Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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jueves, 25 de noviembre de 2021

Médic@s: resistencia y esperanza. Sentipensares a partir de la Covid

 Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Foto: Nancy Morales
El cierre del primer quinto del siglo XX nos tomó a todos por sorpresa. Entre enero y febrero  de 2020 llegaba información confusa -para todos- de que una neumonía diferente, "rara" estaba resultando muy contagiosa en China. Poco a poco se fue sabiendo de la existencia de casos de la misma fuera de aquel país asiático.
           El 11 de marzo de ese año, "profundamente preocupada por los alarmantes niveles de propagación de la enfermedad y por su gravedad, y por los niveles también alarmantes de inacción, la OMS determina en su evaluación que la COVID-19 puede caracterizarse como una pandemia."
          Así fue como en todo el mundo entramos en un estado desconocido, marcado por la incertidumbre, incluso el miedo. Por primera vez las generaciones que convivimos fuimos parte del detenerse de casi toda dinámica social como la habíamos conocido. Se nos pidió confinarnos, detener la actividad laboral, escolar, las visitas a amistades y las salidas sociales; como nunca, tuvimos que estar pendientes de las indicaciones de las autoridades.

miércoles, 11 de agosto de 2021

No todos vamos en el mismo barco: reflexiones sobre justicia social y retorno a las escuelas en medio de la Covid-19

 Autora: Ila Kuri 


Creo que la decisión de enviar o no a los niños y jóvenes a clases presenciales, dependerá, una vez más, del nivel socieconómico de las familias. 
           Me explico:
          Surtía mi despensa en el supermercado, y mientras elegía las verduras, escuché la conversación de cuatro empleadas. La de panadería preguntó a las otras si llevarían a sus criaturas a clases el 30. La de frutas dijo que sí porque “tenía 3 y ¿a qué horas gano para tanto aparato, y pago de internet de las clases en línea”; la de carnes dijo que también porque, aunque nomás tenía dos, ella y su esposo trabajaban “y eso de vigilar las clases y las tareas, no se puede”; la de salchichonería no dijo número de hijos, pero sí aseguró que los llevaría a clases y la de panadería remató diciendo “yo tengo cuatro ¿Cómo los sigo encerrando si me vengo a trabajar? Se van a la escuela”.

viernes, 9 de julio de 2021

Docencia en modalidad híbrida: experiencia, reflexiones, desafíos

Autora: Luz María Padilla Castillo. Si quieres conocer de la autora, haz click aquí

Lucy compartió en su biografía de Facebook una publicación que me pareció entrañable y me provocó reflexionar sobre lo que se viene en el afán de ofrecer la mejor alternativa didáctica posible a los estudiantes de las escuelas. Que disfruten sus letras.

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Desde hace tiempo he comentado, que la modalidad donde se tiene la mitad del grupo presencial y la mitad del grupo virtual (como en los grupos de posgrados por videoconferencia en UPAEP), es la más difícil de gestionar y los logros de aprendizaje no siempre son fáciles de alcanzar en dos entornos totalmente diferentes. La inercia te lleva a prestar más atención a los alumnos que tienes en el salón y la comunicación e interacción con los que están en casa, no siempre es efectiva. Y eso que en los grupos de posgrados se cuentan con salones equipados con tecnología de punta y los alumnos son adultos.

Hoy, aceptando la invitación de la Prepa UPAEP Santiago, participé impartiendo una "clase muestra" para profesores, en la modalidad "híbrida (diferenciada)" que se utilizará a partir del mes de Agosto.

¡WOW! ¡Si qué fue difícil! ¡40 años de ser docente y dar clases en diferentes niveles y modalidades educativas, y me sentí una novata!

Son muchos los factores que hay considerar.

Lo primero, es que quise que la sesión fuera muy "activa" y la planeación de actividades quedó sobrada. El tiempo perdió su dimensión por completo. No coincidió lo planeado con lo real, las instrucciones requirieron doble explicación y la diferencia de recursos donde los docentes trabajaron (papel, celular, computadora) marcó tiempos diferentes.

Otra dificultad fue mantener la atención de unos y otros, un maestro sabe perfectamente cuando "tiene al grupo" y cuando no lo tiene. 

Se sumó también la dificultad de dar clase con cubrebocas.  Sentía que me faltaba el aire, trataba de respirar hasta por la piel ja ja ja. Sentía como cuando subes escaleras muy rápido y te falta aire. Ahora sé que para dar estas clases tengo que ponerme en forma en el Gym de inmediato.

Pero gracias a Dios también hubo cosas muy buenas en la sesión. Primero, que la institución, cuenta con tecnología suficiente y efectiva. Computadora con red alámbrica que permitió una conectividad estable; doble pantalla que me permitía ver a los estudiantes en línea y los materiales compartidos. Un micrófono 360 grados que nos permitió escucharnos perfectamente a todos, de forma clara y con suficiente volumen.

También nos permitió a todos revisar y comentar los desafíos a enfrentar, las modificaciones en las prácticas de enseñanza y evaluación, estrategias didácticas que podrían ayudar y los lineamientos a implementar para cada grupo.

Surgieron ideas buenísimas,  acompañadas de una gran entusiasmo y compromiso de los maestros. ¡Soy su fan!

Viene un tiempo rudo, tan complejo como cuando empezó la pandemia y los maestros tuvieron que ingeniárselas para dar clases a distancia.  Y salieron adelante y lo hicieron muy bien. Ese tiempo les sirvió de entrenamiento para esta nueva fase. El dominio de la tecnología es un reto superado.

Siento que no fue mucho lo que pude aportar,  pero me alegro mucho que me permitieran compartir y acompañarlos en esta experiencia que a partir de agosto será histórica. Nuevamente los maestros, dando testimonio de vocación y servicio al abrir las escuelas.

No hay más teoría que compartir, ni lecturas que recomendar. Lo que sigue es pararse al frente y ¡comenzar! La práctica de cada día, la experiencia real, experimentar en el salón de clases es lo que irá marcando los ajustes necesarios para que nuestros muchachos, sigan aprendiendo.

¡Un abrazo y mi reconocimiento sincero a cada docente en el mundo, que darán clases híbridas en el nuevo ciclo escolar!

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lunes, 28 de junio de 2021

¿Tiene sentido volver a la escuela? ¿Es esa la pregunta pertinente?

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Termina el ciclo escolar 2020-2021. Lo vivimos en distanciamiento social provocado por la pandemia del coronavirus, estudiantes y profesores en nuestras casas, sobreviviendo cada uno a su modo.
              Después de 16 meses de estar fuera de las aulas ha surgido por todos lados la pregunta: ¿volveremos a las escuelas para el nuevo ciclo? Y ante ello las opiniones se dividen. Hay quienes opinan que no hay condiciones de salud, otros que hay que hacerlo en un sistema híbrido que permita la distancia que recomiendan las autoridades y la aplicación de doble o triple filtro de entrada, para contener los contagios que supone que el coronavirus vaya dejando de ser pandemia para convertirse en endemia.
                A mi parecer antes de preguntarnos si hay que volver a las aulas hay que hacerse una pregunta pertinente: ¿para que ir a las escuelas?
               Puede parecer una pregunta obvia, trivial, irrelevante, pero no lo es... 

miércoles, 3 de febrero de 2021

Para vivir: ¡Mirar a la muerte a los ojos! Reflexiones para tiempos de incertidumbre

 Autor: José Rafael de Regil Vélez
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

No he podido evitarlo. Con mucha frecuencia a mi alrededor veo personas con miedo, que han detenido sus vidas... y no me refiero a que se hayan vuelto prudentes, cuidadosas porque vivimos en tiempos de pandemia, con un virus cuyos efectos en el organismo no terminamos de comprender y mucho menos de estar en capacidad de enfrentar como hacemos con otras enfermedades.
           Me refiero a que han paralizado sus vidas, se han encerrado a cal y canto, viven estresadas, angustiadas porque la muerte las ronda. Parece que se han vaciado de vida. Y pienso: ¿cómo es que hemos llegado a esto?
          Hace tan solo un siglo las personas convivían con la muerte como algo cotidiano. La mortandad infantil era alta, pero también la juvenil. El INEGi señala que la expectativa de vida en el país en 1930 era de 35 años para las mujeres y de 33 para los hombres... Y ya estaban pasando los difíciles años de la revolución y los levantamientos armados, escaramuzas, asaltos y muerte violenta que trajeron consigo.
          Desnutrición, falta de higiene, todo tipo de violencia, las enfermedades (incluso lo que hoy nos parecen leves infecciones); no se diga las epidemias: todo hablaba de que los seres humanos somos vulnerables, que podemos perder la vida entera o parte en cualquier momento. 

martes, 10 de noviembre de 2020

En busca del equilibrio (posiblemente) perdido

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor haz click aquí.
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

Muchas personas en nuestro país y el mundo han visto revolucionada su vida diaria a raíz de las medidas de aislamiento que trajo consigo la pandemia: trabajo en casa, clases en casa, ejercicio en casa... Para algunas ha sido oportunidad de reconstituirse como personas, como familia. Pero me atrevo a decir que para muchas más ha supuesto en enorme desequilibrio.
    Mucha tinta se ha gastado ya en señalar que las cargas de actividad laboral y estudiantil han aumentado a niveles a veces francamente ridículos. El gremio magisterial -con el cual tengo más contacto- de repente tuvo que estar disponible desde muy temprano en la mañana hasta entrada la noche para atender a padres de familia, directivos escolares e irónicamente hasta a sus alumnos.

    Apareció el culto a las evidencias de aprendizaje y por una variedad de causas se volvió una tiranía: estudiantes, padres de familia y profesores comenzaron a vivir para hacer "trabajos y tareas", para calificarlos y con ello llenar los ojos de las autoridades que parecieron partir del hecho de que había que desconfiar de educandos y educadores por lo que decidieron cargarlos de trabajo.
    En mi entorno poco a poco ha crecido el número de papás que se cuestionan si no hubiera sido mejor dejar pasar el ciclo escolar, hasta que la escolarización estuviera mejor equilibrada, bien sea por el control de la pandemia o el de la modalidad de trabajo en casa. Atisban que la dinámica de las personas y sus familias amenaza su salud física y emocional, pone en riesgo el bienestar.
    Creo que algo parecido ha sucedido en otros oficios y profesiones, incluso alguna reflexión ya he publicado al respecto (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/06/el-trabajo-en-casa-nuevo-rostro-del.html): el trabajo en casa se presentó como un canto de las sirenas ante el cual si se sucumbe termina uno devorado por algo que -tal vez- no sea lo más importante de la vida.
    Hay que buscar el equilibrio que parece estársenos perdiendo. Ingeniárselas para que en caso de que se hayan diluido sean recuperados los momentos para el descanso, para la convivencia con los amigos, para la activación física: el uso placentero del tiempo que no re-crea, nos reconstituye (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/07/actividad-fisica-re-creacion-y-descanso.html).
    Para ello es importante relativizar el valor que se ha dado a la febril actividad laboral, a la demandante dinámica escolar. Como señalaba a tres meses de desatadas las medidas frente a la pandemia: dialogar con los jefes, con los clientes, con la familia y llegar a acuerdos que permitan que aunque el trabajo sea en casa tenga límites más claros que, al fin y al cabo, redundarán en un mejor rendimiento de cada persona en lo laboral, lo familiar, lo personal e incluso lo social.
    Se trata de poner en un lugar privilegiado del conjunto de las cosas que valoramos al bien-estar que permite el bien-vivir y desde ellos decidir cómo articular nuestro día a día. Y solo lo haremos si nos sabemos, sentimos y vivimos como protagonistas de lo que acontece en nuestra existencia y no como meros objetos a merced del uso que quieran darle los jefes, los clientes, los directivos, los profesores e incluso nuestros malsanos impulsos de refugiarnos en el trabajo para no vivir las demás dimensiones de nuestra existencia. Se trata de desarticular el desequilibrio, que no es sino un desorden establecido que se disfraza de algo "normal" para estos tiempos, pero que termina siendo deshumanizante. ¿Tarea difícil? Por supuesto; ¿imposible? De ninguna manera.


lunes, 2 de noviembre de 2020

Líderes que en tiempo de crisis reimaginan el futuro

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

Es un hecho no exagerado: la pandemia que ha provocado el coronavirus ha tomado a todas las personas del mundo por sorpresa. En todos los ámbitos muchas personas han debido pasar de la incredulidad y el desconcierto a irse volviendo dueños de sus ámbitos y, de alguna manera, sentirse corresponsables de lo que socialmente pueda suceder ahora y en el futuro mediato.
          Personal del área de la salud, políticos, comerciantes, empresarios, tanto en la vida profesional como en sus casas  han tenido que observar lo que sucede, armarse contra el miedo y dar pasos para que la vida continúe.

sábado, 1 de agosto de 2020

A propósito del Principio y Fundamento en tiempos de confinamiento

Autor: José Antonio Brito Solís. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y corrección: Socorro Romero Vargas

Ignacio de Loyola, vasco del siglo XVI, fue un profundo conocedor de lo humano. Cayó en cuenta muy pronto de que la vida de las personas se articula en torno a un núcleo, que él denomina un Principio y Fundamento, del que depende qué cosas y en qué forma uno priorizará para vivir. Si, por ejemplo, el principio y fundamento de mi vida es un puesto laboral todo lo demás lo voy a supeditar a eso que me articula; renunciaré a lo que me aleja de él y buscaré lo que me acerca a él... 
Por ello para Ignacio y quienes todavía cinco siglos después encuentran inspiración en su experiencia, la primera pregunta importante de la vida es: ¿qué puede valer suficientemente la pena en mi vida para que todo gire en torno a ello: cuál es mi principio y fundamento? Con una respuesta a ella en mente y corazón será más fácil saber lo importante y lo no importante en la propia vida.
Toño Brito, colaborador de estos Apuntes en el Camino, nos comparte una reflexión sobre cómo el confinamiento al que nos ha llevado la pandemia del coronavirus puede ser una oportunidad para "dejar ir" todo aquello que es superfluo o estorba al principio y fundamento y apuntalar lo que a él nos acerque. 

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Ignacio de Loyola al habla


Un vistazo a la obra de Ignacio de Loyola nos permite ver que para él el ser humano vive en un proceso permanente de autodescubrimiento. Nunca está acabado. Todo el tiempo aprende, crece, madura, evoluciona y tiene siempre la posibilidad de reconstruirse, es alguien inacabado. Está en constante hacer para ser y encuentra en la libertad el respiro que le da vida y le permite conocerse desde sus diversas dimensiones.

          La libertad buscada la va encontrando en la medida que se desprende de lo que lo limita y lo ata. Ideas y prácticas que precisamente muchas veces lo aprisionan y lo mantienen confundido sobre lo que realmente quiere y desea alcanzar. 

          Una manera de comprender esta percepción del ser humano puede ser desde la Espiritualidad Ignaciana. En el número 25 del texto de los Ejercicios Espirituales Ignacio de Loyola hace un planteamiento que nos ayuda a identificar la recuperación de la libertad, a través del Principio y fundamento, al que puede entendérsele como un sentido originario y originante que da significado a nuestra vida. Leamos para después reflexionar sobre ello en relación a la libertad y la experiencia del confinamiento que en este tiempo estamos teniendo por la pandemia.

 El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante eso, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es criado.

De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, cuanto para ello le impiden.

Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin para que somos criados.

domingo, 26 de julio de 2020

¿Qué y cómo esperar del futuro? Apuntes sobre esperanza en tiempos oscuros

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Tiempo para la esperanza


Es indudable. Hay muchas situaciones en la vida en la que las cosas nos resultan adversas, desconcertantes, amenazantes. Ante ellas confrontamos nuestra vulnerabilidad y de alguna manera nos invaden el miedo, la falta de certeza, la pérdida de las seguridades.
          Cuando ante el tastabilleo del presente pensamos en lo que sigue, lo que vendrá, hay una sensación de incertidumbre, de un futuro deseado "como antes" que no sabremos si vendrá y uno impensado que seguramente será el que vaya llegando, día a día, pero que nos atemoriza.
          Como todo proceso que se da en claroscuros podemos quedarnos inmóviles, desconcertados. También podemos echar mano del patrimonio de la espiritualidad y armarnos de esperanza, la seguridad de que un futuro con oportunidades humanizantes llegará. 
          Esperanza pasiva llaman algunos a la que se espera tratando sin más de acomodarse a las cosas como se presentan. Me parece a mí que es la que se produce cuando se vive la espiritualidad como algo separado de lo cotidiano, del lugar donde las personas tenemos que interactuar para concretar posibilidades vitales.
           Esperanza activa es la que se construye con un horizonte espiritual -que preña el futuro de posibilidades humanas- y una praxis sociopolítica en el que se trenzan lo fáctico con lo posible; lo dado con lo dándose y por darse.

Esperar integralmente

Hace algunos días me invitaron a un taller de esperanza activa, inspirado en la propuesta de Joanna Macy y Chris Johnstone, quienes en 2012 publicaron su propuesta / experiencia en el libro Esperanza activa. Cómo enfrentar el desastre mundial sin volvernos locos. El enfoque me parece práctico y aplicable en todas las esferas de nuestra vida. Lo comento brevemente.
           La Esperanza, cuando es totalmente externa al sujeto, se vuelve pasiva, como se ha dicho anteriormente. Depende de un ente como Dios o de la configuración del mundo que actúa independientemente de nosotros.
          Una visión más integral parte de que si bien hay muchas cosas que están por encima de nuestros afanes y voluntad, la suma total de las cosas nos incluye, porque somos fracción de ellas y una fracción que puede comprometerse no solo con el reino de las cosas tal y cual suceden; sino también con el de las cosas que pueden suceder y ante las cuales nos comprometemos para apostar a que sucedan.
           En la esperanza activa las personas podemos dialogar con la realidad y encargarnos de ella mientras nos carga porque ante escenarios oscuros entrevemos algo de luz y nos disponemos individual y comunitariamente a caminar hacia ella, sin perder de vista que la dualidad luz-oscuridad allí estará siempre.
           Me gusta el enfoque de la espiral del trabajo que reconecta de Macy y Johnstone y que presenta en Miguel González Martín en un texto de mayo del 2020 del blog jesuita Cristianisme i Justicia (si quieres leerlo, haz click aquí).
           Es posible ensayar creativamente soluciones posibles para las situaciones que se nos presentan -como la pandemia del Coronavirus y las consecuencias que conlleva- con cuatro acciones que no son linealmente rectas, sino simbólicamente espirales, como indicando la procesualidad de crecimiento humanizante que potencian.

Andar el camino  de la esperanza

https://wiccareencarnada.net/
Todo comienza -en primer lugar- con el agradecimiento, esta disposición que nos lleva a ver incluso en lo más oscuro la presencia de lo luminoso; es decir, incluso en la situación más desfavorable para el crecimiento humano es posible con mirada agradecida encontrar posibilidades para ser más, para ser por, con y para los demás, para humanizar el mundo y mundanizar lo humano (puedes leer este texto: 
Agradecimiento y esperanza). 
           Agradecer construye una perspectiva emocional e intelectiva de bien ser y bien estar que se vuelven la base para confiar en que si ya ha sido posible, podrá volver a serlo y que bien vale la pena trabajar por ello.
          En un segundo momento (que en realidad en la temporalidad es prácticamente simultáneo) hay que honrar nuestro dolor. Esto significa que hay un compromiso de no darle la palabra definitiva, esa que paraliza, que hace parecer que es real la existencia de la oscuridad total. 
          Darle la cara al dolor, nombrarlo en su origen y en su forma lo relativiza. Convierte las figuras de apariencia gigante en situaciones reales, ni más ni menos grandes e importantes de lo que son. Las ubica en el conjunto de las cosas, las pone en perspectiva. Permite ver que en situaciones dolorosas anteriores todo terminó pasando, porque no hubo mal que durara cien años ni cuerpo que lo resistiera.
          Y así, honrando el dolor es como lo inmovilizante se convierte en energía para el cambio, pone a las personas en el flujo de la historia y no en su contra, disponiéndole para seguir avanzando en la espiral del trabajo que nos reconecta con nosotros, los demás y lo demás.
           Si se quiere avanzar en el compromiso esperanzado, es necesaria una tercera acción: ver con ojos nuevos que significa varias cosas, pero nunca seguir mirando con ojos de caos y de destino malogrado lo que vivimos. Hay que dejar la visión limitante del "así son las cosas, ¿qué le vamos a hacer?"
           La visión de la esperanza es holística, mira la interconexión de las personas, las situaciones, las cosas y los sitúa en su horizonte más amplio, lo que genera una mirada del poder en la cual las personas también son protagonistas y no solo los acontecimientos (no cabe el fatalismo, solo el realismo de que la existencia no se reduce ni a lo que es la persona ni a lo que no es). Se deja atrás la vivencia del poder sobre (en cualquiera de sus dos vías el poder sobre mí o el poder que yo tengo sobre algo) para entrar en la dimensión sinérgica del poder con en el que el tiempo también es mirado ampliamente. 
           Cuando estamos desesperanzados y desesperados miramos las cosas de manera muy inmediata, sintiéndonos impotentes ante algo tan puntual. Una vez que nos esperanzamos vemos nuestro poder porque vemos que lo vivido procede de un pasado que lo fue acunando y no termina en el presente, pues se prolonga hacia adelante, con nosotros e incluso más allá de nosotros.
           Llegados a este punto, entramos en el cuarto escenario de la espiral: nos ponemos en camino, pues el agradecimiento, enfrentar el dolor generando una visión distinta de la realidad y nuestros procesos en ella nos han mostrado que mientras hay senda hay futuro, posibilidades, nuevos lugares a los cuales llegar.
          Los nuevos ojos nos han mostrado las cosas como son, pero también como entrevemos que pueden ser y la única manera de hacerlas viables es avanzar en su construcción, que si bien se concreta en la carne y los huesos de cada individuo, se vuelve obra en la comunitariedad, en la cual se comparten el desánimo y el ánimo, las incertidumbres y las certezas, la soledad de la espera con la comunión de la celebración de lo venido y lo porvenir. Es en comunidad que las frustraciones son solo notas del camino, pero no la melodía completa.
           Domingo Savio -adolescente del colegio de Juan Bosco a mediados del siglo XIX- hablaba de que la santidad consistía en estar siempre alegres. Y es que el gozo interior brota del saber con los sentidos, la mente y el corazón que cosas buenas están sucediendo, así que vale la pena continuar la senda. Es una especie de motor y brújula, pues si el desánimo cunde, en algún momento de la espiral estamos extraviados.

La dimensión socio-política de la esperanza

Proveniente del mundo de la espiritualidad -que solo cuando es inauténtica pertenece al más allá- se convierte en un compromiso con el más acá, desmintiendo al menos en parte la visión de que lo espiritual va en detrimento de lo material.
          Cuando se vive la unidad de lo humano y lo que humaniza se entiende que la esperanza lleva a un compromiso social y político. Nos convertimos en personas con el poder suficiente como para negociar con otros las acciones que hay que realizar para que lo incierto, "el caos" social no nos fagocite; para pasar de ser espectadores a ser protagonistas; de estar en las gradas a vivir a nivel de cancha. Y es que somos seres que nos construimos en la solidaridad y esta se concreta en la participación política (puedes consultar este texto sobre la dimensión antropológica de la solidaridad haciendo click aquí y sobre la politicidad de la existencia humana que se mal logra en el individualismo del idiota, el despreocupado de los asuntos de la polis, como lo llamaban los antiguos griegos. Haz click aquí)
          Soy consciente: los ciudadanos de final del siglo XX y los primeros lustros del siglo XXI podemos estar hartos de la política y de los políticos y hablar de la dimensión socio-política de la esperanza puede sonar anacrónico, inviable o manipulador para el beneficio de unos cuantos. Nos hemos llenado la boca para hablar del mundo fracasado que nos ha tocado vivir por la ineficiencia de la política. Pero justo este es de los puntos ante los que hay que generar una visión renovada.
          En el difícil terreno de la interacción de las personas y su circunstancia para construir posibilidades humanizantes hay que avanzar espiralmente, como se ha dicho: agradecer lo mucho que hay caminado (es muchísimo si se le mira humildemente como exige ser realista) sabiendo que lo doloroso en algún lugar ofrece oportunidades que se descubren miradas las cosas de otra manera hasta asumirlas al andar caminos renovados o incluso nuevos.
           Sociopolítica no es magnificencia, sino pequeñez; no es soberbia, sino humildad. La suma de las interacciones es de muchísima humanización que se construyó un paso a la vez, sin prisa, sin pausa, como todo lo que en realidad va logrando el compromiso ciudadano cuando se enfrenta a los problemas cotidianos y también a los extraordinarios. La concreción sociopolítica de la esperanza es un andar que suma, especialmente cuando parece que todo a nuestro alrededor resta.
         


domingo, 12 de julio de 2020

Cuando la realidad nos cachetea: crisis, oportunidades y esperanza

Autor: Guillermo Santos de Alba

Edición y corrección: Socorro Romero

Guillermo Santos de Alba es filósofo y acompañante del desarrollo humano. Desde la trinchera en la que acompaña a los suyos reflexiona sobre las oportunidades de resignificación que abre la realidad que se vive en los tiempos de la pandemia en la que se ha padecido la irrupción del coronavirus en la vida de una humanidad que pese a todo sigue siendo vulnerable.

Volver los ojos y la reflexión hacia sí, los demás y el mundo para resignificarnos es una oportunidad única, generadora de esperanza... ¿la tomaremos o la dejaremos pasar? 

Compartimos este texto en nuestros primeros apuntes, deseando que las colaboraciones de Guillermo se vuelvan habituales en los Apuntes en el camino.

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De un momento a otro la cotidianeidad cambió, un virus vino a mostrarnos nuestras vulnerabilidades como humanidad dejándonos en riesgo y expuestos. Como diría el filósofo Xavier Zubiri, la realidad nos cacheteó y de una manera más fuerte a la que normalmente estamos acostumbrados.

Estamos frente a una crisis que se ha manifestado por el cambio en la relación con los otros, una variación que nos llevó a trasladarnos a una pantalla y a la red, lo cual ha traído una serie de retos que nos lleva a preguntarnos sobre ¿qué es lo que realmente importa?, ¿cuál es la mejor manera para comunicarme con otros?, ¿cuáles son las medidas convenientes para la sana distancia?, ¿cómo han cambiado las relaciones personales?, ¿qué sucede con nuestra relación con los otros y con nosotros mismos? 

Y es aquí donde la angustia y ansiedad comienzan a ser un peso para que la balanza se incline hacia la desesperación y las inseguridades de las personas, aunado a esto, si le agregamos que estamos en una cultura donde lo más común es mirar para fuera, nos lleva a poner la cereza al pastel.

La pandemia nos ha sitiado de frente al futuro, haciendo que volvamos la mirada a aquello que realmente importa, lo que nos hace humanos y que, con el paso del tiempo, las prisas y la cotidianidad se nos olvida que está ahí.

Estamos ante la oportunidad de construir un futuro que recupere lo que se ha perdido en esta época, donde vale más una marca que la persona; donde eres visto en su mayoría de las cosas por lo que se tiene o se consume que por lo que es, haciendo imágenes idílicas de lo que la “felicidad” resulta a través del consumo de objetos, personas, placeres, etc.

Ante la crisis que ha desatado la pandemia, surge una esperanza de reconocer y recapacitar sobre nuestros actos. Cada día extrañamos a los que estábamos acostumbrados a ver en lo cotidiano, y extrañamos en cierto sentido, la vida que teníamos antes de la pandemia. Como si estuviéramos en un duelo por lo que se nos ha ido (con esto solo quiero enfatizar sobre las actividades o actitudes que han cambiado con la pandemia) como si no estuviéramos preparados para la realidad que nos ha cacheteado en estos meses.

La tradición educativa se nos ha hecho familiar, nos educaron para algo, para salir a lo que el mundo nos reta y ahora en una determinada forma esa educación, no nos preparó para enfrentarnos a nosotros mismos y a los que tenemos en casa. Y es ahí cuando pareciera que las relaciones se rompen más, dando lugar a las violencias de cada persona.

Este tiempo de crisis, es una oportunidad para reencontrarnos como personas con la parte interior que hemos olvidado, aquella donde el espíritu de la persona habla, pero se necesita dejarla escuchar y eso muchas veces da miedo, porque no estamos educados para salir al encuentro de nosotros mismos; entonces surge el miedo por escuchar lo desconocido y por no saber cómo reaccionar. Lo interesante no es quedarse ahí, sino reaccionar abrazando con paz la voz interior, sabiendo que es un abrazo con aquello que me hace reflejarme en el otro, porque es en la dimensión espiritual, donde nos reflejamos a través de lo que nos hace humanos y es en la escucha de lo que somos lo que nos hace hacernos cargo de esta realidad que nos cachetea, para cambiarla y poderle decir como el mismo Zubiri afirma después, una realidad que me posibilita posibilidades y que se me presenta como oportunidad.

Para ir cerrando esta reflexión, vale la pena preguntarnos: ¿es este mundo  el que realmente queremos dejar?, ¿cómo son nuestros consumos y qué compromiso tenemos con los que vienen debajo de nosotros, aquellos a los que les heredaremos lo que estamos construyendo?, ¿realmente estamos siendo hermanos-humanos con el otro? y ¿tenemos el valor de dejarnos interpelar por la escucha de la parte espiritual y dejarnos llevar por los caminos a donde nos lleva?

La pandemia nos ha puesto de cara a nuestra vulnerabilidad, porque nos ha dejado ver que somos débiles ante el mundo que nos hemos construido. Asimismo, esta fragilidad nos lleva como humanidad a querer responder de dos maneras, la primera: dejarnos cachetear sin aprender la lección; la segunda: aprender que la forma en la que estamos construyendo la sociedad no es la más adecuada y tenemos que replantearnos nuestros consumos, nuestros tratos, nuestras formas de amar y de ser solidarios con los demás ¿cuál eliges?



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lunes, 6 de julio de 2020

En lo nuevo: replantear y resignificar la vida

Autor: José Antonio Brito Solís. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Edición y cuidado: Socorro Romero Vargas y Rafael de Regil


La Covid-19 no es solo una enfermedad, como solemos entenderla... Es un acontecimiento social, hhistórico, político y económico que ha modificado las condiciones estructurales en las que se da la vida cotidiana. Continuar nuestra vida en el contexto que se ha creado implica realizar cambios respecto de uno mismo, los demás y el mundo que solo serán posibles si resignificamos y replaneamos nuestra vida, en lo más inmediato y en el sentido último desde el que la vivimos.


José Antonio Brito Solís, autor invitado de los Apuntes en el Camino, quien cada vez es más "de esta casa" nos comparte su reflexión sobre las cuatro grandes áreas en las que debemos hacer cambios


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"El ser humano moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando,  en realidad, desea únicamente lo que se supone ha de desear. 

Saber lo que uno realmente quiere representa 

uno de los problemas más complejos que enfrenta el ser humano."

–Erich Fromm

 

Un hecho que debemos aceptar es que la vida ya cambio. El surgimiento de la COVID - 19 provocó un antes y un después en la forma de vida en todo el planeta; y aunque parece fácil decirlo, en realidad no es así. Los cambios regularmente se dan a través de procesos que tardan tiempo en crear una nueva forma de vida, porque se incrustan de manera silenciosa en la dinámica cotidiana. Las sociedades van cambiando con los años y las personas nos adaptamos gradualmente a la realidad en la que vamos creciendo sin que los cambios estructurales se sientan abruptamente. 

         Cuando en la historia otras generaciones han tenido que enfrentar momentos de cambios dramáticos, súbitos, en los que el mundo que vivieron se convirtió en otro totalmente, echaron mano de todos sus recursos humanos para salir adelante, en medio de la incertidumbre, con solo una certeza: avanzar paso a paso, aprender de la realidad y no solo de sus ideas previas.

domingo, 14 de junio de 2020

Dogmatismo, falta de escucha, desinformación: Confinamientos de alto riesgo... más allá del quédate en casa


José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Junio del 2020. En el ambiente hay ires y venires entre el #quédate en casa, los colores de los semáforos de la pandemia en los estados -que parece más de color político de manejo epidémico- y la finalización del confinamiento, del famoso "quédate en casa"
              En la cabeza de la gran mayoría está que pasado todo lo que tenga que suceder podremos salir y desenvolvernos libremente. Y puede ser que sí, si a movilidad física se refiere... Pero ¿de verdad lograremos emerger para ser personas capaces de afrontarnos por, con y para los otros encargándonos del mundo que nos carga?
              Con el ojo del filósofo, Javier Sánchez Díaz de Rivera le da la vuelta a las obviedades en este asunto del encierro, para enfrentarnos ante los desafíos que nos suponen los confinamientos de alto riesgo y con la voz del pensador que también es educador dice: "quedarse en casa no es el peor encierro que estamos viviendo" ("¿De qué encierro estamos hablando?", Sin Embargo, 12 de junio de 2020, https://www.sinembargo.mx/12-06-2020/3803727)

miércoles, 10 de junio de 2020

El trabajo en casa: ¿nuevo rostro del canto de las sirenas?

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Las cosas cambian y sus apariencias son atractivas

"Circe me tomó de la mano y me hizo sentar lejos de mis compañeros y, echándose a mi lado, me preguntó detalladamente. Yo le conté todo como correspondía y entonces me dijo la soberana Circe:
–Escucha ahora tú lo que voy a decirte y lo recordará después el dios mismo: Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil -que sujeten a éste las amarras-, para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas."  (La Odisea)

              El canto de las sirenas: apariencia, belleza, seducción. Toparse con él sin estar preparado puede llevar a un mortal desenlace. Los marineros que sucumbían a sus cánticos terminaban muertos a su lado, sin más.
              2020: llegó la Covid-19 con su carácter pandémico. Quien pertenecía a un sector social y económico que se lo hacía posible recibió la consigna: hacer trabajo en casa, conectado a algún dispositivo de esos que las TIC han puesto en manos de muchas personas (que siguen siendo minoría, pues la mayoría aun cuando tenga algún tipo de tecnología a su alcance, no puede realizar mayores labores con ella).
              El home office se presentó como una hermosa promesa  para empleadores y para empleados, cual sirena contemporánea. Bueno, en realidad ya parecía uno desde hace algunos lustros: en su tonada ofrecía romper con la odiosa oficina, los compañeros de trabajo, las rutinas cotidianas. Con la solidaridad propia de la emergencia y la necesidad de conservar la fuente primordial de ingresos de los individuos -incluso las familias- comenzó el trabajo remoto: y la vida laboral se alteró masivamente.

domingo, 24 de mayo de 2020

Sí cuando es sí, no cuando es no... Educarnos para romper la esclavitud de no poner límites

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Llegó enero. Por allí en algún lugar de esos donde circula la información, se hablaba de un nuevo virus, que estaba impactando a los chinos... Algo tan marginal como lejano que nos tenía sin cuidado hasta que de repente en marzo todo explotó: muchas escuelas dejaron de tener clases a partir del puente del día 16, estábamos ingresando a las medidas sociales que la pandemia decretada por la OMS nos imponía para evitar el caos. El contagio mundial del VIRUS, dejaba de ser una noticia para volverse realidad.

Un malestar creado con buena voluntad

De repente estuvimos todos en situación de contingencia, con las  medidas de aislamiento y distanciamiento que fueron dadas a conocer bajo el slogan "Quédate en casa". Ninguno de nosotros estaba preparado para hacer home office, ni para realizar las actividades  de nuestra vida cotidiana en las paredes de la vivienda que habitamos, a través de tecnologías de  información y comunicación.
          En muchos lados -no solo en México- la sola perspectiva de suspender las escuelas por más tiempo que cualquier periodo natural de vacaciones de primavera (Otoño en el cono sur) nos sonó tan descabellada, como el tener  labores productivas conectados a cualquier dispositivo que nos permitiese mantenernos en línea. El crecimiento de las plataformas como Zoom, Google meet, Microsoft teams, atestigua de qué manera quienes contamos con acceso informático nos volcamos a continuar nuestra vida y su dimensión social y laboral aun con el virus rondando.
          En casos de emergencia solemos ser solidarios, al mismo tiempo que temerosos. Me voy a referir al caso de los profesores, pero creo que aplica a otras muchas áreas laborales.
          Se dijo: a continuar la escolarización desde casa. Con toda la buena voluntad, docentes de todos los niveles (aunque algunos más por coerción de sus instituciones) se entregaron a hacer lo que buenamente pudieron para que los estudiantes avanzaran en su formación. Lo mismo hicieron los padres de familia, sobre todo en los niveles básico y medio.

La esclavitud de vivir sin límites

Y de repente, al paso de las semanas había surgido la esclavitud del trabajo en línea: jornadas de muchas más de ocho horas "pegados" a las computadoras, originada y reafirmada en la solidaridad y el miedo a enojar a los jefes, a perder el trabajo.

domingo, 17 de mayo de 2020

No podemos tener secuestrados a los alumnos en el aula. Charla con Felipe Espinosa, Sj

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

La charla que comparto forma parte de una serie de entrevistas sobre los desafíos que tiene la educación y que han quedado nuevamente manifiestas por la crisis sanitaria experimentada en el 2020 a raíz de la pandemia del Coronavirus. Su valor estriba en que pone sobre la mesa cosas vigentes que tocan la médula del sentido de la educación y por ello se vuelven transhistóricas, trascendentes, más allá de lo urgente.




“Eso de tener a los alumnos secuestrados en el aula durante cuatro años debe cambiar”. Lo dice Felipe Espinosa Torres (CDMX, 1951. Si quieres conocer más de él, haz click aquí) con tranquilidad y amabilidad que pudieran hacernos dudar de haber escuchado algo tan provocador, incluso lapidario.
           En la charla que tenemos me dice que las medidas que se han tenido que tomar en la contingencia sanitaria de la Covid-19 han provocado no solo que docentes y estudiantes entraran en modo de trabajo en línea a como se pudiera, sino que han puesto sobre la mesa las luces y las sombras de nuestra realidad educativa.
           Continuando con la idea que me ha impactado, señala que al pasar al formato de clases en la distancia como medida de urgencia ha quedado de manifiesto que es necesario mirar con detenimiento lo que debería ser claramente necesario en las clases y qué no lo es tanto; cuánto y qué es lo que debería ser trabajado en el aula, qué debería ser aprendido por otros medios, incluso no y que debería ser programado para el aprendizaje extraáulico.
           Mientras conversamos en videoconferencia, como lo permiten las medidas de distanciamiento físico que ha supuesto afrontar al Covid, pienso en el jesuita que conocí allá por 1992 en el Centro de Comunicación Javier, mientras yo estudiaba periodismo. Él había hecho estudios de posgrado en comunicación en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y en Loyola Marimount University, en Los Angeles, lo que hizo natural que dirigiera la productora de materiales audiovisuales para la catequesis y la educación popular que tenían la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús. Nunca hubiera imaginado charlar con él sobre los desafíos que enfrenta la educación en el siglo XXI y que han quedado evidenciados nuevamente por la pandemia del 2020.

El desafío de recuperar lo importante, incluso más allá del aula

           He divagado en el calor de los recuerdos. Regreso a la idea del secuestro de los estudiantes en las aulas. Felipe nos dice que los alumnos podrían estar pasando demasiadas horas innecesarias en las aulas, en detrimento de las posibilidades de crecimiento que pueden tener fuera de ellas, máxime que se cuenta con el apoyo de las tecnologías de la información y la comunicación. Demasiada aula va en detrimento de la formación integral de las personas, pues.

martes, 12 de mayo de 2020

Repensar la presencia educativa y la pedagogía de las emociones: desafíos a la educación tras el Covid 19. Entrevista con Hilda Patiño

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas


A Hilda Patiño Domínguez (Cdmx, 1955, https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/05/hilda-patino-dominguez.html) la conocí hace más de veinticinco años. Desde que me compartió cómo fue que sus papás eligieron su nombre, tuve la sensación de que ellos habían de alguna manera acertado al llamarla Hilda, como el Huracán que fue parte de los fenómenos meteorológicos que azotaron Tampico poco antes de que ella naciera. Es activa y si se trata de hablar, escribir o administrar cosas relativas a la educación se desenvuelve impetuosa, líder, exploradora (no en balde el senderismo es una de las actividades que la atrae significativamente).

Educar: un tema siempre vigente que nos atañe

Durante la temporada de distancia física de la pandemia tuve la oportunidad de charlar con ella sobre lo que días como los vividos provocan en nuestras mentes y corazones y los desafíos que podemos atisbar en todo esto los educadores (familias, escuelas, ong...). Huelga decir que nuestra conversación fue entrañable, y nos llevó por senderos que a muchos nos interesa transitar.
Para esta académica de la Universidad Iberoamericana la educación enfrenta diversos desafíos, que en realidad son previos a la pandemia, pero que en las circunstancias extraordinarias que generó, se muestran con mayor claridad.
Educar es un proceso clave en la vida de las personas y la conformación de las sociedades. Y lo sabe no solo por haberlo leído, sino porque desde que estudió filosofía en la Ibero, su alma mater, lo vivió en carne propia y en la interacción con diversas personas.

miércoles, 29 de abril de 2020

Las emociones durante la pandemia

José Antonio Brito Solís, si quieres conocer más al autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero

En las dos primeras décadas del siglo XXI ha habido una toma de conciencia generalizada sobre la importancia de que nos formemos integralmente. Ya en la segunda mitad del siglo XX este tema estaba relacionado con el manejo emocional en algunos círculos, pero ahora se insiste en diversos ámbitos.
               Las medidas de distanciamiento social que ha traído consigo la pandemia del Covit-19 han creado una atmósfera favorable para el exacerbamiento emocional. Toño Brito nos invita a reconocer esto como una oportunidad para trabajar en el manejo de esta dimensión de nuestra vida y nos introduce en el ABC de la temática.


El interés por estudiar las emociones ha estado presente desde los griegos -cuatro Siglos a. de C.- hasta nuestros días. Su definición y comprensión ha sido influenciada por el contexto de cada época, ya que el comportamiento que es una expresión de las emociones se explicaba desde supuestos o creencias y no desde estudios que hasta después la ciencia fue descubriendo. Con la llegada de la psiquiatría y la psicología se confirma que las emociones tienen una relación con las funciones neuronales y los procesos cognitivos, abriendo una ventana al vasto mundo de la mente. 

               Actualmente sabemos mucho sobre las emociones, sin embargo, dada la complejidad la conducta humana y de lo poco que conocemos sobre el pensamiento, las emociones siguen siendo un tema del que continuaremos aprendiendo, como lo estamos haciendo ante la realidad que hoy vivimos. 
               Estos últimos meses la pandemia del Covid-19 de manera abrupta nos colocó en un escenario desconocido y ha generado mucho desconcierto y una sensación de incertidumbre colectiva que naturalmente ha provocado diversas reacciones en cada persona. 
             Los seres humanos contamos con un código genético que recoge los recursos necesarios para responder instintiva e intelectualmente a las condiciones que se nos presentan. Nuestra mente crea procesos cognitivos de lo que percibimos a través de los sentidos, que se manifiestan en conductas, mismas que son impulsadas por nuestras emociones. Algunas emociones funcionan como mecanismos de defensa para protegernos ante un peligro inminente o una emergencia, otras son como catalizadores que nos liberaran de una presión y también nos ayudan a equilibrar nuestro estado interior. Cada una de ellas forma parte de ese mundo conocido y desconocido que habita dentro de nosotros. 
              El manejo de estas emociones es fundamental en la vida, es por eso que en este momento es muy importante saber qué papel juegan ellas durante este confinamiento.

Surgimiento de las emociones


Las emociones son alteraciones rápidas que aparecen por nuestro estado de ánimo, son sensaciones momentáneas, que tienen un tiempo determinado y un grado de intensidad de acuerdo a lo que experimentamos. De ellas surgen los sentimientos que tienen una mayor durabilidad y pueden llegar a provocarnos trastornos o conductas que no son favorables para nuestra salud mental si no los manejamos adecuadamente. 
              Las emociones primarias que con mayor frecuencia experimentamos son la alegría, la tristeza, el miedo y la ira, también están el disgusto, la vergüenza, el odio, la sorpresa entre otras. Todas ellas son fugaces, pero cuando no permitimos que se vayan, pueden gradualmente tener control sobre nosotros y convertirse en las rectoras de nuestras decisiones y acciones. ¿Cuántas veces no hemos actuado por impulso y después reconocemos que no debimos hacerlo? ¿De qué manera nos hemos limitado por miedo a realizar algunas acciones, aunque estemos consientes que nada pasará? 
               Las emociones en ocasiones pueden ser más poderosas que el razonamiento. Cuando eso sucede trazan el camino de nuestro comportamiento, por ello es importante identificarlas, y estar conscientes de lo que nos provoca para conocer particularmente el cuadro conductual que genera en nuestra persona. Las emociones están ahí para ayudarnos y proporcionar un equilibrio que nos dará un bienestar gracias al buen manejo de ellas.
                Ante la incertidumbre que hoy vivimos es normal que aparezcan emociones que nunca antes habíamos tenido. El temor, el estrés en estos momentos, así como la ansiedad o estados de mal humor es parte de lo que podemos experimentar en esta cuarentena, y eso no significa que estemos siendo afectados en nuestra salud mental. 
               Lo que no debemos permitir es que estas emociones se instalen y provoquen conductas impulsivas descontroladas que dañen no solo nuestra estabilidad, sino también la de los demás. Cuando algunas emociones como la ira, la tristeza, o el disgusto rebasan su intensidad y perduran más tiempo del que tenían que estar es cuando corremos peligro de caer en algunos trastornos, que después tendremos que trabajar con el acompañamiento de un especialista para poder manejarlos y superarlos.

Manejo de emociones

Los psicólogos utilizan diversas técnicas para ayudar a las personas en el manejo de las emociones, explicar algunas podría ser tema de otro artículo, pero ante el estado emocional que ha provocado la pandemia, conviene hacer algunas reflexiones sobre que debemos considerar para aprender a manejar nuestras emociones. 
                 El silencio es un factor básico para el manejo emocional, pues permite crear condiciones en algunos momentos del día, ya que es como una capa que nos protege del ruido y de las distracciones que necesitamos para esta labor. En esos momentos tenemos que identificar nuestras emociones y trasladarlas inmediatamente al plano mental. Eso es fundamental, ya que el pensamiento se encargará de racionalizar la emoción. Él será el responsable de cuestionarla y con ese juicio interior la determinación que tome siempre será más adecuada. 

                Explico un poco más: aprender a manejar las emociones tiene mucho que ver con identificar el papel que tienen estos tres componentes en nuestra persona a los que a continuación les designaré una letra para poder clarificar el proceso que podemos realizar ante alguna crisis emocional: a) Pensamiento, b) Emoción y c) Conducta.

a)   El pensamiento representa la parte que procesa la información tomando elementos que existen ya dentro de la mente, que la habilitan para encontrar respuestas sensatas y adecuadas ante una situación. Las experiencias de vida, los conocimientos aprendidos, los valores que nos han regido, incluso el sentido común, así como muchos otros factores están dentro de nuestra memoria, por eso, la mente cuenta con los recursos para tomar una mejor decisión.

b)  La emoción es un impulso, es la respuesta primaria ante los que nuestros sentidos captan y ante la libertad que ella tiene por la ausencia del análisis su reacción es rápida, busca manifestar de manera inmediata su sensación y dar a conocer lo que en ese momento acaba de nacer. La emoción no se permite entrar a un proceso de reflexión, tiene un sentido de urgencia muy poderoso que muchas veces no puede ocultar.

c)   La conducta es la manifestación del manejo de la emoción, es la parte visible del resultado de la negociación interna entre el pensamiento y la emoción. Esta es la carta de presentación que ocupamos ante los demás y una parte del éxito o fracaso de nuestras relaciones tiene que ver con la forma en que exponemos el binomio de nuestro pensar y nuestro sentir.

                Esta descripción nos ayuda mucho a codificar el manejo de las emociones en una fórmula sencilla A + B = C. El uso de la fórmula que permite manejar mejor las emociones esta es saber que A siempre debe ser mayor que B. Cuando la emoción es superior al pensamiento hemos perdido el dominio para controlar los impulsos. La emoción debe ser conectada con el pensamiento. La autoridad de nuestras emociones es el pensamiento. Cambiar el pensamiento es cambiar las emociones. Manejar el pensamiento es controlar las emociones.

Las emociones en la contingencia sanitaria

En este periodo las emociones estarán muy activas y está bien, eso nos ayudará a conocernos ya que en ellas también hay una carga de esperanza que nos motiva a emprender muchas acciones para ser mejores en medio de la adversidad. 
              Tomemos con calma y serenidad lo que suceda, las emociones son momentáneas, el confinamiento también es temporal. Centremos nuestro pensamiento en los cambios positivos que podemos provocar, no nos preocupemos mucho por los errores que cometamos y por las fallas de los demás en este momento, seamos flexibles en casa. 
              En esta cuarentena aprenderemos mucho más sobre las emociones a través de cómo las manejemos en casa, que todo lo que hemos escuchado en conferencias y cursos. Ocupemos la fórmula:
a)     Provoquemos recrear en la mente la grandeza de nuestros seres queridos, analicemos el significado de ellos en nuestra vida y reflexionemos el valor que encierra el amor y cariño que existe en nuestro hogar.

b)     Experimentemos la sensación de alegría generada al mirar a nuestros seres queridos con nosotros e identifiquemos el grado de aprecio y cariño que existe al estar en paz con nuestra familia.


c)      Expresemos con palabras esos sentimientos, hagamos algún acto de gratitud como signo de estar unidos y provoquemos un momento de alegría en familia para consolidar el compromiso de fraternidad que debemos mantener.

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