Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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domingo, 13 de julio de 2025

La educación de los leones no es como la pintan... ¡ni los leones tampoco!

 José Rafael de Regil Vélez. si quieres conocer más del autor haz click aquí

Desde el 2007, cuando fui invitado a dejar de trabajar exclusivamente con estudiantes de licenciatura y posgrado para encargarme de la dirección de una preparatoria, muy rápidamente comencé a escuchar frases de parecidas a "qué difícil es trabajar con los chavos de prepa", o "vaya que los maestros la tienen difícil con muchachos de esa edad".

Supongo que los comentarios provenían de la propia experiencia juvenil, de las relaciones tenidas con hijos o sobrinos de entre 15 y 20 años o por la muy extendida idea del "difícil periodo de la adolescencia".

Han pasado más de 13 años. Y entonces como hoy sigo pensando: el león no es como lo pintan... Y es que en realidad me parece que cuando lo pintan lo hacen por lo que imaginan que es; por esa común distorsión que nos lleva a adoptar lo que se dice, todos instalados dentro de la misma caja, mirando lo que siempre nos han dicho que debemos ver y que a fuerza de repetirlo nos parece real.

Vivimos instalados en la creencia de que dado que los adolescentes, chicos o niños, como se les suele llamar, son demasiado ligeros, irresponsables, rebeldes; que no quieren tener que ver con los adultos con quienes existe un abismo generacional prácticamente infranqueable. Y apoyan sus constructos en los casos en los que los estudiantes de bachillerato, incluso de inicio de la universidad, rayan carros de profesores, se muestran rebeldes, "contestones y criticones"; en el desmedido relajo que echan cuando están juntos en el lugar al que los educadores los obligan a ir. 

En las escuelas, cuando se lleva a los alumnos a un auditorio, se pido a los docentes que se den vueltas en los pasillos, que los cuiden -como sinónimo de que los vigilen- porque al león hay que domarlo, someterlo... "¿educarlo?".

La "educación del león"

Comúnmente se piensa que al león hay que educarlo a partir de la desconfianza: en su capacidad intelectual, ética, de autodisciplina. Así hay que "controlarlo", diseñar las formas de relación suponiendo de antemano que en cualquier forma los leones son por naturaleza transgresores, incapaces de tomar decisiones y afrontar las responsabilidades de lo que eligen y hacen. A los leones nada les importa y no tienen valores. Ya no son como antes, en ese mundo idílico de la juventud de los educadores donde NOSOTROOOOOSSS sí teníamos valores, deseábamos aprender, nos comprometíamos con disciplina.

Y así... de tanto desconfiar, pareciera que estamos decididos a condenar a la infantilidad a quienes ya pueden ir haciendo su camino: los sobreprotegemos, para después quejarnos de que nada funciona con ellos... Generación, tras generación.

San Juan Bosco, allá en la primera mitad del siglo XIX, dos centurias hace, se enfrentó a desafío de educar jóvenes. Los albores de la revolución industrial en Turín conocían de la capacidad "feroz" de los "leones ". Tras años de guerras, perdida la población masculina "adulta" con hambre en las casas, multitudes de menores bajaban a la ciudad para buscar trabajo encontrando muchas veces explotación y muchas otras nada. Unidos para sobrevivir, delinquían, parecían incorregibles. 

El sacerdote de origen campesino, que se sentía fuertemente invitado a hacer algo, pronto aprendió que había que mirar a los muchachos de otra manera, desde otra perspectiva, una real. Y para ello había que repensar también el rol mismo del educador. 

Pronto descubrió que no es verdad que los jóvenes no quieren tener que ver con los adultos; es más, se mueren de ganas de una presencia adulta en su vida; pero no cualquiera, sino de alguien cercano y al mismo tiempo razonable que muestre opciones para ir haciendo la vida de manera sensata... 

Y no por mero discurso y pontificaciones, sino porque se crean las condiciones para vivir las experiencias que lleven a ver, escuchar, oler, palpar, gustar, imaginar, formas de vida. 

El compromiso real con los jóvenes llevó a Don Bosco a vivir una educación que sí educa: diseñada de manera razonable, con una clara teleología y con una axiología definida (fines y valores humanizantes claros) se invita y acompaña a los dicentes -palabra hoy de moda- a ser lo que siempre debieron ser: protagonistas de su formación; acompañados para reflexionar lo que van viviendo; para ajustar sus acciones con la propuesta que se les hace; formándose mediante la participación en las actividades que preparadas con ellos y para ellos.

Educación juvenil en una libertad progresiva y acompañada para decidir como fruto de discernimiento y no de la mera impulsividad y que es capaz de ir comprendiendo las consecuencias de su actuar y responde ante ellas para sacar lo mejor posible y seguir construyendo una convivencia en la que la comunidad se educa viviendo los valores que la convocan y para los que forma.

Se trata de una forma de educar que parte de la confianza, que sabe que toda persona viene "equipada" para ser la mejor persona que puede ir siendo, vez por vez, en un proceso individual y comunitario; en un ambiente de familiaridad en la que muchos se pueden sentir invitados a sacar de sí la mejor persona que puede ser; el mejor ciudadano y -en términos del sacerdote educador- el mejor cristiano que le toque ser, en el mundo que le toque vivir.

A la educación de jóvenes en las que se les acompaña creando condiciones para que se vuelvan protagonistas de las experiencias y las reflexiones que les permitan formarse, en la que se les acompaña con mucho diálogo y con preguntas finas para entender realidades, ver posibilidades y encontrar valores, se le denomina hebegogía... 

Y la hebegogía la típica educación de jóvenes que nos han pintado; sino una en la que realmente se avanza desde lo que se es, a lo que puede ser; partiendo del mundo que ha tocado vivir y avanzando aunque sea milimétricamente al que es posible construir para vivir aunque sea un poco más humana y dignamente. 

Y el león no es como lo pintan; sino una persona

Si algo he aprendido a lo largo de cuatro décadas de educador; es que hay cosas que los humanos hacemos; por ser personas, no por ser jóvenes o adultos. Cada uno no sabemos cómo reaccionaremos en un apasionamiento, somos capaces de mentir como primera reacción para proteger nuestro yo expuesto, incumplimos compromisos, nos rebelamos ante imposiciones que nos parecen insensatas (aunque sea de manera soterrada y silente). 

Como director de bachillerato he visto comportarse de manera muy similar a estudiantes, profesores y padres de familia. Y he visto que cuando los educadores partimos de esta realidad compartida y entendemos que tenemos que crear las condiciones para poder convivir partiendo de esta realidad pero apuntando a las posibilidades humanizantes que tenemos todos, a cualquier edad, y ponemos la experiencia de haber ido aprendiendo a personalizarnos al servicio de la experiencia de quienes nos siguen, nuestros sucesores, todos nos formamos: inicial y continuamente.

El joven es una persona. Desea lo que necesita para construirse persona. Valora cuando encuentra cosas que realmente son sensatas para construirse humano. Viene equipado para ello.

Con toda honestidad puedo decir que en mis años de educador juvenil y de formador de educadores juveniles no he encontrado la caricatura que siempre escucho decir cuando los "adultos" se refieren a los "muchachos", ni he experimentado que la labor sea algo difícil. Solo se trata de partir de la humanidad compartida de manera cercana, afectuosa, amable, y de dialogar una y otra y otra vez para encontrar lo más razonable para construirnos humanos. 

E irlo haciendo cada vez más profesionalmente, sistematizando métodos, materiales, estructurando formas de relacionarse y convivir para que las personas -que no leones- vivan experiencias hebegógicas, que no domesticación de los felinos tan traidos y llevados en estas líneas.

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martes, 8 de julio de 2025

Antes que hija o hijo... Se es y se está llamado a ser persona

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí 

Escribo estos párrafos en el contexto del cierre de un ciclo escolar. En los últimos días han venido a mí diversas escenas vividas por mí, y las narraciones que he escuchado o leído de mis colaboradores y exalumnos.

Podría comenzar con cualquier anécdota, pero lo evitaré porque quien me lea habrá visto u oído al menos una situación en la que verá concretada mi preocupación.

Me he topado a lo largo de ya décadas con personas -padres o madres de familia en general, pero también uno que otro abuelo o tío- que han olvidado que las personas somos eso antes que ser hijas o hijos, nietas o nietos, sobrinas o sobrinos.

La frase "es que uno haría cualquier cosa por un hijo" ha estado de muchas formas ante mí y la mayor parte de las veces de manera en realidad poco humanizante. Suele ser pronunciada por quien ha decidido actuar por encima de la capacidad de su hija o hijo para afrontar la vida o para aprender a afrontarla.

En nombre de la paternidad o la maternidad se es capaz de tomar las decisiones que corresponden a los vástagos, de encubrirlos, de querer tomar el lugar que estos tienen en la responsabilidad de los propios actos...

Y es que cuando se ve al hijo o la hija antes que a una persona se deja de lado lo más valioso que puede haber en el ser humano: la libertad; es decir, la capacidad de construir la propia vida, tomando decisiones para afrontar los desafíos que uno mismo tiene delante de sí; que nos plantean las relaciones interpersonales, que nos suponen el mundo en el que nos ha tocado vivir... Y hacernos cargo de lo que va sucediendo en el proceso, respondiendo a los efectos de nuestra propia vida, responsabilizándonos de las consecuencias de decidir, sean las que fueran; por desagradables que pudieran llegarse a presentar.

Nadie nace siendo libre. Hay que aprender nuestra propia libertad y solo se puede crecer libremente actuando como persona libre. Decidiendo por, con y para los demás, pero haciéndolo uno mismo.

Cuando se ve solamente al hijo o a la hija siempre viene la tentación de evitarle los dolores, los sufrimientos que implica decidir y se hace impidiéndolo decidir, asumiendo un papel que no corresponde y dejando de lado el que verdaderamente se necesita: acompañante de los procesos de libertad.

No digo que a las personas los padres las dejen abandonadas sin más a la vida, para que que se hagan responsables en absoluta soledad y en el total desamparo. Tamaña irresponsabilidad encontraría muy pocas posibilidades de ser excusada.

Lo que intento señalar es que traer personas al mundo nos pro-voca a convertirnos en acompañantes que estamos al lado de ellas, en mayor o menor medida según su edad y el aprendizaje de la libertad propia que vayan haciendo. Proteger, no sobreproteger; dialogar las posibilidades y no solo imponer lo que se considera que sea mejor para ellas; estar al lado para alegrarse con los aciertos y para sortear los sentipensares que devienen de los desaciertos.

Ser padre o madre es abrirse al aprendizaje de la confianza en las capacidades filiales; modelar formas de actuar y decidir, no suplantarlas; empoderar, no reducir a la impotencia.

Las personas vienen equipadas para construirse tales, para construir su pequeño mundo y aportar al gran mundo. Las herramientas humanizantes son las que tienen que ver con  la afectividad, la emocionalidad, la capacidad de entender y pensarse a sí mismo, a las relaciones, a los problemas y virtudes del mundo; las de interacción, colaboración, fraternidad, solidaridad y subsidiariedad; la toma de decisiones en pro del bien común y el individual. 

Y estas potencialidades humanizantes se desarrollan cuando la familia, las instituciones educativas cuentan con otras personas que acompañan el proceso de aprender a ser humanos; y se atrofian cuando los demás suplantan a alguien en la tarea de ser humanos.

Nada hay más doloroso que ver personas de 40 o 50 años, incluso un poco mayores que eso, incapaces de hacerse cargo de pagar la renta, de solucionar los problemas de tener una propia familia, de conservar un trabajo, de mantener relaciones a lo largo del tiempo, solo porque a sus papás se les olvidó que antes que hijos, son personas que vienen equipadas para irse formando en eso de ser más por, con y para los demás, humanizándose al encargarse del mundo, de la realidad que se los carga, pero que al mismo tiempo les da muchas oportunidades humanizantes. 

Mujeres y hombres reducidos a la niñez porque a sus papás los dominó el miedo a que sufrieran; porque los venció la desconfianza en ellas y ellos y solo confiaron en que por ser mamás o papás sí estaban maduros para enfrentar lo que viniera... Porque se les olvidó que un día no estarían y el mejor legado para alguien es que pueda ser muy él o ella misma, capaz de interactuar con, por y para los demás en esa tarea que llamamos vivir la vida.

Sí... Antes que hija o hijo se es y se está llamado a ser persona. 

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lunes, 30 de julio de 2018

Las mamás alergénicas y la formación (poca) de la criticidad

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocerlo haz click aquí

¡Cuidado con la salud!

Hace algunos años un conocido pasó un momento complicado por querer un poco más de salud. Resulta que años atrás se comentó en noticieros y publicaciones que los hallazgos de especialistas indicaban que el ácido acetilsalicílico tiene propiedades que hacen la sangre más líquida. El sentido común marcaría que consumir una media pastilla de este fármaco prevendría la aparición de embolias o cualquier mal ocasionado por coágulos en el sistema sanguíneo.
     Pues bien, el susto vino porque la persona en cuestión sufrió un derrame en el aparato gástrico y no parecía que hubiera poder humano capaz de arreglar una sangre demasiado líquida para permitir la coagulación.
      En las culturas urbanas occidentales -con un ejército de mamás a la cabeza- suele haber una especie de devoción por todo lo que tiene que ver con la salud: alimentación orgánica, higiene en todos los ambientes, remedios de todo tipo. Y eso puede tener consecuencias, no precisamente las deseadas.

Mamás alergénicas

      En alguna ocasión conversé con una epidemióloga de la Organización Mundial de la Salud (OMS),  quien me decía que en muchos países -especialmente los desarrollados- pareciera aumentar de manera preocupante la cantidad de personas que presentan cuadros alérgicos. Y lo preocupante viene de que el incremento es debido, muy posiblemente, no a los factores tradicionalmente alergénicos, sino a las propias familias.
      Hoy las mamás con cierta educación intentan cuidar de la mejor manera a sus hijos, al grado que llegan a sobreprotegerlos: el cuidado se vuelve en su contra. 
https://pixabay.com/es/diente-de-le%C3%B3n-maleza-naturaleza-1123445/

      Las progenitoras en su búsqueda de condiciones óptimas de crianza compran  alimentos libres de cualquier cosa que pudiera parecer extraña, proporcionan agua sin ningún tipo de organismos que pudieran atentar contra sus niños; no los dejan jugar en el lodo, ni en los juegos públicos o en los parques vecinales. Se sienten orgullosas de que sus pequeños están tan bien cuidados que no deberían sufrir enfermedades. Son paladinas de la asepsia y la antisepsia.
      Pero eso se ha ido convirtiendo en un problema. La British Broadcasting Corporation (BBC), de Londres, publicó en su portal "Mundo" un interesante trabajo sobre el tema titulado Es mejor ser más sucios (https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/02/110214_salud_alergia_higiene_mr): el exceso de higiene que obsesiona a las mamás se vuelve alergénico y engendra un problema de salud pública que todos terminamos pagando: los niños crecen con innecesarias propensiones a las alergias.
      La investigación del periodista británico Dan Cossins puso sobre la mesa trabajos realizados en diversas instituciones en los que se muestra que en los países con mejores condiciones de bienestar ha aumentado el número de personas que sufren de alergias.
      Una teoría prima sobre las demás para explicar esta tendencia que pareciera ya epidémica: la "hipótesis de la higiene", emitida en 1989 por David Strachan, del Hospital Universitario San Jorge, de Londres.
     Esta surgió tras observar que quienes durante la infancia habían sufrido enfermedades graves eran menos propensos a sufrir alergias, que quienes no habían enfermado en la infancia.
      La explicación apunta a que el estilo de vida demasiado limpio de los países occidentales vuelve -por decirlo de alguna forma- ocioso e inmaduro al sistema inmunológico, el cual ataca las moléculas extrañas con las que se topa, aun cuando fueran inicialmente inofensivas. Si los niños son un poco más sucios y se enferman un poco más podrían ser adultos más sanos.
      Las personas que conviven desde chicas con microorganismos “amistosos” van preparando su cuerpo para que actúe en los momentos precisos, pues estos estimulan la inmunidad humana. Su carencia provoca que el organismo reaccione inadecuadamente a agentes como el polvo de los peluches, el pasto, las plantas o el pelo de los animales.
      La sobreprotección de los niños no sólo los incapacita para la vida social sino que los coloca en desventaja fisiológica para afrontar la cotidianidad. 

Un remedio: el pensamiento crítico

Sigue siendo pertinente llamar la atención sobre la necesidad de educación continua de los padres de familia, en especial de quien tenga la cotidiana responsabilidad del cuidado y la educación de los hijos.
      Hoy se cuenta con un acceso descomunal a todo tipo de información. Una persona medianamente educada puede consultar cientos de páginas de internet y hacerse ideas verosímiles del funcionamiento de la realidad, pero parciales, incompletas, con consecuencias desafortunadas como en el caso referido al inicio de esta colaboración o las que indican los estudios epidemiológicos en torno a las alergias.
      La formación del pensamiento crítico es un camino de toda la vida. Es una actividad ardua, porque supone aprender a buscar los datos más pertinentes posibles que estén a disposición, intentar formas de procesarlos para lograr el entendimiento de los fenómenos que permita hacer juicios sobre lo real, que sean adecuados, atinados. Las valoraciones y las decisiones que seguirán a este proceso seguramente serán más ecuánimes.
      Nadie, por más informado que esté, puede garantizar conocer y entender todo lo que le es relativo, pero sí la persona crítica, en proceso de formación permanente, puede comprometerse en mantenerse atento para entender su cotidianidad y realizar los juicios necesarios para construirse persona. Se allega las herramientas de experiencia, entendimiento, juicio que le son necesarias para moverse de forma adecuada con la realidad.
      Las escuelas, por lo general, han dado información, pero no siempre han formado para ser críticos; para ver la relación entre lo que se piensa y lo que se vive, para dudar, para buscar información más valiosa. Escinden pensar y vivir: esa ha sido su gran deuda social porque han formado personas que leen y reciben conocimientos que no logran relacionar con su vida diaria. Lo bueno es que eso puede tener remedio: formarse para pensar críticamente es posible en cualquier momento de la vida.


      Las instituciones educativas y las familias tienen el enorme compromiso de preparar para la vida. Seguramente si las mamás alergénicas hubiesen sido mejor formadas en la escuela para ser personas críticas, dañarían menos a sus hijos en nombre de un amor que por falta de lucidez sobreprotege. Y los demás no pagaríamos los platos rotos.


Publicado: E-consulta, 02 de marzo de 2011. Actualizado el 30 de julio de 2018.