Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
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| Foto: Nancy Morales |
Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
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Autora: Luz María Padilla Castillo. Si quieres conocer de la autora, haz click aquí
Lucy compartió en su biografía de Facebook una publicación que me pareció entrañable y me provocó reflexionar sobre lo que se viene en el afán de ofrecer la mejor alternativa didáctica posible a los estudiantes de las escuelas. Que disfruten sus letras.
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Desde hace tiempo he comentado, que la modalidad donde se tiene la mitad del grupo presencial y la mitad del grupo virtual (como en los grupos de posgrados por videoconferencia en UPAEP), es la más difícil de gestionar y los logros de aprendizaje no siempre son fáciles de alcanzar en dos entornos totalmente diferentes. La inercia te lleva a prestar más atención a los alumnos que tienes en el salón y la comunicación e interacción con los que están en casa, no siempre es efectiva. Y eso que en los grupos de posgrados se cuentan con salones equipados con tecnología de punta y los alumnos son adultos.
Hoy, aceptando la invitación de la Prepa UPAEP Santiago, participé impartiendo una "clase muestra" para profesores, en la modalidad "híbrida (diferenciada)" que se utilizará a partir del mes de Agosto.
¡WOW! ¡Si qué fue difícil! ¡40 años de ser docente y dar clases en diferentes niveles y modalidades educativas, y me sentí una novata!
Son muchos los factores que hay considerar.
Lo primero, es que quise que la sesión fuera muy "activa" y la planeación de actividades quedó sobrada. El tiempo perdió su dimensión por completo. No coincidió lo planeado con lo real, las instrucciones requirieron doble explicación y la diferencia de recursos donde los docentes trabajaron (papel, celular, computadora) marcó tiempos diferentes.
Otra dificultad fue mantener la atención de unos y otros, un maestro sabe perfectamente cuando "tiene al grupo" y cuando no lo tiene.
Se sumó también la dificultad de dar clase con cubrebocas. Sentía que me faltaba el aire, trataba de respirar hasta por la piel ja ja ja. Sentía como cuando subes escaleras muy rápido y te falta aire. Ahora sé que para dar estas clases tengo que ponerme en forma en el Gym de inmediato.
Pero gracias a Dios también hubo cosas muy buenas en la sesión. Primero, que la institución, cuenta con tecnología suficiente y efectiva. Computadora con red alámbrica que permitió una conectividad estable; doble pantalla que me permitía ver a los estudiantes en línea y los materiales compartidos. Un micrófono 360 grados que nos permitió escucharnos perfectamente a todos, de forma clara y con suficiente volumen.
También nos permitió a todos revisar y comentar los desafíos a enfrentar, las modificaciones en las prácticas de enseñanza y evaluación, estrategias didácticas que podrían ayudar y los lineamientos a implementar para cada grupo.
Surgieron ideas buenísimas, acompañadas de una gran entusiasmo y compromiso de los maestros. ¡Soy su fan!
Viene un tiempo rudo, tan complejo como cuando empezó la pandemia y los maestros tuvieron que ingeniárselas para dar clases a distancia. Y salieron adelante y lo hicieron muy bien. Ese tiempo les sirvió de entrenamiento para esta nueva fase. El dominio de la tecnología es un reto superado.
Siento que no fue mucho lo que pude aportar, pero me alegro mucho que me permitieran compartir y acompañarlos en esta experiencia que a partir de agosto será histórica. Nuevamente los maestros, dando testimonio de vocación y servicio al abrir las escuelas.
No hay más teoría que compartir, ni lecturas que recomendar. Lo que sigue es pararse al frente y ¡comenzar! La práctica de cada día, la experiencia real, experimentar en el salón de clases es lo que irá marcando los ajustes necesarios para que nuestros muchachos, sigan aprendiendo.
¡Un abrazo y mi reconocimiento sincero a cada docente en el mundo, que darán clases híbridas en el nuevo ciclo escolar!
La
libertad buscada la va encontrando en la medida que se desprende de lo que lo
limita y lo ata. Ideas y prácticas que precisamente muchas veces lo aprisionan
y lo mantienen confundido sobre lo que realmente quiere y desea alcanzar.
Una
manera de comprender esta percepción del ser humano puede ser desde la
Espiritualidad Ignaciana. En el número 25 del texto de los Ejercicios
Espirituales Ignacio de Loyola hace un planteamiento que nos ayuda a
identificar la recuperación de la libertad, a través del Principio y fundamento,
al que puede entendérsele como un sentido originario y originante que da
significado a nuestra vida. Leamos para después reflexionar sobre ello en
relación a la libertad y la experiencia del confinamiento que en este tiempo
estamos teniendo por la pandemia.
El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante eso, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es criado.
De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, cuanto para ello le impiden.
Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin para que somos criados.
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| https://wiccareencarnada.net/ |
Autor: Guillermo Santos de Alba
Edición y corrección: Socorro Romero
Guillermo Santos de Alba es filósofo y acompañante del desarrollo humano. Desde la trinchera en la que acompaña a los suyos reflexiona sobre las oportunidades de resignificación que abre la realidad que se vive en los tiempos de la pandemia en la que se ha padecido la irrupción del coronavirus en la vida de una humanidad que pese a todo sigue siendo vulnerable.
Volver los ojos y la reflexión hacia sí, los demás y el mundo para resignificarnos es una oportunidad única, generadora de esperanza... ¿la tomaremos o la dejaremos pasar?
Compartimos este texto en nuestros primeros apuntes, deseando que las colaboraciones de Guillermo se vuelvan habituales en los Apuntes en el camino.
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De un momento a otro la cotidianeidad cambió, un virus vino
a mostrarnos nuestras vulnerabilidades como humanidad dejándonos en riesgo y
expuestos. Como diría el filósofo Xavier Zubiri, la realidad nos cacheteó y de
una manera más fuerte a la que normalmente estamos acostumbrados.
Estamos frente a una crisis que se ha manifestado por el cambio en la relación con los otros, una variación que nos llevó a trasladarnos a una pantalla y a la red, lo cual ha traído una serie de retos que nos lleva a preguntarnos sobre ¿qué es lo que realmente importa?, ¿cuál es la mejor manera para comunicarme con otros?, ¿cuáles son las medidas convenientes para la sana distancia?, ¿cómo han cambiado las relaciones personales?, ¿qué sucede con nuestra relación con los otros y con nosotros mismos?
Y es aquí donde la
angustia y ansiedad comienzan a ser un peso para que la balanza se incline
hacia la desesperación y las inseguridades de las personas, aunado a esto, si
le agregamos que estamos en una cultura donde lo más común es mirar para fuera,
nos lleva a poner la cereza al pastel.
La pandemia nos ha sitiado de frente al futuro, haciendo que
volvamos la mirada a aquello que realmente importa, lo que nos hace humanos y
que, con el paso del tiempo, las prisas y la cotidianidad se nos olvida que
está ahí.
Estamos ante la oportunidad de construir un futuro que recupere
lo que se ha perdido en esta época, donde vale más una marca que la persona;
donde eres visto en su mayoría de las cosas por lo que se tiene o se consume
que por lo que es, haciendo imágenes idílicas de lo que la “felicidad” resulta
a través del consumo de objetos, personas, placeres, etc.
Ante la crisis que ha desatado la pandemia, surge una
esperanza de reconocer y recapacitar sobre nuestros actos. Cada día extrañamos
a los que estábamos acostumbrados a ver en lo cotidiano, y extrañamos en cierto
sentido, la vida que teníamos antes de la pandemia. Como si estuviéramos en un
duelo por lo que se nos ha ido (con esto solo quiero enfatizar sobre las
actividades o actitudes que han cambiado con la pandemia) como si no
estuviéramos preparados para la realidad que nos ha cacheteado en estos meses.
La tradición educativa se nos ha hecho familiar, nos
educaron para algo, para salir a lo
que el mundo nos reta y ahora en una determinada forma esa educación, no nos
preparó para enfrentarnos a nosotros mismos y a los que tenemos en casa. Y es
ahí cuando pareciera que las relaciones se rompen más, dando lugar a las
violencias de cada persona.
Este tiempo de crisis, es una oportunidad para
reencontrarnos como personas con la parte interior que hemos olvidado, aquella
donde el espíritu de la persona habla, pero se necesita dejarla escuchar y eso
muchas veces da miedo, porque no estamos educados para salir al encuentro de nosotros mismos; entonces surge el miedo por
escuchar lo desconocido y por no saber cómo reaccionar. Lo interesante no es
quedarse ahí, sino reaccionar abrazando con paz la voz interior, sabiendo que
es un abrazo con aquello que me hace reflejarme en el otro, porque es en la
dimensión espiritual, donde nos reflejamos a través de lo que nos hace humanos
y es en la escucha de lo que somos lo que nos hace hacernos cargo de esta
realidad que nos cachetea, para cambiarla y poderle decir como el mismo Zubiri
afirma después, una realidad que me posibilita posibilidades y que se me
presenta como oportunidad.
Para ir cerrando esta reflexión, vale la pena preguntarnos: ¿es este mundo el que realmente queremos dejar?, ¿cómo son
nuestros consumos y qué compromiso tenemos con los que vienen debajo de nosotros,
aquellos a los que les heredaremos lo que estamos construyendo?, ¿realmente
estamos siendo hermanos-humanos con el otro? y ¿tenemos el valor de dejarnos interpelar
por la escucha de la parte espiritual y dejarnos llevar por los caminos a donde
nos lleva?
La pandemia nos ha puesto de cara a nuestra vulnerabilidad,
porque nos ha dejado ver que somos débiles ante el mundo que nos hemos
construido. Asimismo, esta fragilidad nos lleva como humanidad a querer
responder de dos maneras, la primera: dejarnos cachetear sin aprender la
lección; la segunda: aprender que la forma en la que estamos construyendo la
sociedad no es la más adecuada y tenemos que replantearnos nuestros consumos,
nuestros tratos, nuestras formas de amar y de ser solidarios con los demás
¿cuál eliges?
Autor: José Antonio Brito Solís. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y cuidado: Socorro Romero Vargas y Rafael de Regil
La Covid-19 no es solo una enfermedad, como solemos entenderla... Es un acontecimiento social, hhistórico, político y económico que ha modificado las condiciones estructurales en las que se da la vida cotidiana. Continuar nuestra vida en el contexto que se ha creado implica realizar cambios respecto de uno mismo, los demás y el mundo que solo serán posibles si resignificamos y replaneamos nuestra vida, en lo más inmediato y en el sentido último desde el que la vivimos.
José Antonio Brito Solís, autor invitado de los Apuntes en el Camino, quien cada vez es más "de esta casa" nos comparte su reflexión sobre las cuatro grandes áreas en las que debemos hacer cambios
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"El ser humano
moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que se
supone ha de desear.
Saber lo que uno
realmente quiere representa
uno de los problemas
más complejos que enfrenta el ser humano."
–Erich Fromm
Cuando en la historia otras generaciones han tenido que enfrentar momentos de cambios dramáticos, súbitos, en los que el mundo que vivieron se convirtió en otro totalmente, echaron mano de todos sus recursos humanos para salir adelante, en medio de la incertidumbre, con solo una certeza: avanzar paso a paso, aprender de la realidad y no solo de sus ideas previas.
Escucha ahora tú lo que voy a decirte y lo recordará después el dios mismo: Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil -que sujeten a éste las amarras-, para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas." (La Odisea)
De repente estuvimos todos en situación de contingencia, con las medidas de aislamiento y distanciamiento que fueron dadas a conocer bajo el slogan "Quédate en casa". Ninguno de nosotros estaba preparado para hacer home office, ni para realizar las actividades de nuestra vida cotidiana en las paredes de la vivienda que habitamos, a través de tecnologías de información y comunicación.