales en la situación en la que nos encontremos. Tiene dimensiones interiores afectivas, intelectivas, volitivas, psicológicas, pero también condiciones externas y que se han ido explicitando en lo que hoy conocemos como derechos humanos, de todas las "generaciones", en todos los aspectos de la vida.

Si vis pacem, para pacem... Sea cual sea tu nivel de interlocución. 

  • Creo que hay algo que realmente nos ha dejado en claro el primer cuarto del siglo XX: la importancia del mundo interior, la salud afectiva y mental, la paz interior (puedes leer https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2022/10/paz-interior-ciaro-pero.html). Importante, decisiva, pero no suficiente.
  • La paz en la familia, lugar en el que mucho más fácilmente se dan faltas de respeto, abusos, discriminación, la mala comunicación y la silenciosa, pero no menos destructiva, indiferencia.
  • Los lugares de nuestra actividad cotidiana: la escuela o el trabajo, en el que fácilmente la irresolución o mala solución de conflictos deviene en violencia escolar o laboral con sus manifestaciones diversas: cibernética, psicosocial, verbal, sexual, física. Hemos avanzado mucho como sociedad para comprender estos fenómenos, sus causas y comenzamos a tener una mejor idea de la importancia de generar una cultura de paz y de atender las incidencias que denigran y por ello son violentas.
  • Los medios de comunicación y las redes sociales nos hablan de la violencia en las calles de nuestros lugares: desde las ladies y los Lords, las golpizas entre automovilistas, con los motociclistas, hasta las muertes por extorsión, ajustes de cuentas, disputas por territorios delictivos.
  • Sin ser tan cruentos, sangrientos, existen las situaciones en las que al cobijo de las estructuras jurídicas, económicas y políticas mujeres y hombres son defraudados, mueren por negligencia médica, son encarcelados por incompetencia o abuso de quienes han estudiado derecho y ejercen en juzgados, fiscalías y tribunales.

Y en ninguno de los ámbitos señalados la paz será una resultante cotidiana de la violencia. 

El jefe autoritario -quien en el miedo que le produce sentirse falto de autoridad termina convertido en acosador, abusador, denigrador- logra muy poco en su equipo de trabajo reforzando sus actitudes violentas. Logrará mucho más en una estructura participativa, en la que han sido construidas adecuadas estructuras de planeación, evaluación y reconocimiento de las personas. 

Se pueden decir cosas semejantes de los padres y las madres de familia, los educadores, los servidores públicos que no logran causes pacíficos para su interacción y convivencia cotidianas.

Preparar la paz... educando

No puedo cerrar esta reflexión sin volver a poner el dedo en el renglón. La única forma en la que las personas podamos construirnos actores y actrices pacíficos es aprender a vivir en la paz para la paz, en procesos educativos que nos permitan vivir pacíficamente y entender las condiciones, necesidades, métodos y técnicas para sortear cosas tan humanas como las irresponsabilidades que terminan afectándonos a muchos, los conflictos, los malos manejos socio afectivos, las violencias.

Las familias, las escuelas, las demás instituciones sociales que educan, están éticamente impelidas a tener pedagogías, hebegogías, andragogías de la paz; a conducirse creando de manera consciente ambientes en los que se concrete la cultura de paz: es decir, cultura en la que las personas compartan significados sobre la interrelación pacífica y compartan un mínimo de valores para interactuar juntos salvando no solo el bien individual; sino de alguna manera el bien común.

Procesos educativos para solucionar conflictos, para afrontar violencias con herramientas comunicativas, de la dinámica de grupos, estructurales, normativos... Procesos en los que quienes los viven tengan una forma cotidiana de vivir, que tenga espacios de reflexión para evaluar su convivencia, para entender cómo se construye la paz para la paz. 

La carrera armamenticia comienza en casa, la escuela, el trabajo, los centro sociales, y no solo con las armas físicas, sino con todo el arsenal que podemos acopiar para abatir física, psicológica o éticamente la vida propia y la de los demás. 

Hoy, como siempre, invertir en sumar humanidad antes que solamente en herramientas de defensa, sigue siendo sin duda, una apuesta más viable tanto para lo inmediato como para lo mediato y macro, como los conflictos macros (nacionales einternacionales) que tantos contemporáneos han matado y siguen matando.

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martes, 24 de enero de 2023

Educar: ¿"expender clasecitas" en el tendejón de la esquina?

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

Frecuente, muy frecuente: "Oye, te voy a mandar mi cv... a ver si puedo dar unas clasecitas". 

El interlocutor se ha quedado sin empleo o está en la zona de recién egreso de la Universidad. Cada vez más cuando escucho (o leo a través de mi servicio de mensajería) viene a mí la imagen del despachador del carrito de la esquina, o del tendejón de barrio; incluso de la tienda de conveniencia o una cadena como WalMart.

Pareciera que educar es dar clases, que se expenden a los alumnos y a sus familias. Los docentes despachan la mercancía que les entregó el dueño del changarrito o el gran almacén, empaquetado en forma de clases. Entre mejor se entregan las clases, más cerca pueden estar de su distintivo del empleado del mes (Todos creen que saben educar)

Sí, sé que suena cruel, pero pareciera que eso de dar clases -que no educar- consiste en tomar un programa, encontrar en él un temario, buscar los libros que desarrollan esos temas y transferirlo en forma de sesiones en un salón o en una computadora a los alumnos... Puede ser tan sofisticado como se quiera, pero al final la transacción pareciera ser esa. 

Y lo peor: el educador solo entrega en el mostrador los paquetes prefabricados que le entregan el Estado o el dueño de la escuela y no se siente protagonista de una propuesta humanizante que le valga la pena para entregar el pellejo en el acompañamiento educativo, para acompañar la inmersión en el patrimonio humanizante y el despertar a la transformación de mismo cuño.

Y en la vida diaria, cuando egresan más allá del tendejón o almacén llamado escuela, instituto, colegio, universidad, las personas afrontan la labor de construir su existencia bastante más indefensos de lo que su certificado de estudios y sus títulos académicos parecieran decir. Y es que educar es más, mucho más que dar clases y ser educador es -simétricamente- mucho más que administrar temarios y recetarios de habilidades y conductas esperadas cual empleado de anaquel o mostrador.

Educar en las instituciones educativas (valga la redundancia) es acompañar los procesos por los cuales las personas responden a su llamado humanizante de construirse personas, por, con y para los demás, encargándose del mundo; y hacerlo profesionalmente, de manera intencional, dialógica, razonablemente fundamentada y apoyada en una praxis coherente los procesos.

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

La persona educada tiene herramientas humanizantes: 

  • Es capaz de entender el mundo a partir del patrimonio de explicaciones y conocimientos que otros han construido, pero con la curiosidad para desentrañarlo más allá de lo que siempre le han dicho, de lo que aparece a primera vista (es una persona crítica).
  • Puede resolver problemas y situaciones que en la vida cotidiana personal, laboral, social se le presentan y para ello es capaz de utilizar respuestas que ya existen, pero puede generar opciones si estas son insuficientes (es una persona creativa)
  • Disfruta la vida porque sabe poner en juego sus sentidos y sentimientos, los afectos y emociones que lo alertan sobre lo que puede valer la pena o aquello que tal vez no sea tan humanizante en algún momento; es capaz de estimar las "cosas buenas de la vida" y con mucha más razón estimarse a sí misma (es una persona integrada afectivamente).
  • Asume el desafío de decidir discerniendo aquello que puede realizarlo a él más por, con y para los demás porque responde mejor a los desafíos para que el mundo sea más humano. Se arriesga a hacer opciones éticas y no solo morales (es una persona libre)
  • Dialoga, interactúa, vive la existencia como una corresponsabilidad de ser más por, con y para los demás. Sabe que sin los otros su yo no sería sino un famélico fantasma; pero que reducido a los demás, sería un ser vacío. Se vive colaborativamente para construir una identidad robusta, pero abierta a los demás y al mundo (es una persona solidaria).
  • Arriesga sus posibilidades, porque aunque vive entrañablemente su aquí y ahora, sabe que ser humanos es trascender, ir más allá, no detenerse, no quedarse atrapado en el pasado o en la inmovilidad del presente, pues logra construir sentidos últimos de vida (es una persona abierta a la trascendencia).

En resumen, la persona educada es autónoma en la apertura de relacionarse consigo, con los demás, con el mundo (Las cuatro C de una educación pertinente para nuestro tiempo). Y llegar a ella no sucede solo por asistir a clases, acreditar asignaturas, cumplir los requisitos de vestimenta, "buena conducta" y obtener calificaciones y grados académicos  que engalanan las egotecas familiares. Y a eso se refiere la calidad educativa (Hablemos de calidad educativa)

El Día Internacional de la Educación, instaurado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 6 de diciembre de 2018, para que en esa efeméride mujeres y hombres de todo el mundo nos demos la oportunidad de volver mente y corazón al sentido y significado del derecho humano a la educación, que es motor de paz y desarrollo humano integral. ¡Pero se trata del derecho a una educación de calidad!

En el nivel más elemental y según datos de la UNESCO, hay en el mundo 244 millones de niños y jóvenes sin escolarizar y 771 millones de adultos analfabetos (https://www.unesco.org/es/days/education) sin contar los enormes porcentajes de personas que al final de su educación básica no pueden lidiar con el mundo por carecer de competencia matemática y lingüística... (Analfabetismo e incompetencia comunicativa). La SEP en su Estrategia Nacional para Promover Trayectoria Educativas Completas, Continuas y de Excelencia, habla que en 2017 había niveles mayores al 64.5 y 33.8% de carencia de logro educativo en matemáticas y lenguaje y comunicación en alumnos de tercero de secundaria (Estrategia Nacional para Promover Trayectorias Educativas Completas, Continuas y de Excelencia)

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

En el nivel de ciudadanía, a la que tiende la teleología educativa, la convivencia pacífica sigue presentándose con un reto y ella supone el aprendizaje del manejo emocional, la capacidad de dialogar, de tomar y evaluar acuerdos, de decidir aquello que es necesario para lograr lo más cercano a lo que pudiera ser considerado bien común. 

La salud física, social, ecológica son deudas pendientes, las personas no estamos preparadas para entendernos, atendernos, prevenir y potenciar estilos de vida saludable. Esto tiene enormes costos individuales, familiares, sociales.

En fin; parece que el punto está establecido... La educación reducida a dar clasecitas, a dar los temarios que alguien más designa, a utilizar sin más los libros de texto que otros escriben, a consumir los contenidos de las plataformas tecnológicas que alguien más diseña y que pierde de vista la formación integral de las personas capaces de encargarse de sí por, con y para los demás al tiempo que se encargan de humanizarse humanizando el mundo, no garantiza el derecho a la educación. 

Puede resonarnos el lema 2023 del Día Internacional de la Educación: Invertir en las personas: priorizar la educación, es una buena invitación a vernos como diseñadores e instrumentadores de procesos educativos en las que el fruto del acompañamiento entre los seres humanos sea que realmente se pueda ser protagonistas de la propia vida, cocreadores de un mundo digno. Y en ese llamado humanizante todos tenemos cabida: padres, educadores, administradores educativos, dueños de escuelas, autoridades oficiales y, por supuesto, todos los educandos.


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martes, 28 de abril de 2020

COVID-19, EDUCACIÓN Y DESIGUALDAD HISTÓRICA

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y estilo: Socorro Romero Vargas

Hace más de un año, cuando la pandemia del coronavirus comenzaba, Sarah Banderas publicó el artículo adjunto. 
                Hoy han cambiado las cosas. Ya se habla con mayor conocimiento del desenvolvimiento del virus, de algunas de sus variantes, de cómo podemos retornar a los trabajos, a la escuela.
              En este último ámbito se habla de clases híbridas -con la consiguiente adquisición de equipos tecnológicos que no son baratos por parte de las escuelas- en las que los profesores podrán atender a los estudiantes simultáneamente en dos formatos: presencial y en línea.
               La hipótesis es que esta modalidad permitirá el retorno paulatino, el acompañamiento socioemocional que requieren los estudiantes, recuperar algo de la calidad académica que se supone que se ha ido perdiendo a lo largo de 16 meses en los que la escolarización como la conocemos hasta el momento se ha visto afectada.
               Creo que muy poco se habla de cómo el retorno con esta modalidad seguirá abriendo la brecha en el acceso a la educación. Ni todas las escuelas particulares podrán afrontar los compromisos económicos que supone dar este paso, porque además de la adquisición de herramientas tecnológicas hay que invertir en capacitación; ni muchas de las escuelas públicas.
              Grupos muy pequeños de niños, adolescentes y jóvenes podrán seguir en su crecimiento educativo y académico, mientras que una inmensa mayoría tendrá lo que se pueda. La desigualdad histórica no está siendo paliada.
                La educación -escolarizada o no- es fruto de un pacto social al que todos estamos llamados, desde donde nos juguemos la vida. Las consecuencias de la apertura de la brecha que supone la disparidad que la pandemia ha supuesto en término de acceso tecnológico y escolar todavía no son del todo previsibles, pero existirán y nos interpelarán. 
                Ni las escuelas ni las familias por sí solas podrán navegar en el empeño de justicia que supone acortar las distancias necesarias para que el derecho universal a una educación de calidad sea posible: ¿estamos y estaremos dispuestos a asumir solidariamente esta causa como nuestra? ¿Podremos asumir las responsabilidades ante la desigualdad educativa que se ha generado por la dinámica social provocada por la pandemia del coronavirus?
               En el contexto de estas reflexiones, el texto actualizado sigue siendo vigente. Te invito a leerlo.

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Tras la larguísima pausa vacacional de Semana Santa del 2020, cuando nos sorprendió la pandemia, los estudiantes en México "regresaron a clases" en plena crisis sanitaria mundial por el Covid-19. Desde entonces en mi mente desfilan dos tipos de imágenes totalmente contradictorias, portadoras de dimensiones de la realidad totalmente escindidas.
               Por una parte, están mis amigos, los exalumnos de las licenciaturas y posgrados educativos en los que he trabajado. Ellas y ellos se esfuerzan por cumplir su función docente en línea. Algunos de ellos tienen estudiantes muy afortunados: pueden participar en videoclases a través de alguna de las plataformas que hoy se han puesto de moda para ello; son alumnos de instituciones que tienen recursos tecnológicos para apoyar en línea los cursos que imparten.
              Por otra parte veo grupos de padres de familia que tratan de organizarse por WhatsApp, preocupados por la acreditación escolar de sus hijos, sin mayor apoyo que un documento de word con instrucciones para que el estudiante y sus progenitores trabajen en casa y lleven a la escuela una carpeta cuando sea posible volver a ella, llena de "evidencias" de aprendizaje (de cuya tiranía hemos hablado en https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/04/la-tirania-de-las-evidencias.html), y cuyos autores no recibirán retroalimentación alguna ni al producto, ni al proceso; mucho menos podrá ser constatado si aprendieron, más allá del examen que hagan.

             Hay, sin embargo, muchos, muchísimos estudiantes más que no tienen acceso a señal de internet, a datos de telefonía celular, algunos ni siquiera a energía eléctrica, cuyos profesores simplemente dejaron de laborar desde marzo y hasta que se pueda. Para estos chicos no hay igualdad de oportunidades y el derecho a la educación (escolarización, pues) les queda al menos "abollado".
              En estas cavilaciones me encontraba, cuando mi amiga Sarah Banderas me compartió su más reciente publicación, en Este país, el 27 de abril pasado (o sea, solo ayer, cuando yo escribo). El título de su artículo da en el blanco: "El Covid-19 y el derecho a la educación: la herida histórica de la desigualdad".
              La académica, tras plantearse si la improvisada y atropellada puesta en marcha de una educación en línea "de a como se vaya pudiendo" que supuso la entrada en vigor de las medidas para palear la crisis sanitaria del coronavirus, permite a los mexicanos en igualdad de condiciones concluir el ciclo escolar, nos da las cifras del INEGI sobre la tecnología en los hogares. El panorama es claro: hay un porcentaje de casi un tercio de la población que quedará fuera de la jugada.
              La autora contempla no solo  la exclusión por motivos de acceso tecnológicos, también de apoyo en casa: no contarán con una persona cercana que pueda orientarlos para sacar provecho de la televisión durante el #aprendeencasa, el apoyo para manejar libros de texto y actividades de aprendizaje será mínimo. Serán niños, adolescentes y jóvenes posiblemente ocupados, pero sin ganancia efectiva de cara a los planes y programas de estudio.
               Así, nos encontramos frente a la incapacidad real del gobierno de cumplir el mandato constitucional de ofrecer educación para todos y la realidad de que el sistema económico nos escinde socialmente, deja un saldo de excluidos, marginados de los que habrá que hacernos cargo.
              El artículo de Sarah Banderas a mí me deja en claro que la descolarización que producirá la desigualdad socioeconómica solo podrá ser afrontada si los ciudadanos desatamos mecanismos de solidaridad, estrategias que vayan más allá de las cuatro paredes del aula en las veinte horas semanales de clase (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/04/ser-para-los-demas-en-tiempos-del-covid.html). No cabe duda: es tiempo de dar nuestro aporte para construir un mundo con mayores oportunidades para un mínimo de igualdad...

Queda el vínculo para el texto original del artículo: https://estepais.com/tendencias_y_opiniones/el-covid-19-y-el-derecho-a-la-educacion-la-herida-historica-de-la-desigualdad/




Actualización: 31 de julio de 2021

           

lunes, 20 de abril de 2009

Promover es más que informar

Este texto aparecerá publicado en Síntesis, periódico de Puebla, Tlaxcala e Hidalgo en la semana que va del 20 al 24 de abril de 2009.

La semana pasada de entre más de 1500 niños de Tlaxcala fue elegida la difusora de derechos de los niños del Estado.

Se hicieron elecciones regionales entre los niños. Pequeños y pequeñas vivieron un proceso democrático que culminó estatalmente el jueves 16 con un debate y votación en casillas, con listas nominales y toda la estructura que les proporcionó el instituto electoral de su Estado.

Pensé en lo lejos que estamos de los tiempos en los cuales fui niño y en los que no oímos hablar de que había derechos infantiles, ni que debíamos participar en las localidades en que vivimos, ni que nuestras familias nos deberían dan un ambiente para un crecimiento integral. Nuestro mundo era de adultos.

Ver a niños manejando información sobre sus derechos me pareció alentador. Pienso que falta mucho para que impere una cultura en pro de los derechos humanos.

La violencia intrafamiliar es alarmante, las decisiones en los niveles de gobierno siguen siendo en gran medida autoritarias, la apatía política cunde, las instituciones en general cometen atropellos hacia los ciudadanos: la lista es interminable. En mucho pareciera que el mismo estado que difunde esta información termina conculcando muchas de nuestras posibilidades de ser humanos, porque prioriza al mercado, al poder, a sus propias instituciones.

Promover los derechos humanos, comenzando por los infantiles, es mucho más que dar información sobre ellos. Se requieren acciones que nos hagan vivir desde ya de una forma más humana, valga la redundancia.

Las organizaciones de la sociedad civil están haciendo un fuerte trabajo. No es suficiente. Pongo como ejemplo a las escuelas:

Creo que las instituciones educativas no están haciendo todo lo que les toca, porque si bien informan de estos temas a sus alumnos, realizan su práctica pedagógica en formas realmente contradictorias: estudiantes y profesores, en general, no tienen voz real en ningún tipo de toma de decisiones, no existen organismos colegiados que representen los intereses de todos los involucrados, las reglamentaciones suelen ser casi decorativas. Para que su discurso sea creíble es necesario que se estructuren para vivir conforme a eso que pregonan. Podría decirse lo mismo de la familia, incluso de las empresas, que hoy dicen articularse en torno a su capital humano.

Hemos caminado dando información, pero falta mucho por hacer a fin de movernos en pro de un México más conforme a los derechos humanos. ¿Cómo reinventar las formas en que convivimos para que no existamos en la esquizofrenia de decir unas cosas y actuar de manera divorciada?