Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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sábado, 24 de enero de 2026

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

[...] el acceso a la educación no basta. En un momento en el que los desafíos climáticos y los cambios tecnológicos están repercutiendo en los métodos tradicionales de enseñanza a gran escala, la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos. (Mensaje del Sr.Khaled El-Enany, Director General de la UNESCO,con motivo del Día Internacional de la Educación, 24 de enero de 2026)

Unesco - Weiwei Kang

¿Capaces o incapaces?

Estudié la primaria y los dos primeros años de secundaria en colegios particulares, en Toluca. Nada especial, hasta donde yo me acuerdo. 

Pero cuando llegué a Villa Estela -aspirantado salesiano con estudios de nivel superior- comenzó toda una revolución. Me atrevería a decir que teníamos fiestas hasta porque volaba la mosca: la independencia, el 12 de octubre, la revolución, las fiestas navideñas, la de Don Bosco... y además de ellas, concursos de conocimientos, festivales artísticos o culturales... Y lo que me dinamizó totalmente fue que en todo ese universo de educación extracurricular nosotros teníamos un papel importante qué jugar. 

Los educadores nos delegaban muchas cosas y nosotros teníamos que proponer, acordar, resolver conflictos... y "dar la talla" en ello.

Al siguiente año, en la Normal Primaria (en aquel tiempo educación media superior profesional) tuvimos delegada gran parte de la vida de nuestra institución: la animación de los momentos del año los hacíamos en pequeños grupos que llamábamos clubes. Los fines de semana -a nuestros 14-18 años-  teníamos bajo nuestra responsabilidad trabajo de educación no formal en lo que entonces se llamaba "oratorios festivos": organizarlo, dialogar con las personas, organizar las misas, las pláticas formativas... Y paulatinamente fuimos introducidos al mundo de la educación básica, hasta que en el 4o año de normal teníamos totalmente a nuestro cargo grupos de primaria. En el colegio anexo a nuestra normal, incluso la subdirección estaba encargada a uno de nuestros compañeros. 

No se diga en los años posteriores, cuando estudié filosofía, en la cual entre los 20 y 22 años prácticamente éramos corresponsables de toda la vida: hacíamos en conjunto con los formadores la planeación y presupuestación, la organización del funcionamiento diario de la casa y, como desde tiempo atrás, los trabajos educativos no formales en distintos lugares de la ciudad de México y de la Sierra Mixe de Oaxaca. 

¿Para los jóvenes o con los jóvenes?

Lo interesante de lo que viví mientras me formaba como educador fue la experiencia de que hay una gran diferencia entre educar "a" o "para" los jóvenes y hacerlo con ellas y ellos.

A lo largo de los años me he ido topando con personas que niegan la posibilidad del protagonismo juvenil en los procesos educativos... Hay que tratarlos como los "irresponsables" que más una vez son, como los incapaces que pueden ser imaginados. 

Subidos en el pedestal de la trayectoria vivida y -posiblemente de los estudios de escritorio desconectados de la realidad que redundan en impresionantes grados académicos- quienes diseñan, administran, ejecutan las distintas aristas de los procesos educativos se sienten llamados a entregar todo para sus discípulos, organizándoles hasta el mínimo detalle y después exigiéndoles que se conformen al molde que desde su adultez ingenua y con pretenciones de omnipotencia han diseñado para niñas, niños y jóvenes. 

Y entonces se especializan en toda clase de mecanismos de control para que formandas y formandos quepan en una horma hecha a priori y que muchas veces se resquebraja porque los destinatarios parecen no caber en ella.

Afortunadamente desde hace siglos ha habido quienes saben por experiencia propia suficientemente razonada, que "nadie puede formar a nadie"; pero que es posible que quien ha vivido un poco más -o mucho, como yo- diseñe condiciones para que aquellos a quienes llamamos educandas y educandos se formen, desatando y apropiándose de su dinamismo de persona, de su forma de ser humana o humano.

Ignacio de Loyola (en la forma en que plantea a quien dirige los ejercicios espirituales que solo puede acompañar al ejercitante, que es quien realmente se ejercita), Felipe Neri, Juan Bosco (tan mencionado en estos apuntes), Robert Baden-Powell, María Montessori, son algunos de los nombres cuya vida y reflexión vienen a mi mente. Todos ellos supieron que involucrar a niños, niñas y jóvenes para que sean educadores y co-educadores es una excelente apuesta... 

Vivieron en carne propia que una vez que se supera el miedo a los errores de los menores y los no tanto, las posibilidades humanizantes de todos los miembros de la comunidad universitaria son potenciadas (te puede interesar este apunte Quien es tratado a la altura de las expectativas es capaz de eso... y más). 

El poder de la juventud en la cocreación de la educación

Viví la experiencia de ser scout (esculta, dicen en algunos lados): en la niñez y pubertad y en la adultez; en carne propia y en la de mis hijas y otros niños y jóvenes. Nadie me lo cuenta: desde los 7 años las niñas y los niños pueden aportar para diseñar la concreción de un programa educativo; pueden aprender a ir teniendo sus propias metas educativas, esas que los potencien como personas en las distintas áreas de su crecimiento como personas que por, con y para los demás se humanizan al responder a los desafíos humanizantes de su realidad, del mundo que les tocó vivir. ¡Cuánto más a los 11, los 15 o los 18 años!

El método propuesto por Baden Powell es sencillo y parte de lo fundamental: el compromiso libre, personal, de participar en un juego individual y grupal que le permitirá si quiere ser siempre mejor para estar siempre listos para servir a sí mismos, a su familia, a su sociedad. 

Los educadores tienen la misión básica de ir creando posibilidades acordes a la edad de sus "hermanitos" scouts: les acompañan para que tengan la costumbre periódica de verse como personas en crecimiento, a descubrir en qué han avanzado y en qué pueden avanzar: tanto en el cultivo de sus habilidades, como en la conformación de su carácter y de la forma en la que se relacionan consigo mismos, con los demás y con el mundo.

Les ayudan a diseñar actividades para lograr continuar en lo que han logrado y en caminar haia lo que pueden creer: les dan instrumentos para llevar su propio seguimiento, para hablar cada tres o cuatro meses de las cosas que están haciendo, de las que quieren hacer; de la importancia de observarse y de observar al equipo pequeño y al más grande que es el grupo; les crean espacios para sentirse parte de un movimiento que los impulsa; los ayudan a acometer desafíos en las cuales con pensamiento crítico y creativo solucionen problemas teniendo en la mira el bien común.

Más de uno me dirá: que eso no es verdad y yo le diré: sí y no. Hay educadores en el escultismo que no apuestan con, por y para los procesos coeducativos de los jóvenes. Pero muchos lo hemos hecho y somos testigos de los frutos que da educar de esa manera.

Y quienes hemos compartido espacios escolares diseñados de esta manera también podríamos hablar de lo poderoso que es educar con los estudiantes y no solo para ellos. 

Este 2026 la UNESCO nos invita a conmemorar el Día internacional de la juventud justamente reflexionando y dejándonos sentir "tocados" por la consigna que he decidido utilizar también como título de este apunte, que bien podría ser hermanito de este otro: La educación del león no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

Toda la estructura educativa existe en función del universo de los educandos. Ellos experiencias sus necesidades, conocen de sus intereses; saben cómo van viviendo en cada etapa: por supuesto que pueden realizar propuestas interesantes, que serán cada vez más certeras conforme participen como co-creadores de su formación (quien nunca lo ha hecho, es posible que comience desatinadamente; pero el tino mejora con la práctica, en cualquier ámbito). 

Por si alguien está inquieto: no estoy diciendo que solo los educandos dirijan, ejecuten y hagan la educación. Ya en otros espacios he señalado que el sujeto de la educación es en realidad toda la comunidad educativa, lo cual incluye a educadores, administrativos, familias. 

Es un hecho que el poder juvenil existe: ¿es concordante, convergente con la propuesta y acción de sus procesos educativos? Porque de no serlo, será discordante, divergente como hemos visto en tantos escenarios... y tendrá razón Lipovetsky, cuando decía en La era del vacío:

"Por la marea de la apatía, hoy la escuela se parece más a un desierto que a un cuartel; no hay motivaciones ni interés, el colegio es un cuerpo momificado que sobrevive por la rutina institucional, pero la seducción de los jóvenes ya no pasa por el saber ni por el templo escolar ..." 

Y es que quien es mero espectador solo se apersona para decir si algo le gusta o no; quien es protagonista vive en carne propia lo que le pertenece, no lo que le han preparado; y entonces todo cambia: en casa, en la escuela y -por increíble que parezca- en el diseño y la instrumentación de las políticas públicas. 

Me encanta que este inicio de año se nos invite a mirar de otra manera la educación que necesitamos, en palabras del director general de la UNESCO ya citadas en el epígrafe de estas letras: 

la educación ya no puede concebirse sin los jóvenes, sin la voz de quienes se benefician de ella. La educación debe construirse con ellos

domingo, 5 de octubre de 2025

Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. En el Día Mundial de las y los Docentes

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

En este Día Mundial de los Docentes [2025], la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de  la  Educación  exhortan  a  gobiernos  y  asociados  y  a  la  comunidad  internacional  a  suscribir el compromiso colectivo de lograr que la colaboración sea reconocida como norma dentro de la profesión docente, pues solo con una cooperación eficaz a todos los niveles podremos construir en el mundo entero sistemas educativos que sean realmente integradores, equitativos y resilientes.

 Mensaje conjunto de la UNESCO, la OIT, el UNICEF y la Internacional de la Educación

Cuando llegué a uno de los lugares donde he trabajado, dos cosas que tienen que ver con el tema de reflexión del Día Mundial de las y los docentes, llamaron fuertemente mi atención, a pesar de que ya conocía la institución.

           Por una parte, cada semestre se hacía una elección muy formal de líderes y de conformación de equipos entre los estudiantes, que eran comunicados a todo el profesorado y, a lo largo de las semanas, no tenían ninguna función real. Se trabajaba en un modelo de individual, con pequeñas acciones entre alumnos realmente poco significativas para su formación ciudadana. Era muy difícil ver un aula en la que las sillas y las mesas de trabajo estuvieran organizadas de otra forma que no fuera la fila tradicional.

          Por otra, cuando en academia de profesores tuvimos que abordar un proyecto que abarcaba varias semanas, dos o tres profesores quedaron con la actividad a cuestas, sin actas de acuerdo y con la "desaparición" silenciosa de los compañeros que no se acomodaron en la forma colaborativa que requería la encomienda.

         En múltiples niveles, las y los docentes son islas que trabajan en muchísimos casos de maravilla, pero solas y solos. De manera inmediata, eso puede ser hasta benéfico: el estudiantado tiene cuadernos impecables, resultados aceptables en exámenes, presentaciones exitosas de proyectos cuando el estilo didáctico que profesores y profesoras practicas es más activo. 

          De manera mediata, termina siendo más pérdida que ganancia: la propuesta educativa de su centro escolar termina siendo muy limitada, poco capaz de responder a desafíos contextuales, de acompañamiento educativo, de respuesta a las necesidades de niñas, niños, adolescentes y jóvenes encomendados a su labor; pues enfrentar los retos más allá de la clase que se da en el aula, requiere trabajo colaborativo, articulado, que solo se es posible cuando el sujeto educador es una comunidad y no solo mujeres y hombres en lo individual.

          Además, maestro isla forma estudiantes isla, que terminan siendo ciudadanas y ciudadanos isla, incapaces ellas y ellos de acometer la construcción del bien común en sus familias, sus trabajos, su vecindario, bajo el "mientras yo esté bien, yo cumpla, yo haga lo mío y no me meta contigo, que el mundo ruede" (creo que te gustará leer Sí te metas en lo que no te importa). De la nada, nada sale; del individualismo sale individualismo... 

Y aunque en las escuelas se diga que se forma para la colaboración y el diálogo, en realidad se educa para el cumplimiento egocéntrico que no atina a mirar más allá de entregar buenas tareas y sacar altas calificaciones.

          Todavía más: magisterio -y directivas y directivos- aislado es más fácilmente mal tratado y mal tratador laboralmente. Las directivas y directivos que solo ven los resultados individuales de sus docentes tienen muy poco empacho en deshacerse de sus subordinados, fomentando  una rotación de personal perjudicial en mucho más que el beneficio que se obtiene de dotar a un grupo de un profesor y "ya está"... Directora o director que forma comunidad educativa en la que se colabora de múltiples formas, suelen tener mucho menor rotación: el empleo es mucho más respetado.

          Podría decirse lo mismo de la relación sindical: maestro aislado es menos tomado en cuenta por sus representantes sindicales, que todo un grupo que interactúa, que se organiza, que presiona si es necesario. O la relación conflictiva con madres y padres de familia: es más fácil sumar a quienes fungen como tutores de estudiantes, cuando hay una propuesta orgánica de institución, con mecanismos de colaboración, interacción, de retroalimentación y mejora, incluso cuando las exigencias de padres y madres son justas (muchas veces lo son) y se asumen en equipo, más allá de uno o dos "involucrados").

         Las políticas públicas en torno a la educación se construyen de una forma distinta cuando brotan de la colaboración de, por y para las y los docentes, que cuando se realizan desde el voluntarismo ideológico de unos cuantos actores políticos que imponen modelos educativos, incluso normas y planes de estudios que terminan siendo ocurrencias de periodos de gobierno.

El día mundial de las docentes y los docentes surgió a partir de la iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de llamar la atención de todos los países del mundo sobre las condiciones laborales del personal docente (1966 y 1997). Ha sido acogido por la Organización de las Naciones Unidas a través de la UNESCO y la UNICEF y se conmemora desde 1994.

         Es una efeméride para no olvidar las implicaciones sociales, políticas y económicas de la profesión docente, de la cual depende en muchas formas el presente y el futuro de los países, de las sociedades.

          Con la idea de Juntos por los docentes, juntos por el mañana, este 2025 UNESCO, UNICEF, OIT y la propone bajo el eslogan Redefinir la docencia como una profesión colaborativa. 

           Es una llamada para tomar postura respecto de todo lo que he compartido en este apunte, para dar pasos reales en las escuelas, en la relación de las familias con las y los docentes... Para impulsar modelos educativos, políticas públicas que al formar desde la formación inicial docentes colaborativos, permitan una verdadera educación de mujeres y hombres colaborativos, ciudadanos capaces de colaborar para asumir los desafíos humanizantes que su aquí y ahora les demandan y que son la semilla de un futuro con espacio para la dignidad humana. Porque ante las posibilidades de la construcción humana, el yo no se basta a sí mismo (puedes leer Cuando el yo no es suficiente: ser por, con y para los demás y el mundoExitosos... y en el fondo fracasados: reflexiones al inicio de un ciclo escolar)

Muchísimas personas podemos colaborar para la dignificación y profesionalidad docente que sustraiga del aislamiento pedagógico, laboral, vocacional del magisterio, para darle carta de ciudadanía a una forma de relación que responda al imperativo antropológico de ser más por, con y para los demás. ¿qué puedes hacer en tu ámbito? Al menos, regalarte unos minutos para reflexionarlo y compartirlo. Y si hay algo más, irlo volviendo parte del patrimonio común de responder al reto de una formación más fiel al llamado de ser más con, por y para los demás en el mundo, encargándonos en un horizonte de trascendencia, del mundo que nos carga. 


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domingo, 13 de julio de 2025

La educación de los leones no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

 José Rafael de Regil Vélez. si quieres conocer más del autor haz click aquí

Desde el 2007, cuando fui invitado a dejar de trabajar exclusivamente con estudiantes de licenciatura y posgrado para encargarme de la dirección de una preparatoria, muy rápidamente comencé a escuchar frases de parecidas a "qué difícil es trabajar con los chavos de prepa", o "vaya que los maestros la tienen difícil con muchachos de esa edad".

Supongo que los comentarios provenían de la propia experiencia juvenil, de las relaciones tenidas con hijos o sobrinos de entre 15 y 20 años o por la muy extendida idea del "difícil periodo de la adolescencia".

Han pasado más de 13 años. Y entonces como hoy sigo pensando: el león no es como lo pintan... Y es que en realidad me parece que cuando lo pintan lo hacen por lo que imaginan que es; por esa común distorsión que nos lleva a adoptar lo que se dice, todos instalados dentro de la misma caja, mirando lo que siempre nos han dicho que debemos ver y que a fuerza de repetirlo nos parece real.

Vivimos instalados en la creencia de que dado que los adolescentes, chicos o niños, como se les suele llamar, son demasiado ligeros, irresponsables, rebeldes; que no quieren tener que ver con los adultos con quienes existe un abismo generacional prácticamente infranqueable. Y apoyan sus constructos en los casos en los que los estudiantes de bachillerato, incluso de inicio de la universidad, rayan carros de profesores, se muestran rebeldes, "contestones y criticones"; en el desmedido relajo que echan cuando están juntos en el lugar al que los educadores los obligan a ir. 

En las escuelas, cuando se lleva a los alumnos a un auditorio, se pido a los docentes que se den vueltas en los pasillos, que los cuiden -como sinónimo de que los vigilen- porque al león hay que domarlo, someterlo... "¿educarlo?".

La "educación del león"

Comúnmente se piensa que al león hay que educarlo a partir de la desconfianza: en su capacidad intelectual, ética, de autodisciplina. Así hay que "controlarlo", diseñar las formas de relación suponiendo de antemano que en cualquier forma los leones son por naturaleza transgresores, incapaces de tomar decisiones y afrontar las responsabilidades de lo que eligen y hacen. A los leones nada les importa y no tienen valores. Ya no son como antes, en ese mundo idílico de la juventud de los educadores donde NOSOTROOOOOSSS sí teníamos valores, deseábamos aprender, nos comprometíamos con disciplina.

Y así... de tanto desconfiar, pareciera que estamos decididos a condenar a la infantilidad a quienes ya pueden ir haciendo su camino: los sobreprotegemos, para después quejarnos de que nada funciona con ellos... Generación, tras generación.

San Juan Bosco, allá en la primera mitad del siglo XIX, dos centurias hace, se enfrentó a desafío de educar jóvenes. Los albores de la revolución industrial en Turín conocían de la capacidad "feroz" de los "leones ". Tras años de guerras, perdida la población masculina "adulta" con hambre en las casas, multitudes de menores bajaban a la ciudad para buscar trabajo encontrando muchas veces explotación y muchas otras nada. Unidos para sobrevivir, delinquían, parecían incorregibles. 

El sacerdote de origen campesino, que se sentía fuertemente invitado a hacer algo, pronto aprendió que había que mirar a los muchachos de otra manera, desde otra perspectiva, una real. Y para ello había que repensar también el rol mismo del educador. 

Pronto descubrió que no es verdad que los jóvenes no quieren tener que ver con los adultos; es más, se mueren de ganas de una presencia adulta en su vida; pero no cualquiera, sino de alguien cercano y al mismo tiempo razonable que muestre opciones para ir haciendo la vida de manera sensata... 

Y no por mero discurso y pontificaciones, sino porque se crean las condiciones para vivir las experiencias que lleven a ver, escuchar, oler, palpar, gustar, imaginar, formas de vida. 

El compromiso real con los jóvenes llevó a Don Bosco a vivir una educación que sí educa: diseñada de manera razonable, con una clara teleología y con una axiología definida (fines y valores humanizantes claros) se invita y acompaña a los dicentes -palabra hoy de moda- a ser lo que siempre debieron ser: protagonistas de su formación; acompañados para reflexionar lo que van viviendo; para ajustar sus acciones con la propuesta que se les hace; formándose mediante la participación en las actividades que preparadas con ellos y para ellos.

Educación juvenil en una libertad progresiva y acompañada para decidir como fruto de discernimiento y no de la mera impulsividad y que es capaz de ir comprendiendo las consecuencias de su actuar y responde ante ellas para sacar lo mejor posible y seguir construyendo una convivencia en la que la comunidad se educa viviendo los valores que la convocan y para los que forma.

Se trata de una forma de educar que parte de la confianza, que sabe que toda persona viene "equipada" para ser la mejor persona que puede ir siendo, vez por vez, en un proceso individual y comunitario; en un ambiente de familiaridad en la que muchos se pueden sentir invitados a sacar de sí la mejor persona que puede ser; el mejor ciudadano y -en términos del sacerdote educador- el mejor cristiano que le toque ser, en el mundo que le toque vivir.

A la educación de jóvenes en las que se les acompaña creando condiciones para que se vuelvan protagonistas de las experiencias y las reflexiones que les permitan formarse, en la que se les acompaña con mucho diálogo y con preguntas finas para entender realidades, ver posibilidades y encontrar valores, se le denomina hebegogía... 

Y la hebegogía la típica educación de jóvenes que nos han pintado; sino una en la que realmente se avanza desde lo que se es, a lo que puede ser; partiendo del mundo que ha tocado vivir y avanzando aunque sea milimétricamente al que es posible construir para vivir aunque sea un poco más humana y dignamente. 

Y el león no es como lo pintan; sino una persona

Si algo he aprendido a lo largo de cuatro décadas de educador; es que hay cosas que los humanos hacemos; por ser personas, no por ser jóvenes o adultos. Cada uno no sabemos cómo reaccionaremos en un apasionamiento, somos capaces de mentir como primera reacción para proteger nuestro yo expuesto, incumplimos compromisos, nos rebelamos ante imposiciones que nos parecen insensatas (aunque sea de manera soterrada y silente). 

Como director de bachillerato he visto comportarse de manera muy similar a estudiantes, profesores y padres de familia. Y he visto que cuando los educadores partimos de esta realidad compartida y entendemos que tenemos que crear las condiciones para poder convivir partiendo de esta realidad pero apuntando a las posibilidades humanizantes que tenemos todos, a cualquier edad, y ponemos la experiencia de haber ido aprendiendo a personalizarnos al servicio de la experiencia de quienes nos siguen, nuestros sucesores, todos nos formamos: inicial y continuamente.

El joven es una persona. Desea lo que necesita para construirse persona. Valora cuando encuentra cosas que realmente son sensatas para construirse humano. Viene equipado para ello.

Con toda honestidad puedo decir que en mis años de educador juvenil y de formador de educadores juveniles no he encontrado la caricatura que siempre escucho decir cuando los "adultos" se refieren a los "muchachos", ni he experimentado que la labor sea algo difícil. Solo se trata de partir de la humanidad compartida de manera cercana, afectuosa, amable, y de dialogar una y otra y otra vez para encontrar lo más razonable para construirnos humanos. 

E irlo haciendo cada vez más profesionalmente, sistematizando métodos, materiales, estructurando formas de relacionarse y convivir para que las personas -que no leones- vivan experiencias hebegógicas, que no domesticación de los felinos tan traidos y llevados en estas líneas.

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martes, 8 de julio de 2025

Antes que hija o hijo... Se es y se está llamado a ser persona

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Escribo estos párrafos en el contexto del cierre de un ciclo escolar. En los últimos días han venido a mí diversas escenas vividas por mí, y las narraciones que he escuchado o leído de mis colaboradores y exalumnos.

Podría comenzar con cualquier anécdota, pero lo evitaré porque quien me lea habrá visto u oído al menos una situación en la que verá concretada mi preocupación.

Me he topado a lo largo de ya décadas con personas -padres o madres de familia en general, pero también uno que otro abuelo o tío- que han olvidado que las personas somos eso antes que ser hijas o hijos, nietas o nietos, sobrinas o sobrinos.

La frase "es que uno haría cualquier cosa por un hijo" ha estado de muchas formas ante mí y la mayor parte de las veces de manera en realidad poco humanizante. Suele ser pronunciada por quien ha decidido actuar por encima de la capacidad de su hija o hijo para afrontar la vida o para aprender a afrontarla.

En nombre de la paternidad o la maternidad se es capaz de tomar las decisiones que corresponden a los vástagos, de encubrirlos, de querer tomar el lugar que estos tienen en la responsabilidad de los propios actos...

Y es que cuando se ve al hijo o la hija antes que a una persona se deja de lado lo más valioso que puede haber en el ser humano: la libertad; es decir, la capacidad de construir la propia vida, tomando decisiones para afrontar los desafíos que uno mismo tiene delante de sí; que nos plantean las relaciones interpersonales, que nos suponen el mundo en el que nos ha tocado vivir... Y hacernos cargo de lo que va sucediendo en el proceso, respondiendo a los efectos de nuestra propia vida, responsabilizándonos de las consecuencias de decidir, sean las que fueran; por desagradables que pudieran llegarse a presentar.

Nadie nace siendo libre. Hay que aprender nuestra propia libertad y solo se puede crecer libremente actuando como persona libre. Decidiendo por, con y para los demás, pero haciéndolo uno mismo.

Cuando se ve solamente al hijo o a la hija siempre viene la tentación de evitarle los dolores, los sufrimientos que implica decidir y se hace impidiéndolo decidir, asumiendo un papel que no corresponde y dejando de lado el que verdaderamente se necesita: acompañante de los procesos de libertad.

No digo que a las personas los padres las dejen abandonadas sin más a la vida, para que que se hagan responsables en absoluta soledad y en el total desamparo. Tamaña irresponsabilidad encontraría muy pocas posibilidades de ser excusada.

Lo que intento señalar es que traer personas al mundo nos pro-voca a convertirnos en acompañantes que estamos al lado de ellas, en mayor o menor medida según su edad y el aprendizaje de la libertad propia que vayan haciendo. Proteger, no sobreproteger; dialogar las posibilidades y no solo imponer lo que se considera que sea mejor para ellas; estar al lado para alegrarse con los aciertos y para sortear los sentipensares que devienen de los desaciertos.

Ser padre o madre es abrirse al aprendizaje de la confianza en las capacidades filiales; modelar formas de actuar y decidir, no suplantarlas; empoderar, no reducir a la impotencia.

Las personas vienen equipadas para construirse tales, para construir su pequeño mundo y aportar al gran mundo. Las herramientas humanizantes son las que tienen que ver con  la afectividad, la emocionalidad, la capacidad de entender y pensarse a sí mismo, a las relaciones, a los problemas y virtudes del mundo; las de interacción, colaboración, fraternidad, solidaridad y subsidiariedad; la toma de decisiones en pro del bien común y el individual. 

Y estas potencialidades humanizantes se desarrollan cuando la familia, las instituciones educativas cuentan con otras personas que acompañan el proceso de aprender a ser humanos; y se atrofian cuando los demás suplantan a alguien en la tarea de ser humanos.

Nada hay más doloroso que ver personas de 40 o 50 años, incluso un poco mayores que eso, incapaces de hacerse cargo de pagar la renta, de solucionar los problemas de tener una propia familia, de conservar un trabajo, de mantener relaciones a lo largo del tiempo, solo porque a sus papás se les olvidó que antes que hijos, son personas que vienen equipadas para irse formando en eso de ser más por, con y para los demás, humanizándose al encargarse del mundo, de la realidad que se los carga, pero que al mismo tiempo les da muchas oportunidades humanizantes. 

Mujeres y hombres reducidos a la niñez porque a sus papás los dominó el miedo a que sufrieran; porque los venció la desconfianza en ellas y ellos y solo confiaron en que por ser mamás o papás sí estaban maduros para enfrentar lo que viniera... Porque se les olvidó que un día no estarían y el mejor legado para alguien es que pueda ser muy él o ella misma, capaz de interactuar con, por y para los demás en esa tarea que llamamos vivir la vida.

Sí... Antes que hija o hijo se es y se está llamado a ser persona. 

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viernes, 21 de febrero de 2025

Compartir buenas noticias al educar: una misión trascendente para la escuela... ¿la única realmente viable?

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Edelvives -una editorial educativa internacional, perteneciente a la familia de los hermanos maristas- y UPAEP a través de la maestría en Innovación Pastoral en la cual doy clases, han lanzado un seminario virtual dedicado a educadores católicos y que ha sido muy bien acogido. Se cobija bajo el nombre de Emaús, que habla -como estos apuntes- de andar el camino. Ya había participado anteriormente en él.

Este año me invitaron para compartir mi experiencia y reflexiones en algo que me apasiona: el qué, el por qué y el para qué de la pastoral educativa en la escuela... o dicho de otro modo: la razón de ser de la escuela católica o de inspiración cristiana.

Antes de que mi lector salga corriendo por los significados muchas veces desfavorecedores de la expresión "pastoral educativa", permítame decirle que en este tema -como en muchos otros- no puedo desvincular mi propia historia y las convicciones más profundas, del diálogo que establezco con el público participante.

Y parto, en esta ocasión, de algo que llevo impregnado hasta los tuétanos: hay mujeres y hombres que hemos encontrado una buena noticia que no solo ha alegrado nuestros días, sino que nos hemos convertido con las palabras y las acciones en sus pregoneros: sí, sí es posible ser y vivir como persona nueva, renovada, capaz de poner su semilla para un mundo "más como Dios quiere" y hacerlo con alegría, fe, esperanza y mucho compromiso amoroso.

He dicho en otros espacios: de muy joven me encontré con Juan Bosco, un poco después con Ignacio de Loyola, Marcelino Champagnat y Juan Bautista de La Salle. Todos conocidos porque sus sucesores tienen grandes escuelas y sirven a través de ellas a millones de personas en el mundo. Ninguno de ellos -como yo tampoco- quería tener una escuela, poner una escuela, dar clases en una escuela. 

Cada uno, en su momento histórico, experimentó en lo más profundo de sí que Jesús vive y que es posible con él y en él ser personas libres, críticas, creativas, integradas afectivamente, fraternas y solidarias comprometidas de alguna manera con los desafíos de su tiempo (buenos ciudadanos) y en crear comunidades que vivieran una similar experiencia.

Y fueron a caer en la educación no formal y en la formal porque se dieron cuenta que educar es una manera natural de compartir que la persona nueva sí es posible. 

Una persona que tiene una mirada ética sostenida en una visión que se apoya en lo que le dan las matemáticas, las ciencias sociales y naturales la filosofía a partir de la cual es capaz de sumarse de alguna manera a la construcción del bien común en alguna de las miles y miles de tareas que pueden ocuparnos a los humanos.

Una persona capaz de interactuar con otros hasta llegar a formar comunidades familiares, laborales, en grupos sociales, que sean capaces de acoger a los otros y permitirse ser acogida. Comunidades que cuidan a sus miembros mientras cuidan el mundo a través de sus diferenciadas misiones. Comunidades comprometidas con el bien común y que articulan su vida con la persona al centro. 

Una persona que es capaz de buscar la verdad dándose a la tarea de entender cosas, de dialogar con el mundo, con la realidad contrastando su entender -lo que está en su cabeza- asintiendo, negando, respondiendo a los desafíos de lo que ellas mismas son y de todo lo que ellas no son, y que también existen favoreciendo, obstaculizando, posibilitando la vida humana digna.

Una persona que es capaz de ser servidora de los demás; es decir, que puede poner todo lo que es, lo que sabe, lo que tiene, al servicio de sí, pero también de los demás y del mundo que le tocó vivir; sin considerarse por ello inferior a nadie.

Y en la escuela: al dar clases, al propiciar un ambiente de convivencia pacífica, al posibilitar la participación de todos los miembros para ser realmente una común unidad de intenciones y acciones... se hace viva esa persona nueva, sin necesidad de "grandes tinglados" de parafernalia religiosa o laicista.

Bueno... de esas cosas hablé en una exposición de unos cuarenta minutos en el seminario y sobre eso dialogué con los participantes en otra tanda de más o menos el mismo tiempo en una sesión de preguntas y respuestas que me pareció interesante, porque muestra a mucha gente comprometida en hacer vida lo valioso de una educación milenaria puesta al día para los nuestros.

Es que sí, sí creo con la cabeza, el corazón y mis acciones que compartir buenas noticias al educar es una buena misión para la escuela y, para mí, la única posible y viable para realmente promover que quien sea parte de la comunidad educativa despliegue su potencial y lo comulgue con quienes coincide en ese momento de la vida y con quienes coincidirá en otros momentos y lugares.

Te comparto el diálogo que tuvimos en el seminario Emaús bajo el título ¿Qué significa vivirnos como escuelas en pastoral? Deseo que lo disfrutes tanto como yo lo hice. Te dejo el hipervínculo para que puedas ir a la grabación del "en vivo" que tuvimos a través del Facebook de Edelvives, que puedes ver a partir del minuto 10.30

https://www.facebook.com/share/v/1AFF7Rj1gR/




martes, 14 de mayo de 2024

¡Porque me vale, de veras me vale! Apunte sobre la formación del carácter...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este texto apareció en una primera versión en Liderazgo para la vida, No. 2, en mayo del 24. Es un newsletter producido y difundido por Raúl Arturo Sánchez Vaca... A él le agradezco la provocación para escribirlo.


Para algunos sonará a muy viejo… para otros sonará a algo desconocido, porque de ello casi no se habla: formar el carácter.

Hace algunos días mi amigo Raúl Arturo Sánchez Vaca me pidió que escribiera un texto sobre la formación del carácter. Después de pensarlo un poco, puse manos a la obra.

Así, en estas líneas te comparto mi reflexión sobre esta dimensión de la educación formal, informal, no formal que es infaltable si se quiere acompañar a las personas a ser lo mejor que puedan ser; si se desea que los ciudadanos seamos corresponsables de que este mundo sea mejor y que en el mundo del trabajo las personas puedan aportar realmente a sus equipos y, en última, a la misión que los convoca.

¿Qué es eso del carácter?

Vayamos al principio… Las mujeres y los hombres, para vivir, para construirnos personas (porque cuando nacemos lo único seguro es que está toda la vida por vivirla, todo está por ser excepto nuestra innata dignidad y derecho a ser humanos) necesitamos descubrir cosas que nos humanicen; esto es, que respondan a nuestras necesidades, superficiales y profundas, porque somos seres que carecemos de mucho y deseamos lo que remedia nuestra carencia.

Así deseamos el agua porque necesitamos hidratación; deseamos abrigo, porque necesitamos protegernos del clima y el tiempo; deseamos dormir, porque necesitamos descanso.

Cuando descubrimos algo que responde a nuestras necesidades, le otorgamos un valor, lo valoramos, lo consideramos valioso. Y es lo que valoramos lo que nos mueve para vivir: valoramos el agua y la buscamos; valoramos la amistad y la cultivamos; valoramos la verdad y tratamos de hacer coincidir lo que pensamos con lo que son las cosas realmente. Y es más valioso entre más colabora a que seamos más, por con y para los demás, encargándonos de construir un mundo un poco más humano.

En El hombre: un misterio, Ítalo Gastaldi, un educador salesiano, escribió que un valor es aquello que me saca de mi indiferencia existencial porque porta algo que contribuye a mi realización personal. Lo valorado nos afecta, nos mueve, pero también nos desafía a entender, a pensar, a reflexionar. Pone en juego todo lo que somos para que podamos ser lo que estamos invitados a ser.

Valoramos situaciones y cosas de distintos niveles: físicas, emocionales, sociales, intelectuales, artísticas, económicas, políticas, culturales, éticas, religiosas. 

Una persona de “carácter” es aquella que es capaz de vivir conforme a lo que ha descubierto valioso, porque contribuye a su realización integral (no excluye a los demás ni al mundo). Porque si algo es valioso para nosotros, pero no nos acercamos a ello, no lo buscamos, no lo hacemos nuestro, en el fondo no nos ayuda a ser humanos. Si yo valoro la amistad, pero no hago nada por cultivarla, por ser amigo, por aceptar la amistad que me brindan, nada pasa en mi vida y se pierde la posibilidad humanizante que nos da esto valorado; es decir, la amistad.

Podemos decir lo mismo del estudio, de la nutrición, de la salud visual, o del páncreas, o de resolver un problema que tenemos entre vecinos; de crear un ambiente constructivo de trabajo… Todas cosas que pueden remediar algunas de nuestras necesidad, que nos permiten ser personas, pero que si no nos movemos hacia ellas, nos quedaremos tal cual, carentes, necesitados, incompletos.

Cuando las personas somos capaces de vivir conforme a lo que valoramos, eso nos da identidad, nos conforma y nos da un talante personal, único, irrepetible. Existir así es el producto de un proceso de descubrimiento de las cosas que nos realizan, de otorgarles valor, pero también de aprender a priorizarlas en las situaciones de vida en las que nos encontremos, porque hemos entendido y podemos razonar qué contribuye más a nuestra realización integral en un momento específico y entonces, actuamos en consecuencia.

Formar el carácter

La formación del carácter es un proceso de acompañamiento para que las mujeres y los hombres descubramos cosas valiosas para vivir humanamente; para que aprendamos a hacerlas parte de nuestra vida, a interactuar con ellas… Hasta que se vuelvan parte de nuestros hábitos; es decir, de nuestras prácticas diarias y también hasta ser capaces de priorizar unas cosas valoradas sobre otras, dependiendo de la situación en la que nos encontremos. 

Se trata de una formación que se obtiene en la acción (que alguien te explique cómo funciona -como este texto- y que tú lo repitas en un examen, no significa que puedas integrarlo en tu vida) y la repetición por medio de la cual se vuelve totalmente parte de nosotros eso de descubrir lo valioso, decidir actuar conforme a lo valioso, situarlo en nuestras prioridades según las circunstancias en las que nos movemos.

La formación del carácter nos ayuda a vivir conforme lo que valoramos, a vivir nuestros valores. La falta de esta formación produce gente en la que del dicho al hecho es enorme el trecho… 

Las personas sin carácter quedan reducida a la liquidez, a la carencia de forma propia. Hablan de cosas valiosas, pero que no pueden vivir con ellas y conforme a ellas. Por ejemplo, la persona formada en el carácter que valora la lealtad, será leal; la que no, en algún momento terminará abandonando los compromisos y las acciones que ser leal requiere.

Nunca es tarde para formar nuestro carácter, aunque el tiempo de la formación inicial escolarizada o en movimientos de educación formal puede ser muy valioso en la educación integral de la persona, que toma en cuenta todas la dimensiones de la existencia, una de las cuales esta que hablamos. 

De hecho, los equipos de trabajo, las familias, los espacios sociales pueden ser excelentes ámbitos de formación del carácter, en la medida que sean lugares y espacios sociales en los que se propongan valores y se creen las condiciones para que los miembros de los grupos puedan intentar una y otra vez ser congruentes ente lo que viven y lo que han descubierto valioso. En los que se hable de los resultados de nuestras acciones, de la relación entre lo que hacemos y lo que hemos descubierto que vale la pena para humanizarnos.



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miércoles, 8 de mayo de 2024

¿Se vale creer en los maestros?

José Rafael de Regil Vélez

Una experiencia realmente placentera es reunirse con los amigos a conversar; mucho más si la charla avanza por esos derroteros que llenan las cosas que mueven nuestras vidas, que les dan sentido, significado, proyección y que se convierten en lo que compartimos, lo que comulgamos con ellos y -tal vez- con muchos más.

Hace algunas ayeres escribí un texto para reconocer a los docentes: Yo si creo en los maestros!!!. Surgió como reacción a una frecuente actitud descalificadora de la profesión de los educadores y como una forma de reconocer y celebrar la existencia de los educadores, del gremio de quienes nos dedicamos a esta profesión.

Con el mismo espíritu, me reuní en días pasados con Paulina Iturbide, con Martín López Calva, Pepe Sánchez Aviña y Juan Antonio Aldaco. Un pretexto fue el que nos convocó: poner en mente y corazón a los maestros. A los que somos nosotros mismos (todos somos docentes y lo hemos sido por años en diferentes niveles educativos), a aquellos que por diversos motivos en la vida nos ha tocado acompañar, formar, animar, sostener, reconocer. 

Con ellas y ellos hemos descubierto que sin ingenuidades vale la pena creer en el magisterio, en las personas de a pie que día a día en las aulas, los patios, el entorno escolar, van haciendo posible la labor educativa... esa que cambia vidas, que cambia pequeños mundos; la que hace que la realidad, que ámbitos de ella, pueden ser humanizados y humanizantes.

En nuestro ir y venir de palabras, ideas y emociones de esa tarde hemos comentado cómo mujeres y hombres de carne y hueso, con todos sus límites pero también con sus aciertos, se levantan cada día, abren universos para sus estudiantes en una ida a la playa, en un taller para afrontar la vida porque las y los jóvenes de su telesecundaria no irán a la preparatoria y deben tener las herramientas mínimas para la vida social y económica que ya viene... 

Hemos hablado de reconocer la labor docente, de lo necesario de dignificarla: porque creemos en ella y en quienes la encarnan cada día en cualquier lugar y con el recurso que realmente tienen al alcance en forma de edificios, papelería, materiales escolares... Porque creen en lo que hacen, porque siembran humanidad posible.



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miércoles, 31 de enero de 2024

Hay sueños seductores...

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor haz click aquí

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Ya he contado en estos apuntes cómo fue que coincidí con Don Bosco al andar la vida (te lo vuelvo a compartir: haz click en el título Don Bosco y yo en el camino). Ha dado una nueva vuelta al sol y hoy es nuevamente el aniversario de la muerte de este educador, cuya obra y sistema continúan vigentes a lo largo y ancho de los continentes, y no quiero que este día me sea igual de "plano" (para que entiendas mi alusión, puedes echarle un ojo a este apunte: La desgracia del tiempo plano: resignificar la vida resignificando los días).

Alguna vez, la verdad es que no logro precisar cuándo, escribí un texto para una publicación de la Universidad Iberoamericana en la que trabajé y lo llamé: Me gustan los sueños de los soñadores... En las primeras líneas de ese párrafo quería dar cuenta de una experiencia que me ha acompañado desde que muy joven decidí ser educador: la educación es una pasión por ser humano que se contagia. Y yo fui contagiado por soñadores que hoy reconocemos como personas importantes en y para la educación: Juan Bosco, Marcelino Champagnat, Juan Bautista de la Salle, Felipe Neri, José de Calasanz... Hasta el mismo Ignacio de Loyola que siempre me ha dado la impresión de ser un personaje adusto; aunque de gran trascendencia a lo largo de los siglos.

En ese momento intuía que todos ellos, y otros más con quienes me he topado personalmente a lo largo de mis ya no tan pocos años, coinciden en haber sido grandes soñadores. En algún momento de sus biografías encontraron cosas valiosas para ser humanos, tanto que les cambiaron la vida, y supieron que debían compartirlas... 

Y entonces soñaron en grande: soñaron en convocar a muchas y muchos; soñaron con formas de compartir la riqueza encontrada que fueran atractivas para los demás; soñaron la posibilidad de que su hallazgo perdurara en el tiempo dando forma a sus intuiciones en lo que hoy son grandes instituciones que educan formal e informalmente; que potencian desde múltiples perspectivas las posibilidades humanizantes de quienes a ellas acuden.

Y esos sueños me gustaron, me atraparon y yo mismo quedé contagiado y he sido soñador y de mis sueños han nacido muchas cosas: formación de educadores scouts, formación de profesores, instituciones de educación media llenas de innovación educativa sostenida en raíces de profunda tradición humanizante, muchas páginas escritas y horas y horas de conversaciones con miles de personas a lo largo de varias décadas ya.

En especial, los sueños de Don Bosco me parecieron seductores. Y no me refiero a esos relatos fantasiosos que él contaba a los suyos -muy posiblemente inventados como recurso didáctico para sumar mentes y corazones a su pasión por la educación humanizante-, sino al gran sueño que movió toda su vida: compartir con los jóvenes y con educadores de jóvenes la buena noticia que él encontró cuando se encontró con Jesús de Nazareth y que lo llevó a buscar por todos los medios que las personas se pudieran formar como buenos cristianos y honestos ciudadanos.

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Tan grande fue su sueño que al momento de morir habían nacido de su impulso escuelas generales y escuelas técnicas, obras de educación no formal, coros, talleres artesanales, imprentas y estaban presentes en varios países del mundo. Había tres grandes grupos de mujeres y hombres que podrían hacer cosas nuevas con su legado, como él dijo: darle color a su bosquejo. 

Conforme dialogué con él a través de sus escritos -abundantes-, de su biografía (extensa, 19 volúmenes en la versión más oficial) y con quienes me fueron acercando a él y que podrían ser llamados mis formadores, fui siendo seducido; en especial por su método educativo. Lo viví como educando, lo he vivido como educador y formador de educadores. Es el sueño seductor de quien desea encontrar los mejores caminos para que las personas puedan integrarse como tales, por, con y para los demás, siendo capaces hábilmente para dejar este mundo un poco mejor, para afrontar sus responsabilidades ciudadanas.

Se trata de un camino que involucra una praxis de comunión llamada asistencia -hoy: acompañamiento- en el cual se provoca y convoca a partir de encuentros afables, amables, corteses, cercanos que devienen en cercanía y confianza, las suficientes como para que se puedan compartir las cosas valiosas para ser integralmente humanos; que al apoyarse en cuestiones razonablemente humanizantes permiten comprender por qué, para qué y qué ser y hacer para poderse encargar de sí, por, con y para los demás y para encargarse del mundo: en un horizonte de trascendencia que da sentido último a los empeños de vida descubiertos y proyectados en comunión.

Y todo ello a través de medios que responden a las necesidades y búsquedas básicas que todos tenemos, a partir de nuestras dimensiones afectiva, lúdica, creativa (artística y tecnológicamente hablando);, solidaria y fraterna, veraz, libre y trascendente: el deporte, el juego, la expresión artística en todas sus formas, la formación en capacidades técnicas, tecnológicas e intelectuales, la creación de comunidades pequeñas y después de más grandes (comunidad de comunidades), de actividades formales e informales que propician el protagonismos de los involucrados: el disfrute de la vida, pues; la alegría como método y forma de estar y ser.

Sí, sueños seductores en cada una de estas dimensiones, que han sido motores en el dinamismos de lo que soy, de lo que hago, de lo que comparto y comulgo en las dimensiones personal y laboral. Y que he podido compartir, narrar, intentar concretar con muchas personas a lo largo de más de cuarenta años.

Que este sea mi homenaje para don Bosco soñador y para todos quienes soñamos que es posible vivir alegre y humanizantemente, a pesar de los mensajes de pesimismo que pregonan los profetas de la tristeza y el derrotismo. Que sigamos siendo seducidos y seductores de estos horizontes que hacen posible la existencia de lo humano, aquí y ahora, sea como semilla de mostaza. Feliz 31 de enero, una vez más.

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miércoles, 24 de enero de 2024

Si el odio empieza con las palabras... la paz comienza con la educación

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Las palabras construyen... aunque no siempre

No, no es nada agradable. Cuando en la calle, en el centro comercial, en un lugar de reunión social, en la escuela, en un lugar de impartición de justicia alguien -o "alguienes"- se refieren a nosotros con un lenguaje peyorativo, discriminatorio por ser del lugar que somos, o de la forma en la que profesamos nuestra religión, o por estudiar o trabajar donde lo hacemos... Incluso, la palabras pudieran no ser soeces, pero sí atacantes, denigrantes... 

Y no: no nos la pasamos bien, cuando menos; pero cuando más eso puede terminar en un enfrentamiento intenso y rápido o tenue y postergado, que a la larga mina la posibilidad de convivir pacíficamente; es decir, de interactuar entre nosotros para conseguir lo mejor para el grupo buscando con ello lo mejor para las personas.

Ese es el problema del discurso de odio: socava las posibilidades de la paz porque atenta contra la dignidad que cada uno tenemos independientemente de nuestra raza, lugar de origen, credo, cultura.

https://www.unesco.org/es/international-day-education

La Organización de Naciones Unidas (ONU) señala en su página sobre el discurso de odio (que no estaría de más que le echaras un vistazo: https://www.un.org/es/hate-speech/understanding-hate-speech/what-is-hate-speech)
En el lenguaje común, la expresión "discurso de odio" hace referencia a un discurso ofensivo dirigido a un grupo o un individuo y que se basa en características inherentes (como son la raza, la religión o el género) y que puede poner en peligro la paz social.
Para proporcionar un marco unificado en las Naciones Unidas que aborde este problema anivel mundial, la Estrategia y Plan de Acción de la ONU para la lucha contra el discurso de odio define este discurso como "cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, -o también comportamiento-, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etni, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad".
Lo hemos visto en las películas, pero estoy seguro que muchos lo hemos visto (imágenes, memes, letreros) o escuchado en nuestro día a día. Y cuando estamos en presencia de este discurso podemos sentir de cerca la vulnerabilidad, la fragilidad que producen la intolerancia y la exclusión: en el inmediato, en el mediano o el largo plazo puede ocurrirnos cualquier cosa de índole cibernética, psicosocial, incluso física que nos lastime, que nos impida el desarrollo y el tipo de vida libre a los que estamos llamados y a los que tenemos derechos.

En la educación abrimos posibilidades

Si bien, dado la arraigado que está en nuestras culturas el discurso de odio, hay posibilidad de trabajar por construir una forma distinta de comunicarnos, de relacionarnos, de incluirnos, de promovernos como seres humanos que podemos objetivar nuestra dignidad en formas de vida humanizantes y dignificantes.

Es posible revisar críticamente los mensajes que escuchamos en cualquier lugar, pero sobre todo en los medios de comunicación y las redes sociales; podemos examinar diferentes tipos de condiciones de relación interpersonal para entrever en ellas sus mayores o menores posibilidades en pos de la paz, del bien común. 

Podemos entender los aspectos sociales, comunicacionales, de interacción, de colaboración que nos permiten ser más por, con y para los demás, que nos dan mejores condiciones para encargarnos de la realidad que nos carga, de apuntar a un futuro sostenible.

https://www.un.org/es/hate-speech/impact-and-prevention/why-tackle-hate-speech

Hace no mucho escuché a dos jóvenes conversando: "yo pensé que la gente como tú era muy, no sé cómo, diferente a nosotros y ahora veo que eres bien buena onda"... "Yo pensé lo mismo de la gente como tú"... Y dada la espontaneidad en la que surgió el tema, me permití preguntarles: "y ahora, cómo lo ven" y me llamó la atención la respuesta: "es que él no es 'esa gente', sino que es mi amigo fulano".

Y todo había sucedido mientras convivían para salir adelante en un trabajo que realizaban en una comunidad rural y para el cual se habían inscrito. Allí les había tocado ser parte de un mismo equipo y la conversación, la labor compartida y el acompañamiento educativo les había permitido dejar de expresarse de cada quien en términos de la gente como tú, para hablarse por su nombre, con sus posibilidades, coincidencias y diferencias.

La educación, las experiencias educativas, pueden sembrar, cultivar y ver fructificar prácticas de inclusión, de tolerancia, de convivencia, de paz.

Es por ello que para el Día Internacional de la Educación 2024 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha decidido invitar a todos los ciudadanos del mundo, en especial de los estados miembros, a conmemorar la educación realizando diálogos y acciones sobre el "papel crucial que desempeñan la educación y los docentes en la lucha contra el discurso de odio".

Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, es enfática en su mensaje: sí, sí se puede construir la paz, sí se pueden generar formas de vida humanizantes y la educación es el gran aliado, el medio fundamental en el que las personas podemos buscar las estrategias adecuadas, las políticas públicas, las prácticas cotidianas que empujen hacia el respeto de los derechos humanos y la construcción de un sí se puede realista, que ya ocurre en el hoy y se vuelve fundamental en el mañana.

Porque si el odio empieza con las palabras, la paz empieza con la educación. Lo que aprendemos cambia nuestro modo de ver el mundo e influye en nuestra forma de tratar a los demás. Por tanto, debemos situar la educación en el centro de nuestros esfuerzos por alcanzar y mantener la paz mundial. En este Día Internacional, comprometerse a defender el derecho a una educación de calidad —que reconozca los derechos humanos de todas y cada una de las personas— significa comprometerse con un futuro pacífico para todas las personas, en el que cada cual pueda vivir una vida digna, con comprensión y respeto mutuos.

El Día Internacional de la Paz, conmemoración anual de los 24 de enero, a partir de su instauración en la 44 Asamblea General de la ONU, de 2018, es una oportunidad para mirar a nuestras familias, nuestras escuelas y a toda otra institución de educación formal o no formal y lo que en ellas buscamos para poder vivir hoy en paz y en un futuro sostenible... Todos tenemos una cuota educativa que jugar para con nosotros mismos, y nuestros contemporáneos: ¿cómo y para qué queremos jugárnosla? 

En un próximo apuntes presentaré un documento interesante que puede abrirnos pistas en distintos niveles y que fue producido por la propia ONU en su estrategia de prevención del genocidio: Afrontar el discurso de odio: respuestas educativas. Por lo pronto, puedes consultar su página: https://www.unesco.org/es/countering-hate-speech.

Si quieres leer los artículos de los apuntes surgidos en torno al Día Internacional de la Paz, puedes hacer click aquí... Allí encontrarás el apunte sobre por qué la escolarización es más que dar meras "clasesitas"...

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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Educación y discernimiento

 José Rafael de Regil Vélez y Ricardo Ismael Tun Santos

Una mirada a nuestra historia o a la de la humanidad (o ambas), muchas veces provoca desánimo: las mujeres y los hombres con mucha frecuencia tomamos decisiones desacertadas para construir un mundo más justo, humano, incluyente, compasivo, tolerante; o espacios personales de libertad y crecimiento integral.

En ese escenario es fácil, muy fácil, caer en el desánimo y buscar recetas para que todo salga bien; más todavía: intentamos poner las decisiones en manos de otro, alguien grande, trascendente, que se encargue de guiar nuestros destinos y enrutar nuestras acciones: Dios, el Estado, los actores religiosos, los líderes de opinión y gurús e influencers de momento.

Hay una pléyade de mujeres y hombres significativos, valiosos, que han vivido con intensidad sus vidas y que no podrían sino estar en desacuerdo con el derrotismo ético o la visión mágica moral de este o cualquier otro momento. Ellas y ellos saben lo que nos han compartido: que las personas venimos equipadas para decidir, para construir nuestro mundo interior y el interior (con los otros, con lo otro) en un proceso en el que sí hay lugar para lo humano y lo humanizante.

No hay ingenuidad. Conocen que muchas veces decidimos por ego, por falsas ilusiones de bienestar, de progreso, de control; que puede haber muchos factores que condicionan la libertad. Pero también saben que si pasamos eso por el tamiz ético -como el físico, que separa la arena de lo que estorba para la mezcla; o la harina para la repostería- podemos caminar la vida y lograr conciliación con nuestras decisiones que van sumando al proceso global de nuestra apuesta última de vida.... 

Y a esa experiencia centenaria le llamamos discernimiento... porque somos capaces de cerner las cosas de nuestra vida para apostar por las que en cada momento nos puedan acercar al fin último, trascendente, que puede dar sentido a nuestras apuestas de vida porque nos impulsa cual imán a ser más por, con y para los demás, encargándonos del mundo que nos carga.

Pero nadie nace sabiendo cerner, discernir... Hay que compartirlo de generación en generación y hacerlo de forma educativamente atinada. Hay una relación fundamental entre educación y discernimiento y de ella charlé el lunes 6 de noviembre de 2023 con Ricardo Tun; amigo, rector del Instituto Yucatán Península Misión, universidad presbiteriana en Leona Vicario, Q. Roo. 

Él y su equipo de trabajo apuestan por la formación integral, la que apunta a la libertad que da sentido a nuestro sentir, nuestro querer, nuestro entender, razonar y decidir. Agradezco que compartan el material con este blog.

Charlamos en perspectiva filosófica, teológica, educativa, porque todo ello confluye cuando hablamos de Educación y Discernimiento... y lo hicimos desde la convicción esperanzada de que no quitar el dedo del renglón es importante, máxime los tiempos de relativismo ético, de nuevas tiranías morales que nos toca vivir. Y lo hacemos porque estamos convencidos que en la acción libre, que nos libera y construye el mundo, las personas encontramos motivos de alegría, de consuelo, de experiencia de que vivir bien vale la pena.

Te invito a que puedas ver este diálogo y que nos compartas a través de las redes de los Apuntes tus sentipensares en esto de no bajar la guardia porque humanos somos y nada de lo humano nos es indiferente.

Da click sobre la imagen y serás vinculado a You tube para ver el video.


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domingo, 15 de octubre de 2023

"¡Yo no trato con peleles!" Escolarizados y, aun así, zafios...

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Todavía tengo en la memoria ese día. Estaba en mi oficina y una compañera entró para decirme -con gesto desconcertado- que había intentado atender a una persona, pero que ella no había aceptado hablar con ella, como indicaba nuestro procedimiento ordinario.

Al ser yo quien debía encargarse de recibir y escuchar al señor en cuestión, le pedí que pasara. Él, tan solo entrar, me dijo que ya había dicho que quería hablar con la directora y añadió con un tono que me pareció displicente y me resultó desagradable: "yo no trato con peleles", que en castellano significa muñeco de trapo, alguien de poco carácter, manipulable; aun cuando muy posiblemente quiso decir algo como "yo no trato con personas de "poca monta", con donnadie y antes que conmigo, con doñanadie.

Salvando la proposición del prójimo, pensé que algún asunto delicado debía abordar con la dirección. Pero el día de su cita, tras unos minutos en esa instancia, fue dirijido nuevamente a mi oficina para que lo atendiera: dar solución a lo que él necesitaba tenía que pasar necesariamente por mi tramo de gestión. Y como eso requería de varias entrevistas, tuvo que tratar con un pelele que resultó ser quien daba forma a su inquietud para que todo llegara a feliz puerto. 

Al final, ni agradeció, ni pidió disculpas, ni cambió su actitud; al menos no sino hasta cuando su hija me presentó con él, señalando lo mucho que la había apoyado durante el tiempo que coincidimos y lo importante que había sido mi acompañamiento para el logro de las metas formativas que ella se había propuesto.

Tantos años de escuela y...

La persona en cuestión contaba con estudios y al parecer con recursos económicos. Se ostentaba como dueño de una institución educativa y sin embargo se condujo en más de una ocasión como una persona zafia y tosca y  también prepotente. En su caso pensé: ¡tantos años de educación para terminar en esto!

Pero creo que me equivoqué: lo que estaba en juego eran muchos años de escolaridad, grados académicos. Pero no necesariamente formación para la convivencia, para sumar en lugar de restar por carencia de habilidades y actitudes fraternas, solidarias en la búsqueda de posibilidades humanizantes de vida.

Cuando se carece de esa formación puede ser que a uno crezca de manera específica en la capacidad de explicar fenómenos con los intermediarios epistemológicos que se aprenden en las asignaturas cursadas a lo largo de los años; incluso que se logre cierta maestría tecnológica y técnica para resolver problemas y plantear proyectos. Pero para convivir, intervenir, crear equipos, lazos familiares, vecinales, incluso ciudadanos, se está en un estado rústico, muy poco trabajado, sin pulimentar. Y entonces las condiciones para el bienser que supone el bienestar quedan hipotecadas.

He comentado más de una vez en los Apuntes que la construcción del yo por encima de los otros, o meramente a costa de los otros es solo una ilusión, porque nadie puede ser quien es y está llamado a ser si no es por, con y para los demás en la acción misma de solucionar los problemas individuales, sociales y ecológico-sustentables que se nos presentan para afrontarlos y crear condiciones de vida humana digna (Cuando el yo no es suficiente: ser por, con y para los demás y el mundoNo porque somos, sino para que SEAMOS personas: apunte sobre la solidaridad y la posibilidad de ser personaLibertad sin compasión: hipotecar la vida humana).

La buena educación, esa que comienza en casa y más allá de ella (La buena educación comienza... no solo en casa) y que es formación integral y para la vida incluye todas las acciones posibles para que las personas descubramos las herramientas de convivencia que tenemos y que nos permiten manejar la influencia de unos con otros, los conflictos, los proyectos que nos acercan a la consecución -de alguna manera- del bien común. 

Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, aprender a ser... cuatro pilares cuyo fruto, la educación para nuestro tiempo y que se adquiere en casa, en la escuela, en las instituciones sociales y estatales, nos permite no tratar a los demás considerándolos peleles, llenos nosotros de prepotencia, imposición e incluso de alguna forma con violencia, sino interactuar con personas, cada una de ellas; de manera sensible y sensata; compasiva y corresponsable. 

Convivir en la paz, para la paz (¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico), mujeres y hombres capaces de ser por, con y para... Que reconocemos en cada uno de los otros dignidad suficiente para ser interlocutores, colaboradores, copartícipes de este camino que llamamos vida.

Mucha escolaridad y educación como aquí se ha dicho no coinciden de manera espontánea, a menos que todos hagamos un serio esfuerzo, el de crear una escuela en la que sea posible educarnos; es decir,  formarnos para la vida, una en la que ser más por, con y para los demás, dejando este mundo un poco mejor que como lo encontramos, sí es posible. Y esa... es otra historia; al menos otro apunte.

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domingo, 24 de septiembre de 2023

Quien es tratado a la altura de las expectativas, es capaz de eso (y más)...

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


En alguno de mis devaneos internéticos fui a dar al sitio We are teachers: ideas and inspiration for reaching next generation  (Somos profesores: ideas e inspiración para llegar a las próximas generaciones). Allí me topé con un texto titulado "The Harvard trick that has transformed my classroom management" (El truco de Harvard que ha transformado la gestión de mi aula). El escrito me llevó a otro, de la afamada Harvard bussiness review, llamado "If your boss thinks you're awesome, you will become more awesome" (Si tu jefe piensa que eres increíble, serás aún más increíble)... y ambos me trasladaron hacia algunos lustros en el pasado.

Si a los jóvenes les pides mucho, te darán más



Corría el 2007. La institución para la cual trabajaba acababa de decidir fundar un par de escuelas de educación media superior tras más de 40 años de experiencia nacional y casi 25 regional en educación superior de alto nivel. 

Como se puede suponer lógicamente, la primera camada de responsables de esas preparatorias nos preguntábamos cómo tratar a los estudiantes de 15 años que estábamos recibiendo y con los que comenzaríamos un proyecto que podría resultar trascendente por sus inmensas posibilidades educativas. Las opiniones y actitudes pronto se dividieron.

Por una parte, se encontraban quienes pensaban que los muchachos estaban lejos de lo que debería esperarse de ellos, que seguramente nos fallarían actuando de manera infantil e indisciplinada. Se prepararon para actuar en consecuencia: frecuentes discursos recordándoles lo mucho que debían mejorar; señalando la forma continua en la que defraudaban lo que se habría que suponer como un comportamiento académico y conducta (disciplina) de ellos y cuidándolos como los incapaces que se les veía: recuerdo cómo en las reuniones que teníamos había profesores pasando por entre las filas callándolos, quitándoles los teléfonos celulares, retirándolos del auditorio en el que nos encontrábamos.

Creo que lo mismo llegó a pasar con el profesorado. Hubo mucha rotación en ese tiempo, porque los profesores continuamente eran mal evaluados o renunciaban por no "sentir que llenaban los zapatos", porque sus jefes les hacían saber lo lejos que se encontraban para el logro de la misión que les había sido encomendada. En las reuniones siempre se hablaba de todo lo no logrado (en gran parte por falta de experiencia en educación media de tipo universitario), de lo incapaces que eran los educadores y lo mucho que habría que recorrer para llenar el perfil desde el que se les veía y evaluaba.

Por otra parte estábamos quienes tuvimos que ser realistas. El plantel que había quedado a mi cargo solo contaba con una administradora, un compañero educador de tiempo completo y conmigo, director y también educador y muy pocos recursos en inmueble y condiciones "ideales".

Yo me formé en la pedagogía salesiana. Uno de mis formadores nos dijo: "si a los jóvenes les pides mucho, te darán todavía más; si les pides poco, te darán nada": quedó grabado en mí, porque en mucho explicaba la forma en la que se nos trataba, dándonos responsabilidades desde los 15 años. 

Y bajo esa premisa, que pretendía sintetizar la actitud de Don Bosco -pedagogo italiano del XIX- ante sus muchachos, invitamos a los estudiantes de la primera generación a dar mucho: simple y sencillamente porque eran capaces, solo que no habían tenido la oportunidad de experienciarlo, de caer en cuenta y volverlo parte de su forma de entenderse y actuar. Y sí: pasó que dieron más.

El paso del tiempo mostró que no estábamos para nada lejos de la realidad. Resultó que pensar que estábamos por encima de lo que en otras instituciones se esperaba de jóvenes de 15 años, considerados ordinariamente inmaduros, adolescentes, irresponsables, incapaces de responder por su disciplina y dependientes de la heteronomía conductual típica de las instituciones de educación básica y media.

Confiando unos en otros pudimos hacer muchas cosas: que los estudiantes y profesores tuvieran obra publicada, materiales para diversos proyectos sociales; que hicieran ponencias para coloquios que les permitían dialogar suficientemente bien con académicos universitarios, incluso sin haber terminado los jóvenes la preparatoria; que se encargaran del diseño y gobierno básico de las actividades que los involucraban: campamentos, experiencias rurales. Incluso: que cuando hubiera desatinos, nos sentáramos a dialogar sobre la manera en que deberíamos entre todos llegar a la solución, asumiendo también responsabilidades individuales y llegando a lo que hoy se llaman acuerdos restaurativos

Lo mismo pasaba con los profesores, no formados para confiar en los estudiantes, tampoco en ellos mismos. Conforme se fueron sumando al proyecto decidimos crecer sin libros de texto, determinar en las guías de curso solo contenidos fundamentales sin enredarnos en el cúmulo de "temas" que suelen desarrollarse en las asignaturas. Confiando en que los profesores son capaces de ser mucho más académicos que meramente maestros de preparatoria, nos impusimos reflexionar compartiendo en simposios, innovar metodologías didácticas y por supuesto educativas. Y sobre todo, que ellos le pidieran a los jóvenes no menos de todo lo que realmente eran capaces si se les permitía crecer y sacar lo mejor de ellos mismos.

Fueron capaces de sumarse a la evaluación integradora, a la invención de los diálogos evaluativos, de las ferias escolares, de los rallys históricos, el voluntariado de verano, las experiencias de contacto con la realidad social, la creación de actividades complejas de aprendizaje en los que estuvieran docentes de diversas asignaturas involucrados para que los estudiantes aprendieran a administraer tareas, recursos, organizaciones en torno a desafíos académicos de casi 16 semanas de duración, con el saldo de productos validados por profesionistas de distintas áreas.

Ese conjunto de estudiantes y docentes considerados por encima de las expectativas comunes eran comandados por académicos jóvenes, los más "viejos", cuarentones como yo: las coordinadoras apenas llegarían a los 30. Nosotros también nos vivíamos en el nivel que nos propusimos, capaces de hacer cosas incluso si no había bilbliografía ni autores que hablara mucho de ello.

El modelo funcionó, porque realmente confiábamos en estar a la altura y no nos deteníamos en pensar que podría ser de otra manera y mucho menos nos ocupábamos en detenernos en recriminarnos por estar por debajo de las expectativas, creando la sensación de incapacidad. Si evaluábamos y algo salía mal, reformulábamos las hipótesis de trabajo y nos lanzábamos siempre en pos del "más", del magis ignaciano, sello de la casa.

Me atrevo a decir que todos crecimos en autonomía colaborativa, en la capacidad de tomar los desafíos que la vida diaria nos presentaba y buscar soluciones, innovar posibilidades, crear condiciones para ser las mejores personas posibles en la mejor institución que nos fuera posible vivir.

Conectábamos razón y corazón, afinábamos la confianza y la cercanía y la creatividad y fuimos muchas veces bien evaluados por la vicerrectoría a cargo de nuestro proyecto. Sucedió que cuando terminó mi tiempo en ese plantel, el vicerrector y su sucesor me pidieron explícitamente que replicáramos el modelo y el método donde no se había podido lograr en más de 7 años, con saldo de problemas infantiles de disciplina, de bajo nivel académico, de heteronomía innecesaria que se reflejaba en el paso del bachillerato a la licenciatura. 

Los exalumnos y los excompañeros educadores muchos de ellos han logrado buenos resultados en lo que decidieron al paso del tiempo, y lo sé porque nos mantenemos en contacto y compartimos que siguen ocurriendo cosas buenas en nuestras vidas.

Cuando se confía en las personas... y se les permite ver la confianza



En el 2015 Jack Zenger y Joseph Folkman publicaron en la afamada revista Harvard Bussiness Review las conclusiones de un estudio que hicieron en el 2013, tras observar en una gran organización que había jefes que evaluaban negativamente a sus empleados y continuamente reforzaban en ellos que dejaban de estar a la altura de las expectativas de la empresa (lo que significaría que no llegaban y que había alguna desconfianza hacia ellos, incluso de ellos hacia ellos mismos) y otros que al evaluar positivamente a los miembros de sus equipos los consideraban adecuados para sus tareas, capaces de desempeñarse convenientemente. El 14% de los primeros tenían que trabajar en áreas de mejora y solo el 3% de los segundos.

En palabras de los autores, expertos en gestión de equipos y liderazgo: "Las personas que recibieron calificaciones más positivas se sintieron animadas y apoyadas. Y ese voto de confianza los hizo más optimistas sobre las mejoras futuras. Por el contrario, los subordinados calificados por los gerentes consistentemente más duros estaban confundidos o desanimados, a menudo ambas cosas. Sintieron que no los valoraban ni confiaban en ellos y que era imposible tener éxito. Estos sentimientos se tradujeron directamente en niveles más altos o más bajos de compromiso [...]"

Más todavía: los jefes que otorgaban bajas calificaciones eran calificados negativamente como líderes (sus áreas tenían menores resultados) y los otros, calificados positivamente, respaldados también por los resultados de sus áreas (no solo se trataría de una especie de comercio afectivo del tipo "me consientes y te consiento")

Terminan su escrito los autores: "¿Es posible, entonces, que si un jefe piensa que eres genial, te vuelvas aún más genial? A nivel personal, es difícil de descartar. Hemos hablado con cientos de líderes cuyos jefes pensaban que eran fantásticos y sabemos que el impacto es real".

En el artículo de We are teachers Captain Awesome (seudónimo del autor) resume: "Los estudiantes (y los adultos) no alcanzan el nivel de nuestras expectativas declaradas. Cumplen lo que ya creemos sobre ellos".

El mecanismo es más o menos el mismo que guiaba el proceder de Don Bosco, que fundó el modelo educativo salesiano en el que fui formado, seguido por millones de personas en el mundo y que ha tenido gran impacto en la vida de personal, comunitaria y ciudadana en prácticamente todo el orbe. 

En el 2009, Natale Vitali decía a los salesianos de Chile: "Este es el secreto de Don Bosco. Confiar en los muchachos y ayudarles a que saquen dentro de sí las mejores energías para desarrollarse y vivir como personas" y es que los jóvenes educados con Don Bosco lograban cosas impensables, salir de prácticamente la nada y hacer sus vidas con provecho la mayor parte de ellos. Algunos destacaron en sus ámbitos de acción y la mayoría en el anonimato, pero habiendo sacado lo mejor de sí mismos.

Optimismo en las posibilidades humanas, confianza, diálogo, retroalimentación: base de la interacción humana en la que son posibles los procesos humanizantes, que a pesar de los yerros, descalabros, altibajos, haya espacio para el crecimiento personal, para las relaciones que logran en alguna medida el bien común, para que esta, nuestra casa común sea eso y no solo un lugar de explotación.

Porque quien es tratado a la altura de las expectativas, es capaz de eso... ¡y más!

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