Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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lunes, 3 de febrero de 2025

Afrontar el vértigo... de la incertidumbre

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí.

He sufrido vértigo de diferentes maneras, esa nada grata sensación de mareo e inestabilidad que hace sentir que uno se va a caer. El vértigo por altura es horrible. 

Recuerdo una ocasión, que subí al monumento de la Revolución, en la ciudad de México: conforme ascendíamos comencé todo comenzó a moverse, sentía una contracción en el estómago y cosquilleo por toda la parte media del cuerpo y comencé a experimentar ansiedad. Quería acabar lo más rápido con ese suplicio, replegarme junto a las paredes para sentirme más seguro, menos expuesto. De alguna manera eso palió mi malestar, pero no fue la solución. 

Cuando regresé al nivel de piso (planta baja) y pude volver a poner todo en perspectiva, todo cobró un nuevo rostro, dando pie -incluso- a la risa.

Hace unos cuantos días leí en el Facebook de mi hermano Francisco un texto publicado por un excompañero suyo en la licenciatura de ingeniería mecánica. En el escrito de su blog (Teorías de la conspiración, que te recomiendo por su contenido y el buen estilo de su autor) Luis Iturriaga discurre sobre la escapatoria fácil que son en última instancia las teorías conspirativas, que pertenecen a los sesgos cognitivos con los que los seres humanos afrontamos de manera fácil, simple -simplona o simplista- las cosas que no entendemos, que nos producen vértigo nomás de pensarlas en su complejidad o en su mediatez (o sea, que necesitamos utilizar algunos medios lógicos para explicarlas de mejor manera).

Y es que cuando tratamos de explicar cosas que desbordan nuestros conocimientos cotidianos, que cuestionan nuestro sistema de creencias sentimos "mareos y que nos vamos a caer", una experiencia de vértigo mental. Las cosas inciertas nos producen inseguridad y muchas veces ansiedad: no nos permiten vivir en paz respecto de lo que no entendemos.

En lugar de allegarnos con más paciencia mejor información, echamos manos de explicaciones que en un primer momento nos parecen lógicas sin siquiera preocuparnos de si pasarían la prueba de los hechos reales. 

Recuerdo a una señora, cuyo marido brillante -al menos así lo veían ella y personas cercanas a esa pareja- había sido despedido de manera inesperada de la empresa en la que el señor tenía un buen puesto. La consorte contaba a todo mundo que lo que pasaba es que le habían hecho política a su esposo, y contaba una trama de intrigas que le daban un carácter espectacular y martirial a esa situación.

No recuerdo que una sola vez ella haya hecho alusión a en qué consistía el trabajo que debía realizar su cónyuge, ni cómo había sido evaluado, ni si su contratación era permanente o por proyecto. Tampoco si habían cambiado las condiciones internas o externas del trabajo. 

Desde lo que hoy entiendo, ella tomó el elemento que más podría entender -la interacción política en las relaciones humanas- y lo magnificó para tener una explicación de las cosas que la dejara satisfecha, aun cuando aborreciera el resultado final. Todo solucionado.

Luis Iturriaga en su texto llama la atención desde su experiencia como administrador y consultor: no hay que adelantar argumentos ni hacer conjeturas hasta que tengamos la mejor información disponible, basada en los hechos y no solo en las percepciones o las suposiciones. 

Un día amanecí con vértigo. Hablé con una amiga mía, médica especialista en oído, me sugirió tomar difenidol, pero sobre todo observarme, porque una primera y sencilla hipótesis es que eso podría tener un origen postural, pero cabía una posibilidad de que fuera algo diferente. El Difenidol contendría las manifestaciones, pero lo importante sería el origen.

La superstición puede ser un placebo que nos haga sentir menos desafortunados, acongojados, intranquilos: la simulación perfecta del medicamento que nos cure. Pero no necesariamente nos lleva a la raíz de lo que queremos entender. La criticidad, la búsqueda de lo razonable, el uso de métodos lógicos nos pueden acercar más a lo que realmente sucede y con ello estaremos en condiciones de interactuar con los demás y la realidad de una manera más asertiva (te recomiendo: Las cosas no siempre son como se las piensa: ¿de qué podemos estar seguros?.

Educarnos personal y comunitariamente para afrontar el vértigo de la incertidumbre, convivir con las cosas que no entendemos y nos asustan, nos marean, nos provocan ansiedad; aprender a darnos tiempo y espacio para formular los datos, acopiar la información que nos permitan comprender mejor ante qué realidad debemos responder, de qué debemos hacernos cargo es una buena apuesta. Después de todo, con explicaciones falsas -aunque sean espectaculares como las teorías de conspiración- lo que va de por medio es, incluso, la viabilidad de nuestra vida misma, la posibilidad de abrirnos paso para responder más acertadamente a los desafíos de nuestro día a día, de la época en la que hemos de responder a nuestro llamado humanizante.


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jueves, 9 de enero de 2025

¿Dónde nace la concordia? Del encuentro a la toma de acuerdos que construyen paz

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.unesco.org

Cuando comencé la escritura de este texto, era el tercer jueves de noviembre, día asignado por la ONU (UNESCO) para conmemorar la filosofía, sin la cual la construcción de la paz puede pender de un hilo, por exagerado que parezca.

Al despertar y recordar la efeméride, me puse a pensar de qué forma unirme en este 2024 a una conmemoración que yo creo que no hay que dejar pasar; porque filosofar, en mi experiencia, cambia la vida y ayuda a navegarla, haciendo y rehaciendo la ruta de lo que se vive, con quienes se vive, en un intento de que nuestro aquí y ahora sea humanizante. Así, cuando quienes por alguna razón volteen a ver nuestra vida, encontrarán un compromiso real por dejar el mundo -nuestra pequeñísima porción de mundo- más integralmente humano que como nos fue dado.

Me eché un clavado en la página de la UNESCO, en sitios de filósofos y filosofía que conozco... y mientras tomaba el café mañanero supe lo que este año quiero compartir en los apuntes: la importancia del diálogo para que el encuentro con las personas lleve a acuerdos razonablemente entrañables como para movernos a dar pasos en pro de nosotros mismos, de nuestros vínculos solidarios y de la casa común que habitamos... Y en ello filosofar juega un papel importante (aunque no el único). Me permito compartir por qué lo pienso.

La compasión es necesaria... pero no suficiente

En un apunte anterior, compartía una reflexión sobre el encuentro entre las personas, que nace antes que en la razón, los conceptos, las ideas, en la relación compasiva entre las personas (¿Dónde nacen los verdaderos encuentros?).

El apunte nació de mi convicción de que solo en relaciones solidarias y participativas podemos afrontar de alguna manera los desafíos que encontramos para darnos ser como personas que construyen una forma de vivir y un mundo en el que de alguna manera sea posible la existencia digna de uno mismo, por, con y para los demás, en el respeto activo y cuidadoso por todo aquello con lo que cohabitamos en la casa común. 

El énfasis, como lo podrás ver en la entrada que te he referido de este blog, hace énfasis en la compasión, el movimiento afectivo que al experimentar la propia y próxima vulnerabilidad de las personas de carne y hueso con quienes convivimos día a día, nos permite reconocernos humanos y necesitados de cuidar y ser cuidados; de atender y ser atendidos.

Hoy quiero poner el acento en otro aspecto del encuentro humano: la necesidad de construir concordia -acuerdos compartidos- para realizar cosas juntos, pertinentes para nosotros y para el mundo. 

Encontrarse... para construir algo sensato



El encuentro, por sí mismo, es importante, ni cabe duda. Somos seres relacionales y en la interrelación con los demás, próximos y no tanto, encontramos cobijo, cuidado, sensación y sentido de pertenencia. Pero no es suficiente.

Quiérase o no, existen situaciones, condiciones que están allí y que nos condicionan, sin importar qué también o mal estemos relacionados con nosotros mismos y con los demás. La muerte de los padres con hijos pequeños marca para estos situaciones que están allí y que van más allá de sus sentimientos: hay que resolver la economía, el cuidado, la educación. 

"Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo" dejó escrito José Ortega y Gasset en sus Meditaciones del Quijote para llamar nuestra atención sobre todo lo que no depende de nosotros, pero que nos condiciona y ante lo cual tenemos que responder. La circunstancia -y los elementos que la componen- están allí, independientemente de nosotros, pero nos desafía: me enfermo, debo dejar de asistir a la escuela: algo habré de hacer para lidiar con eso y al hacerlo poderme construir como la persona que soy y estoy llamada a hacer: darme de baja temporal, abandonar los estudios escolares, cambiarme de escuela... Tengo que hacer algo y ese algo debe ser sensato, razonable. 

Sensato... razonable. Sí, algo que sea lo que mejor encuentre y entienda en su momento para mi realización personal por, con y para los demás, encargándome de lo que me carga, construyendo el mundo. Algo que he entendido, que sé que es, que puedo juzgar como verdadero (¿De qué hablamos cuando hablamos de verdad?). 

Poniéndolo en un ejemplo muy sencillo: tengo una diarrea terrible y quiero que desaparezca... más allá de qué me gusta, cómo me siento, he de preguntarme qué es más razonable comer o dejar de comer, si lo que ingeriré es verdaderamente algo que provoca que mis heces solidifiquen o no... Así estaré en mucho mejor condición de sanar.

El asunto es que el horizonte meramente individual para entender, reflexionar, es limitado. También en esto requerimos de los demás. En el encuentro con los otros, en el diálogo (la conversación mediada por lo razonable) tenemos más oportunidad de encontrar lo sensato para salvarnos salvando la circunstancia o para salvar la circunstancia salvándonos al tiempo, siguiendo las palabras de la idea de Ortega...

El arte de la concordia


El diálogo es importante; como el encuentro, pero de igual forma es insuficiente. Se necesita dar un paso más, establecer acuerdos que nos vinculen para actuar, para encargarnos de lo que nos carga. Y sí, hay que decirlo: es más fácil llegar a acuerdos cuando lo que está frente a nosotros es sensato que cuando es insensato, un disparate.

Los corazones pueden latir mejor juntos frente a los desafíos. Con base en la etimología podemos establecer que la concordia tiene una acepción doble: poner los corazones juntos (con y cor/cordis), al tiempo que las acciones que de ello se derivan cuando establecemos lo que juntos haremos porque lo hemos acordado, porque nos mueve. 

Acordar, concordar: fundamentales para construirnos personas construyendo simultáneamente relaciones humanizantes y un mundo en el que lo humano sea posible. Se trata de la posibilidad misma de interactuar juntos. 

Concordar de manera sentimentalista, voluntarista, poniendo la sensatez en un plano lejano, nos pone en situaciones en las que muy posiblemente no le atinemos o atinemos poco en lo que se refiere a resolver adecuadamente desafíos, establecer estrategias coherentes.

Si el encuentro nace en la compasión, la concordia humanizante nace en la sensatez que lleva a la toma de acuerdos que construyen la paz; esa forma de interacción e interrelación en la que vamos creando las condiciones de vida digna que necesitamos en los múltiples aspectos de nuestra vida cotidiana, donde somos nosotros por, con y para los demás, todos de carne y hueso, concretitos (¿De qué hablamos cuando decimos paz? Entre la pax romana y el shalom bíblico).

El arte de la concordia consiste en poder coincidir, encontrarse compasiva, solidaria y fraternamente, de manera proactiva para tejer los acuerdos más sensatos y razonables para responder a los desafíos que la vida nos presenta, a las cosas que nos cargan y de las que debemos encargarnos. Es una especie de "danza de los cuerpos, de los espíritus y las cosas" que nos permite lanzarnos en pro, afrontar aquello a lo que debemos hacer frente.

La filosofía es un tipo de reflexión que nos lleva a preguntarnos personal y comunitariamente sobre el sentido real de las cosas, sobre su sensatez... Nos permite detenernos en lo que ellas son, pero también en lo que pueden ser y en lo que tal vez deberían ser. En el arte de la concordia se unen voluntad, corazón, inteligencia y razón... y mediaciones como la filosófica nos ayudan a dialogar; y en el diálogo podemos encontrar lo sensato que nos mueva a establecer los acuerdos de los que se deriven nuestras acciones comprometidas con nuestro tiempo, con lo por-venir. Podemos asumir el conflicto y convertirlo en invaluable herramienta de construcción de la paz, de una forma de convivencia que desde la imperfección de cada uno apuesta por lo que sí se puede cuando de vivir juntos humanizantemente se trata.

 "La filosofía es una disciplina interesante y una práctica cotidiana que transformará las sociedades. La filosofía fomenta el diálogo de las culturas, haciéndonos descubrir la diversidad de corrientes intelectuales en el mundo. La filosofía ayuda a construir sociedades basadas en una mayor tolerancia y respeto, fomentando la realización del pensamiento y la discusión racional de las opiniones. [...] la filosofía es también un medio para liberar el potencial creativo de la humanidad, sacando a la luz nuevas ideas. La filosofía crea las condiciones intelectuales propicias para el cambio, el desarrollo sostenible y la paz" (https://www.unesco.org/ar/days/philosophy)

¿Dónde nace la concordia? En la compasión, que lleva al encuentro; pero también en la sensatez cultivada en el diálogo que razonablemente mueve los corazones... ¿A dónde lleva la concordia? Al compromiso para ser lo que estamos llamados a ser en el mundo que nos tocó vivir; para salvar la circunstancia, como también nos lo puso delante Mario Benedetti al escribir su magistral No te salves (Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti)

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jueves, 14 de marzo de 2024

¡Sé audaz y piensa por ti mismo! Kant, todavía compañero para nuestro camino...

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor haz click aquí

Kant, Emmanuel Kant, el filósofo de Königsberg... Su nombre hace que uno se remueva en el asiento, tal vez que carraspee la garganta.

A mí me sucedió: me hablaron de él, me dieron algún extracto de sus textos y palidecí, me sonrojé, me sentí el más ignorante del mundo y me enfadé pensando que cómo era posible que hubiera gente que escribiera así, como para que nadie le entendiera nada. Y me indigné con los que pronunciaban su nombre con una veneración muchas veces idolátrica... 

Pero afortunadamente la juventud pasa y a veces la ignorancia también un poco y fue apareciendo ante mí un hombre interesante, con mucho para decirnos: un gran compañero para el camino, este que llamamos vida.

Pronto, el próximo 22 de abril, se cumplirán trescientos años de su nacimiento en Königsberg (que en castellano significaría Monterrey), capital de la entonces Prusia Oriental y hoy una rara región rusa.

Para conmemorar esta efeméride, invité a David Calderón Martín del Campo (puedes conocerlo mejor aquí,) excelente filósofo y aun mejor amigo, que desde una muy temprana juventud acometió la tarea de sentarse a dialogar con Kant, con su vida, su obra, sus intuiciones, sus afirmaciones. Y él nos deja ver con gran claridad lo que yo había llegado a entrever: que Emmanuel Kant, hoy, en pleno siglo XXI es un excelente compañero para nuestro camino: excelente conversador, provocativo, invitador, hombre de abierto a todos los problemas de su tiempo, polemizador, entrañablemente humano y compasivo.

Hoy, como ayer nos reta: Sapere aude! ¡Sé audaz y piensa por ti mismo!, asume el reto de la autonomía, de la mayoría de edad...

Te aseguro que si te regalas una hora y nos acompañas en el diálogo que tuvimos David y yo, encontrarás tú también, a un par de excelentes compañeros de andanzas: Kant y David Calderón. Para ver el video haz click aquí: Kant: hombre de sus días... y de los nuestros


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sábado, 2 de marzo de 2024

Cuando la vida nos aprieta... ¡y nos vivimos agobiados! No te salves. A 50 años del poema de Benedetti

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Carentes, necesitados, vulnerables... y un poquito asustados

https://soundcloud.com/dresignerdrugsjuicyfruttitropteabdm5/mario-benedetti-no-te-salves

Sí, así somos los humanos. Y no falta que la vida nos apriete: por la inseguridad, la enfermedad, las expectativas que no se realizan y nos frustran; por haber puesto todo el empeño en lograr un empeño y que al final no sucediera, sintiéndonos loosers, fracasados... o porque nos visite la muerte de quienes amamos o nos golpee la injusta que sucede cuando los inocentes son privados de la vida.

Nos indignan, nos agobian los feminicidios, los fraudes que dejan en la calle despojando de toda una vida de trabajo a los que pueden ser víctimas del engaño. Nos parecen insultantes los gobernantes omisos y no pocas veces cómplices del delincuente. La polarización de la riqueza, la depredación, el acceso nulo o de mala calidad a la salud que consume todos los recursos de una familia que quiere dar lo mejor a su enfermo...

Puede ser por cualquiera de esas cosas y nos sentimos presos de nosotros, de los demás, de las circunstancias... No, no es grata la sensación de quedar atrapados en la fragilidad, la flaqueza... Eso de que somos libres para vivir las excelsas dimensiones de lo humanizante nos suena lejano, pero al mismo tiempo se torna añorado... Deseamos ser liberados de todo eso que nos hace sentir tan pequeños cuando sabemos que en lo humano también hay otra grandeza, sin pesadez...

Queremos salvación. Queremos ser salvos de lo que nos atrapa, que algo o alguien nos rescate... Y comenzamos una frenética búsqueda de algo que nos salve, o de poder salvarnos. Y en esto, como en lo de creer, nos da por querer entregarnos a cualquier cosa (te recomiendo ¡Habrá que creer! ¡Sí!, pero... no cualquier cosa)... pero no, no da lo mismo esperar salvarnos a cualquier precio, de cualquier manera, porque corremos el riesgo de quedar como al principio: atrapados, fracturados, desprovistos de procesos humanizantes.

Si te salvas, no cuentes conmigo, a menos que...

Hace años, muchos ya, cincuenta para ser precisos, Mario Benedetti publicó Poemas de otros, y en ese libro de sus tiempos del exilio fue compendiada una composición titulada No te salves... 

viernes, 9 de febrero de 2024

Soy filósofo y educador: ¡me encantan las desveladas!

 José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí.

Soy filósofo y soy educador... Y debo confesarlo: ¡me encantan, me fascinan, las desveladas! Pero en honor a la verdad, también debo señalarlo: intento dormirme temprano. ¿Entonces, cómo es eso de las desveladas?

La experiencia de que nos "caiga el veinte"...

https://311locatel.cdmx.gob.mx/?fbclid=IwAR0Qs4kvMJahbls0xDk-wsMlDCa9DQ-eNXMGMTzqwT3aiB3Q1ietCxBbpq4

Cuando era joven existían los teléfonos públicos, hoy absolutamente innecesarios con la comunicación móvil y los millones y millones de dispositivos que para ella han sido vendidos.

En muchas esquinas en las ciudades uno podía encontrar cabinas o algo similar que tenían un aparato de unos cuarenta centrímetros, con un auricular, un disco o botones de marcación en el que estaban indicados los números y una alcancía. Y es que funcionaban con monedas, que en mis primeros eran de veinte centavos.

¿Cómo funcionaban esos artefactos? Había que descolgar el auricular, marcar el número de destino (girando el disco o apretando botones) y esperar a que la otra persona levantara su auricular y se estableciera la conexión eléctrica (¿electrónica?) y eso provocaba que la moneda cayera en la alcancía, permitiendo la comunicación. 

Todavía recuerdo la angustia que surgía cuando la otra persona ya había descolgado, que hablaba sin que el circuito de la comunicación se completara... Y es que la moneda no había descendido... Muchas, muchísimas veces hubo que dar golpes al cuerpo del teléfono para que el dinero fuera recibido y entonces la llamada fuera posible: ¡cuando caía el veinte y podías conversar con tu interlocutor la zozobra desaparecía y venía la tranquilidad, cuando no la franca alegría... Era la magia de la caída del veinte.

Y por analogía la expresión comenzó a usarse para los momentos en que entendemos algo, especialmente cuando no lográbamos comprenderlo. En México se dice: ¡ya me cayó el veinte! para señalar que se cerró el circuito entre lo que necesitábamos conocer y haberlo entendido. 

¡Ya entendí! ¡Eureka! (¡Lo descubrí!) dijo Arquímedes cuando comprendió cómo medir volúmenes irregulares... Insight llaman los psicólogos al acto en el que una realidad que nos aparece oscura se vuelve clara.

La desvelada: cuando el velo cae...


Los griegos hablaban de aletheia, de desvelamiento, de correr o quitar el velo a la experiencia de entender una cosa o comprobar que como la entendemos, así es en la realidad.

A la correspondencia entre algo que hemos entendido y la realidad de lo entendido le llamamos verdad (¿De qué hablamos cuando hablamos de verdad?). Cuando afirmamos que algo es así y realmente es así hemos hecho un juicio verdadero: no hay velo entre lo afirmado y nosotros, ha quedado corrida la cortina.

Cuando el velo cae y se mantiene recorrido experimentamos placer, gozo... Cualquier angustia ante lo ignorado que deseábamos que fuera comprendido, desaparece. Una desvelada (quitada de velo) no nos deja como antes, nos mueve, nos cambia, nos da una nueva actitud, nos permite interactuar con lo que hemos descubierto.

No digo que siempre que acontece una desvelada sea tal el impacto, la euforia, que salgamos desvestidos, corriendo por la calle, diciendo "lo descubrí, lo entendí, me cayó el veinte" como hizo el ya referido Arquímides, pero sí lo gozamos y muchas veces ardemos en deseos de comunicarlo.

Los filósofos somos recorredores de velos, desveladores, personajes que muchas veces vivimos desvelados. Y si siendo este tipo de personajes, somos además educadores, nos fascina crear condiciones para que alguien pueda experimentar el placer de las desveladas.

He sido profesor de filosofía del ser humano (antropología filosófica) muchos años. Mi labor ha sido pro-vocar y con-vocar al estudiantado a enfrentarse a la realidad frecuentemente desvelada por tanto que se ha dicho (sin ser pensado) sobre qué es ser humano, por qué serlo, para qué serlo.

Continuamente recurro a experiencias, analogías, a la búsqueda de perspectivas no pensadas por quienes acompaño -casi siempre en la adultez, pero muchas veces en la juventud- para que surja un tipo de preguntas que una vez formuladas nos causan comezón, picor, escozor porque permiten entrever que hay algo que no hemos visto claramente, que podría resultar revelador, claro y que nos puede proveer intelecciones para vivirnos de otra manera, para relacionarnos con otras profundidades, para resolver problemas que nos parecían insolubles.

Deseamos que todo quede desvelado... Y si bien, no todo, de repente entendemos algo, tal vez minúsculo, pero que encaja en el rompecabezas de nuestra visión de nosotros, de los demás y del mundo y las cosas se ven diferentes... Como cuando entiendo con otra profundidad qué es ser amigo, qué es ser madre, qué es educar... ¡Entiendo lo que son las cosas! Y entonces puedo hacer afirmaciones que si son adecuadas a la realidad, me permiten moverme con nuevas profundidades, con mayor libertad...

Toda una experiencia gozosa. Muchas veces he dicho: ¡no lo había pensado! ¡No lo había visto así! ¡Qué claro me está quedando! Pero también lo he escuchado en los diálogos que hemos tenido en nuestras disquisiciones filosofantes... 

No se si decir miles de veces, sientos de veces, pero seguramente no pocas veces, estudiantes de las asignaturas que me han sido encomendadas o acompañadas y acompañados en las asesorías filosóficas (Terapia para cuerdos: orientación filosófica para la vida) han emergido gozosas y gozosos de sus desveladas... y lo han compartido con su familia, con sus amigos. 

Como doy clases síncronas en videoconferencia, más de una vez ha sucedido que una mamá, una novia o un novio, un hermano se han sumado a nuestras sesiones, contagiados por quien disfruta nuestras desveladas semanales, tejidas en las sesiones en las que los involucrados nos vamos reconociendo aprendices del filosofar, del preguntarnos, de buscar entender y afirmar con verdad.

Más allá del intelecto, en la entraña de la comunión amigable, amorosa



Y también ha resultado que la experiencia gozosa de entender y poder afirmar cosas adecuadas con la realidad de lo afirmado se vuelve algo mucho más que intelectual. Nos provoca intimidad, complicidad, fraternidad "humanizante". 

Las "desveladas" nos permiten no solo ser un poco más libres, sino también un poco más amorosos (Hablemos del amor... sin tanta sensiblería). Porque si la amistad, el amor de familia o de pareja, se tratan de poder de alguna manera promover que el otro puede ser más otro en la situación en la que se encuentre, esto se dificulta en la ignorancia, en las apariencias y se facilitar cuando entendemos mejor las cosas, cuando podemos afirmar o negar con verdad (de manera adecuada a la realidad). Si entiendo mejor mi relación contigo, puedo crecer más contigo; si entendemos que nuestra relación no nos permite crecer como antes, podemos buscar otras formas de relación...

Soy filósofo y educador: ¡me encantan las desveladas! Porque me han dado una visión de mí, por con y para las personas con quienes coexisto y he coexistido, porque me han permitido hacer muchas cosas para responder a los desafíos que en la vida he encontrado.

Pero también, porque ellas me han regalado amigas y amigos, una red de complicidades humanizantes que hacen que andar la senda, esta que retratan los Apuntes en el camino, sea una experiencia que se recorre en la soledad del profundo, íntimo acto de desvelar el ser de las cosas, pero en la compañía del diálogo que nos ha llevado a ello y que se produce una vez que entendimos y queremos seguir entendiéndonos (a nosotros mismos y nuestro ser por, con y para los demás) al ir entendiendo el mundo que nos desafía para hacer de él un lugar un poco mejor que como lo hemos encontrado.


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sábado, 27 de enero de 2024

Hacerse cargo de ser-persona: conocimiento y dinamismo humanizante

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Vivir humanizantemente es dinamismo, movimiento, interacción. Conocer es una de las herramientas que tenemos para ser-nos personas, para ser por, con y para los demás, para ser-en-el-mundo respondiendo a los desafíos que se nos presentan; incluso conservando lo que de humano y humanizante hemos encontrado en la vida.

Al interactuar con nosotros, con los demás, con el mundo en la vida diaria, de manera espontánea, somos arropados e inmersos en significados, en connotaciones y denotaciones que nos sirven para vestirnos, salir a la calle, comprar lo necesario y lo no tanto; para hacer amigos. La cultura porta formas de ver la realidad en las cuales vamos comprendiendo un lugar respecto de nosotros, de los demás, del mundo social, cultural, natural.

Ordinariamente no nos detenemos a pensar con mayor profundidad en todo ese cúmulo de conocimientos que nos es compartido y que vamos construyendo desde la pre-reflexividad y la espontaneidad; incluso muchas veces no lo necesitamos. Estamos en el terreno del sentido común, de la apariencia de las cosas, de las relaciones, de los significados: en la doxa.

Sin embargo, hay momentos que hay que dar otros pasos para poder mirarnos y mirar nuestras concepciones de la realidad de otra manera. Una de ellas -no la única- es la que nos permite tratar de entender y explicar lo real por sus causas, por cómo son, se manifiestan, se estructuran. Lo entendieron los antiguos griegos, pero no solo ellos. Hace falta construir conocimientos soportados en una interacción crítica con la realidad, construida no en la espontaneidad, sino en la pregunta divergente, que sospecha, que se aborda con respuestas provisionales a las cuales se intenta respondar con método, de manera sistemática, revisando los pasos dados, cuestionando las conclusiones obtenidas. Es el terreno de la episteme; de la ciencia y la filosofía, que sin ser el todo de nuestra visión de la realidad, nos provee herramientas para construir explicaciones y aplicaciones para resolver problemas inmediatos y mediatos; de sentido y significado profundos.

Te comparto un video para reflexionar sobre estas formas de acercamiento a la realidad en la cual nos tenemos que hacer cargo de ser-personas.



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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Educación y discernimiento

 José Rafael de Regil Vélez y Ricardo Ismael Tun Santos

Una mirada a nuestra historia o a la de la humanidad (o ambas), muchas veces provoca desánimo: las mujeres y los hombres con mucha frecuencia tomamos decisiones desacertadas para construir un mundo más justo, humano, incluyente, compasivo, tolerante; o espacios personales de libertad y crecimiento integral.

En ese escenario es fácil, muy fácil, caer en el desánimo y buscar recetas para que todo salga bien; más todavía: intentamos poner las decisiones en manos de otro, alguien grande, trascendente, que se encargue de guiar nuestros destinos y enrutar nuestras acciones: Dios, el Estado, los actores religiosos, los líderes de opinión y gurús e influencers de momento.

Hay una pléyade de mujeres y hombres significativos, valiosos, que han vivido con intensidad sus vidas y que no podrían sino estar en desacuerdo con el derrotismo ético o la visión mágica moral de este o cualquier otro momento. Ellas y ellos saben lo que nos han compartido: que las personas venimos equipadas para decidir, para construir nuestro mundo interior y el interior (con los otros, con lo otro) en un proceso en el que sí hay lugar para lo humano y lo humanizante.

No hay ingenuidad. Conocen que muchas veces decidimos por ego, por falsas ilusiones de bienestar, de progreso, de control; que puede haber muchos factores que condicionan la libertad. Pero también saben que si pasamos eso por el tamiz ético -como el físico, que separa la arena de lo que estorba para la mezcla; o la harina para la repostería- podemos caminar la vida y lograr conciliación con nuestras decisiones que van sumando al proceso global de nuestra apuesta última de vida.... 

Y a esa experiencia centenaria le llamamos discernimiento... porque somos capaces de cerner las cosas de nuestra vida para apostar por las que en cada momento nos puedan acercar al fin último, trascendente, que puede dar sentido a nuestras apuestas de vida porque nos impulsa cual imán a ser más por, con y para los demás, encargándonos del mundo que nos carga.

Pero nadie nace sabiendo cerner, discernir... Hay que compartirlo de generación en generación y hacerlo de forma educativamente atinada. Hay una relación fundamental entre educación y discernimiento y de ella charlé el lunes 6 de noviembre de 2023 con Ricardo Tun; amigo, rector del Instituto Yucatán Península Misión, universidad presbiteriana en Leona Vicario, Q. Roo. 

Él y su equipo de trabajo apuestan por la formación integral, la que apunta a la libertad que da sentido a nuestro sentir, nuestro querer, nuestro entender, razonar y decidir. Agradezco que compartan el material con este blog.

Charlamos en perspectiva filosófica, teológica, educativa, porque todo ello confluye cuando hablamos de Educación y Discernimiento... y lo hicimos desde la convicción esperanzada de que no quitar el dedo del renglón es importante, máxime los tiempos de relativismo ético, de nuevas tiranías morales que nos toca vivir. Y lo hacemos porque estamos convencidos que en la acción libre, que nos libera y construye el mundo, las personas encontramos motivos de alegría, de consuelo, de experiencia de que vivir bien vale la pena.

Te invito a que puedas ver este diálogo y que nos compartas a través de las redes de los Apuntes tus sentipensares en esto de no bajar la guardia porque humanos somos y nada de lo humano nos es indiferente.

Da click sobre la imagen y serás vinculado a You tube para ver el video.


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domingo, 20 de agosto de 2023

"¡Que lo castiguen con todo el peso de la ley!"... ¿Por tonto?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Este artículo nacía la víspera de la conmemoración del aniversario 99 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el documento legal fundante de la relación entre los mexicanos, la que estipula derechos y deberes y de la cual emanan leyes y reglamentos: la madre de nuestro Estado de Derecho.

¿Osadía o razonabilidad?

                Mientras pensaba lo que redactaría en mi texto leí en uno de los grupos de las redes sociales en las que participaba en ese entonces que habían atrapado cerca de la casa de uno de mis conocidos a unos muchachos que estaban haciendo graffiti en las paredes y a quienes los vecinos tenían detenidos en espera de que llegase la policía, para llevarlos a donde sea que lleven a los graffiteros. Alguien que estaba en la conversación dijo: “que los castiguen con todo el peso de la ley”.
                Como entre bueyes no hay cornadas pensé: “¿por qué pedir el “peso de la ley” para esos chicos, cuando me consta que algunos de los conectados en la charla, no nos medimos con ella en acciones que nosotros cometemos?” 
                 Conozco a más de una persona que nos ufanamos de poder dar vuelta a la autoridad, de que no nos “cachan” cuando transgredimos una ley, un reglamento… Aunque sea cuando nos “volamos” el reglamento de tránsito y después tratamos de convencer al agente de que no, que él se equivocó al infraccionarnos (o sin agente, incumplimos la norma y punto). 
                  En los lugares que he trabajado me ha tocado una constante cuando ha habido autoestudios de calidad, de clima organizacional: los empleados no concedemos importancia a la estructura normativa de nuestra institución. En cristiano quiere decir que somos capaces de hacer de las normas y reglas un papalote: transgredimos los procesos de admisión, las políticas para calificar. Queremos que condenen a la hoguera al que sentimos que nos ofende; pero si somos los ofensores lo justificamos a cualquier costa.
                 Y si al cometer alguna de estos quebrantamientos y la autoridad no nos atrapó (o se hizo de la vista gorda), nos sentimos inteligentes, inexpugnables: somos más listos que todos...
                Así las cosas me dije: “para esos jóvenes no se pide castigo porque hayan hecho una falta administrativo o una infracción jurídica, sino por tontos, porque no supieron hacerla”. 
                 Me acordé, también, de los espartanos. Estos griegos de hace muchos siglos eran un pueblo fundamentalmente guerrero. En su polis -ciudad estado- la mayor virtud a la que alguien podía aspirar era la valentía cargada de astucia. En la educación de sus jóvenes se estimulaba el aprendizaje de la astucia, al grado que si alguien era sorprendido, por ejemplo, robando, se le castigaba públicamente no por ladrón, sino por poco astuto; por pen… tonto, diríamos a la mexicana.
                Bien sea en la víspera del aniversario de la Constitución Política de nuestro país, al inicio de un ciclo escolar, cuando tratamos de resolver conflictos que pueden llevar a la violencia en cualquier aspecto de la vida social, nos viene bien reflexionar sobre el significado de los instrumentos jurídicos como leyes, reglamentos, normas, para la convivencia humana; pues no se trata de ver quién gana a los demás a cualquier costo, sino de encauzar las interacciones con nuestros cercanos y los no tantos, de articular la influencia de unos para con otros, a fin de que podamos vivir más humanamente.

El sentido de lo legal en nuestra vida diaria

Me explico. Las mujeres y los hombres, por ser necesitados de muchas cosas para vivir desde el momento de su nacimiento, pueden exigir a los demás lo que les corresponde para poder seguir viviendo: alimento, techo, casa, salud, educación, reglas del juego claras para coexistir socialmente.
Dado que la forma en la que cada uno entiende que se concretan sus derechos entra en conflicto con las de los demás, quienes no necesariamente los miran de la misma manera, se hace necesario dialogar (la palabra diálogo significa proceder a través de la razón) para encontrar los cauces de la coexistencia, los que aseguren razonablemente que las personas tendremos acceso a aquello que necesitamos para realizarnos.
El producto del diálogo en un consenso social “positiva” los derechos en un instrumento que se llama ley. Así, las leyes, las normas jurídicas, son la objetivación de aquello que hemos acordado socialmente que mejor puede reflejar lo que humaniza en un momento histórico específico, de acuerdo a la cultura, los lugares, usos, costumbres, etc.
Quien rompe una ley impide que nos realicemos y por eso debe actuar acorde al daño que nos infligió a sus conciudadanos, previendo inicialmente incluso que pueda resarcir el desaguisado que causó. Cuando realizamos acciones que se salen de la razonabilidad para convivir en pro del bien común, entre todos tratamos de ejercer alguna coerción para restaurar la posibilidad de convivir humanizantemente (ese es el sentido de lo que solemos llamar sanciones). 
Cuando alguien quebranta una ley nos daña, lo alcance a ver o no la autoridad, o nosotros mismos. Mis amigos y yo mismo cuando hemos sido corruptos ocasionamos perjuicios diversos que quedan allí, nos hayan sancionado o no; incluso si actuamos ignorantemente.


La importancia de formar ciudadanos

Entender esto, poder actuar meridianamente al respecto supone un largo proceso formativo en el que concurrimos diversas instituciones y actores sociales: la familia, las organizaciones religiosas, las instancias estatales, la escuela. 
Es parte fundamental de la tan traída y llevada formación ciudadana que requiere de dos grandes condiciones: tener la experiencia reiterada de la importancia de interactuar e interdepender razonablemente en la búsqueda del bien común, mediados por los acuerdos positivados a manera de ley o norma y comprender el sentido de lo jurídico en nuestra vida personal y social... Y todo ello experienciándonos y sabiéndonos protagonistas y no meros depositarios del poder del Estado o niños jugando a las escondidillas para salirse con la suya, meramente guiados por el interés individual de un pequeño grupo que pierde de vista la amplitud de la convivencia social.
Actuar teniendo en cuenta la forma y el sentido de las leyes requiere de nosotros haber construido una visión y conciencia éticas que ante las disyuntivas que nos propone la vida diaria nos lleve a preguntarnos sobre lo que más nos realiza por, con y para los demás a fin de poder encargarnos de que el mundo (en ese pequeñísimo aspecto sobre el que decidiremos y actuaremos) se un mejor lugar para la dignidad humana; para vivir humanizantemente. No se trata del infantil juego de listos y tontos, sino de mujeres y hombres capaces de responder de sí, de los demás por, con y para ellos y del mundo que nos ha tocado vivir (puedes leer: El reto de fondo: formar la ciudadanía)
Hoy creo que una buena manera de reflexionar sobre el mundo que queremos y que deseamos heredar es que los ciudadanos volvamos a caer en cuenta del significado de la ley y el papel que ha de jugar en nuestras vidas y qué significado ha de tener para nuestro ser social. Ojalá que si la rompemos nos castiguen por impedir la humanización y no solo por haber sido tan tontos como para que alguien nos cachara, condenándonos así a vivir infantilmente cuando los desafíos de nuestro tiempo requieren ciudadanos maduros, capaces de afrontarlos para que podamos vivir en solidaridad, paz y justicia.


Este texto fue publicado originalmente en Síntesis, Tlax., el jueves 4 de febrero de 2016, en la columna Palabras que humanizan. Ha sido actualizado el 20 de agosto de 2023.

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domingo, 26 de febrero de 2023

Amistades circunstanciales: cuando lo cercano se vuelve un gana-gana

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Sin amor -amar y ser amado- la vida humana se vuelve inviable; incluso cuando se es adulto y se tiene fuerza, madurez, capacidad de actuar autónomamente (Hablemos del amor sin tanta sensiblería).

El amor se da en alteridad: por el otro, con el otro, para el otro. Se concreta en diversas formas de interrelación: la pareja, la paternidad, la filiación, la hermandad, la amistad. Y de cada una se puede escribir mucho, desde perspectivas diversas. 

Vivir amigablemente


En esta ocasión quiero hablar de amistad, de ser amigo, de vivir amigablemente.

No se necesita ser un gran intelectual ni un investigador o académico para entender que la amistad puede ser importante en la vida de las personas. Pero sí ayuda darle la voz a un estudioso para dar mayor luz en el asunto. Y en este caso se la daré a José L. Zaccagnini, uno de los impulsores de la psicología positiva en lengua castellana.

En su texto Amistad y bienestar psicológico: el papel de los "amigos c" el estudioso desde el inicio nos advierte sobre la conveniencia de reflexionar sobre el papel que las diversas relaciones pueden desempeñar en la vidas y entre ellas la amistad, que puede aportar no solo de manera terapéutica a nuestro bienestar, sino de manera habitual. 

Se enfoca en ella porque es de las relaciones que solemos establecer, la más libre de todas; es decir: la amistad no responde inicialmente a las expectativas sociales como sucede con otras relaciones como el matrimonio, el compadrazgo, la paternidad o la filiación; sino que se estructura a partir de los acuerdos que los propios amigos van tomando, así que es muy fácil que cada quien se sienta y este bien y a sus anchas en cada tipo de amistad.

De una manera amena, didáctica incluso pone sobre la mesa distintos "modos o niveles" de amistad, conforme al grado de profundidad, comunicación, interacción explícita y caracteriza en la forma que pueden contribuir al bienestar psicológico e integral de las personas. Así, nombra a los amigos íntimos, a los cercanos y lo que denomina amigos circunstanciales o amigos "c". 

Menos íntimos, pero no menospreciables


Siguiendo a Zaccagnini creo que debemos detenernos un poco para hablar de la amistad circunstancial, que tiene una gran influencia en nuestra vida diaria, pero en la cual no reparamos mucho por la demasiada cercanía y espontaneidad, incluso por una cierta irrelevancia, puesto que no son los amigos cercanos con quienes creamos espacios diferentes de encuentro o los íntimos a quienes pese a todo llevamos en mente y corazón.

En el texto que he referido, el investigador señala que los amigos circunstanciales, a los que pronto denomina amigos c son personas con las que nos topamos a diario en los diferentes ámbitos en los que nos desenvolvemos, con quienes interactuamos, pero a las que de alguna manera nos vamos uniendo por un lazo emocional y no meramente funcional. 

Son cercanas en el tiempo, en los espacios, demasiado cercanos y con frecuencia perdemos de vista el papel que pueden jugar o dejar de jugar en nuestro bienestar cotidiano (y nosotros en el de ellas). Tan cercanas y poco apreciadas pueden ser las amistades circunstanciales, que puede ser fácil perderlas y sin embargo la investigación psicológica revela algunos beneficios que pueden dar mejor estructura a nuestro día a día: 

  1. Al ser relaciones que generamos en los lugares habituales en los que nos movemos y realizamos -como la escuela cuando se es estudiante, o el trabajo- nos proporcionan continuamente estímulos positivos como el saludo afable, la sonrisa en algún momento, la palmada en el hombro al paso, la charla en los momentos de intervalo o la charla en los de comida. 
  2. Sus conversaciones y encuentros pueden influirnos positivamente, en especial en algunos momentos de malestar. El ejemplo que pone Zaccagnini es ilustrativo: cuando nos encontramos con un amigo C en la máquina del café y nos saluda y hace una pequeña plática, aunque estemos "bajos de pila" debemos dar al mal tiempo buena cara. La relación que tenemos con nuestro interlocutor posiblemente no tiene el grado de cercanía y confianza como para despotricar en el momento, así que debemos esforzarnos por demostrar simpatía, rompiendo el círculo del malestar.... O aun más, si le contamos lo que nos aqueja al verbalizarlo y dado que no queremos "quemarnos" debemos entender mejor lo que nos pasa para que nuestra desazón suene justificable y, muchas veces, posiblemente caeremos en cuenta que lo que traemos no vale tanto la pena.
  3. Los amigos circunstanciales nos acompañan en lo pequeño, en las minucias de nuestra vida ordinaria. No hay que acordar con ellos momentos y lugares especiales de encuentro. Y al ser personas en alteridad, eso no tiene precio, podemos ser en soledad, pero no solitarios.
  4. No es inusual que en los lugares cotidianos tengamos de momento alguna necesidad especial: no llevamos dinero y debemos hacer un pequeño gasto de improviso, o necesitamos hilo para un botón, o no tenemos a mano una unidad de almacenamiento para transportar algún archivo... Y recurrimos a las personas con las que mayor cercanía tenemos para que nos procuren y, literalmente, nos saquen del problema, lo cual nos da bienestar emocional, por pequeño que parezca el detalle.
  5. Muchas veces necesitamos información para resolver un detalle personal y profesional y podemos recurrir a los amigos del trabajo, de la escuela: ¿cómo hago esto?, ¿a quién consulto?, ¿dónde se guarda algo?... Más todavía, en las situaciones incluso muy triviales en las que necesitamos saber sobre un médico, una tienda, un producto, la forma de resolver la limpieza de una prenda, una sugerencia de regalo, encontramos respuesta. Nuestra aprehensión disminuye con la "asesoría" de la que somos provistos.
  6. Dado que nuestros "amigos y amigas del trabajo" no son nuestros otros amigos y amigas, esos más entrañables y especiales, no necesitamos requerir de ellos total afinidad para relacionarlos. En el amplio círculo de las amistades circunstanciales hay diversidad también grande, lo cual nos permite ver "más allá de nuestra nariz", con lo que ganamos en pluralismo y, sí, también en tolerancia, porque no nos son tan lejanos que no debamos interactuar de alguna manera con ellos. Si asumimos con libertad esa diferencia, por supuesto que podemos crecer como personas y en la función que desempeñamos cuando estamos con ellas y ellos.
  7. Mantener las amistades circunstanciales requieren una inversión mínima, dado que no demandan de nosotros lo que otros amigos, la familia, la pareja... basta con una buena disponibilidad, con el trato respetuoso, el interés por lo que la circunstancia demande, para que mientras dure, se trate de una relación que aporte a nuestra "salud relacional".

Amistad circunstancial: apostar por el gana-gana


Coincido con lo que señala el autor que he seguido en este apunte señala varias veces en su texto: tendemos a valorar poco a "los amigos y las amigas" que tenemos en el trabajo, a los que nos acercamos por circunstancia, pero con quienes nos unen pequeños y reales lazos afectivos, de simpatía y aprecio que los vuelven diferentes de todos los demás que se encuentran a nuestro alrededor.

Su surgimiento tiene mucho de casual, pero mantenerlas incluso en el nivel de circunstancialidad en el que existen requiere cuidado, una apuesta de benevolencia (querer el bien del otro), de amabilidad, de búsqueda, de cercanía. Se trata, tal cual, de cultivar una siembra que en su cosecha se vuelve siempre un gana a gana, posiblemente imperceptible como el las semillas del amaranto, que son pequeñitas, pero que en conjunto proveen proteína suficiente para el día a día y que además bien conjuntadas pueden ser un dulce, un snack sabroso, hasta una malteada para comenzar o terminar un día que nos ha requerido esfuerzo.

Amistad y bienestar psicológico: el papel de los "amigos c" termina con una frase de Hannah Arendt, que es provocativa y que nos puede dar un buen norte para navegar en las relaciones amorosas que supone la amistad, incluso en la pequeñez de la vida que suponen las acciones usuales de los lugares en los que vivimos: "el verdadero sentido psicológico de la vida humana está en nuestra relación con los demás". Aprovechar lo que podemos dar de nosotros mismos en lo circunstancial y lo que podemos recibir de las demás y los demás allí también, es una buena apuesta en la que ocurre sí o sí el "gana-gana".

Si quieres consultar el texto original, puedes acceder a él desde aquí

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jueves, 17 de noviembre de 2022

Y la filosofía... ¿Para qué #$%&*?

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

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Este texto nació para dialogar en la Segunda Semana de las Ciencias Sociales y las Humanidades de las preparatorias de la Universidad Instituto Irapuato: gracias a los organizadores que me invitaron a conversar con la Comunidad Educativa sobre algo a lo que he dedicado una buena parte de mis afanes como amigo, compañero y educador.

El escrito quiere ser un aporte para todos quienes desde sus saberes cotidianos y muy vacunados por la cultura -y también por los maestros de filosofía que hemos hechos de nuestras clases algo profundamente insufrible- se preguntan con honestidad por este saber, que es complementario de otros cuando se quiere vivir autónoma y sentipensantemente la vida. 

También es una contribución para conmemorar el Día Mundial de la Filosofía, que justo se efeméride que tiene lugar hoy que escribo este texto, tercer jueves de noviembre del 2022 (El año pasado publicamos: Una buena compañía para nuestro transcurrir: la filosofía y su papel en nuestros días, el aporte de tres estudiantes de filosofía para sus amigos y cualquie interesado en este tema)

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http://www.informauva.com/

Y la filosofía... ¿Para qué #$%&* ? Ese es el título que asignaron a una conferencia que debo dar. Este nombre me pareció que "ni mandado a hacer", porque a lo largo de mi vida esa pregunta -solo que cambiando los caracteres simbólicos por palabras malsonantes- la he hecho y me la han hecho una y otra y otra vez.

La primera respuesta que suele venir a mi mente fue la que escuché a Luis Ramos Gómez-Pérez, un fraile dominico ya difunto, cuando era el encargado de estudios de la Provincia de Santiago de México de su orden religiosa. 

Un día, hablaba con los frailes que se encontraban en formación inicial en el entonces recién fundado Centro de Estudios Filosóficos "Tomás de Aquino", en León, Guanajuato. Uno de ello preguntó: ¿y de qué me va a servir estudiar filosofía? A lo que mi amigo respondió con contundencia: simple y sencillamente para que no digas puras #$%&* (entiéndase cualquier palabra soez para referirse a tonterías). Eres fraile y si no dices cosas sensatas, harás mucho daño y ni siquiera te darás cuenta...

Y sí... ¿Para qué la filosofía? Pues para que podamos decir cosas más sensatas, en la medida que esto es posible, y a partir de ello construyamos nuestra vida, nuestra sociedad, nuestro mundo de manera más razonable, menos insensata; pues que de tanto decir #$%&* todo sigue como si nada. Veamos.

Lo que nos han dicho y lo que nos parece a simple vista, no bastan

La existencia cotidiana nos va dando una manera espontánea de entendernos y valorarnos a nosotros mismos, a los demás, a las relaciones que establecemos con todo tipo de personas, a los desafíos que el mundo nos presenta y de los cuales tenemos que encargarnos, si no queremos que simplemente nos carguen.

Esta comprensión/valoración se nutre de lo que los demás nos dicen explícitamente o implícitamente a través de los diversos elementos de la cultura en la que nos hallamos inmersos. También de lo que nos parecen las cosas y las situaciones que vivimos. 

Esto es muy útil en un primer momento, porque a partir de ello podemos responder a desafíos diarios, inmediatos, casuales, podemos transcurrir nuestros días en lo simple, lo inmediato.

Sin embargo, si no nos damos cuenta de algo más, corremos el riesgo de no llegar a ser al menos un poco protagonistas de la existencia, quedándonos como meros espectadores de la propia inercia de nuestras vidas.

A lo largo de la historia ha habido personas que han caído en cuenta de que vivir con una visión meramente espontánea de la vida no es suficiente, que hay que desobviar lo obvio, porque las obviedades terminan reventándonos en las manos. 

https://www.humanidadescomunidad.unam.mx/

Por ejemplo: parece obvio que un padre o una madre tiene que criar y cuidar a su hijo, pero si eso sigue sucediendo cuando sus vástagos tienen 30 o 40 años, eso ya no funciona; así que hay que sospechar y preguntarse: ¿de verdad lo que hace al padre o a la madre ser tales es fundamentalmente la acción de criar? 

En una cultura patriarcal, sobreprotectora hay que romper las explicaciones inmediatas para cuestionarse: que son la paternidad y la maternidad, qué hay en ellas que pueda cambiarse sin problema, qué no puede cambiarse porque si no se dejaría de ser padre o madre; qué significa, que sentido tienen. 

Los ejemplos pueden ser muchísimos, prácticamente sobre cualquier cosa: la familia, el trabajo, el juego, la educación, la política, el consumo, la economía, la amistad... Sobre un montón de cosas que damos por sentadas, pero que una vez que se las examina con algún detenimiento, revelan algo más que lo que creíamos.

Una visión complementaria

Los antiguos griegos descubrieron que los humanos podemos comprender la realidad de distintas formas. 

Una, la que hemos venido hablando ha sido denominada doxa. Es la que se basa en lo que lo demás nos han dicho, en los significados que pasan de generación en generación a través de los mitos, los ritos, las tradiciones, la moral; también por lo que aparece inmediatamente ante nuestros ojos, la de las apariencias. Todo lo que en realidad no hemos pensado profundamente ni en su funcionalidad profunda, ni en su sentido y significado reales.

Otra, complementaria, consiste en entender y explicar las cosas por lo que son, no por lo que nos han dicho que son. Es la comprensión, la visión, el entendimiento que brota de reflexionar críticamente las cosas preguntándonos por su causas, cuestionándonos si realmente son como nos han dicho que son o como inicialmente nos parece que son. Los griegos la llamaron episteme, el conocimiento de  ciencia, el  conocimiento de las cosas por sus causas...

Y allí es donde aparece la filosofía, como una forma de conocimiento crítica, sistemática, metódica, con la que se busca responder lo más razonablemente posible a tres preguntas: ¿por qué son las cosas?, ¿Qué son las cosas?, ¿Para qué son las cosas?

Este ejercicio nos permite posicionarnos más humildemente, pero también más firmemente ante la realidad y los desafíos que nos presenta. 

Más humildemente, porque nos ayuda a ver que por más que nos preguntemos las cosas, siempre habrá algo nuevo por conocer, pensar, reflexionar. 

Más firmemente, porque al entender lo que es algo por lo que es -y no por lo que nos han dicho que es o por lo que parece obvio que es-, nos permite tomar partido, decidir acercarnos o alejarnos, abstenernos.

Otro ejemplo: entre educadores y entre familias de educandos, especialmente de escuelas particulares, suele decirse que los estudiantes son los clientes y que hay que darles el servicio que compran. Se dice mucho y hay muchas escuelas que actúan así, hasta llegar a extremos como contratar y despedir profesores a solicitud "de los clientes" (te recomiendo el artículo: ¿Quién (y por qué) despide a los profesores?). Si los alumnos son clientes entonces pueden ser consumidores de lo que quieran y tiene que dárseles lo que les guste y evitarles lo que no les gusta, que no creen que sea necesario para su formación... Es obvio, ¿o no?

Pero si se le piensa bien, la consecuencia de esta explicación es que después de 16 años de ser clientes,  las mujeres y los hombres escolarizados, "educados", son muy poco capaces de leerse a sí mismos, de leer el mundo, de entender cosas, de pensar matemáticamente, de convivir y resolver los conflictos tomando acuerdos, de mantener relaciones cercanas y permanentes, de manejar sus emociones... No están formados para hacer frente al mundo complejo para el que se supone que se les preparaba.

Entonces vienen las preguntas.... Si no es obvio que sean clientes, ¿qué son los estudiantes? ¿Qué es la escuela? ¿Por qué y para qué educarse? Cuando se trata de responder crítica, metódica, sistemáticamente, surgen otros planteamientos, tal vez más razonables; verbigracia, los estudiantes son socios de una obra que tiene una finalidad y pagan por pertenecer a ella para poder sumar esfuerzos con otros socios y así lograr estar mejor formados para la vida, para realizar la suya, para atender los problemas complejos del mundo en el que están, etc. 

Y es que no es lo mismo ser socios que buscan una misma finalidad y en la que participan activamente, y para lo cual entregan su capital, que clientes que toman y desechan mercancías y generalmente no movidos por sus necesidades todavía no descubiertas, pero reales; sino por los gustos que tienen al instante de sentirse en un acto de mercadeo...

Con humildad, pero con firmeza, si uno piensa en la educación como una sociedad que realizan los distintos miembros de una comunidad educativa, se sitúa de otra manera para contratar o despedir profesores, para diseñar las experiencias de aprendizaje, para consensar y establecer las distintas normas..

Hay que hacer una observación en este momento: llegar a conclusiones filosóficas nos pide un esfuerzo intelectual: distinguir de qué cosas hablamos, de no revolverlas, de analizarlas recurriendo a dialogar con personas que se han hecho preguntas similares (como los filósofos que perviven a través de sus obras), con personas que se interrogan como nosotros. 

Filosofar es mucho más que decir lo que se nos ocurre, en un alarde de originalidad que puede terminar siendo la evidencia de nuestra llana torpeza.

https://borgeano.wordpress.com/2014/01/29/dialogando-con-los-muros/

¿Para qué la filosofía?

Para no basar la vida en cualquier #$%&* que venga a la mente, que le digan a uno; sino para dialogar con la realidad mediante diálogos con los demás. 

Se trata de encontrar explicaciones razonables -desobviadas, críticas- de lo que siempre se nos ha dicho, de lo que dicen los demás, de nuestros propios antojos y caprichos; explicaciones que habrá que revisar una y otra vez, porque lo que va de por medio en esta acción sentipensante es la posibilidad de una realizacióin integral de la existencia; de ese llamado que somos a ser más por, con y para los demás encargándonos del mundo que nos carga, en apertura dialogante con lo trascendente. 

Filosofamos para decidir nuestro actuar buscando lo que más nos pueda realizar por, con y para los demás en un momento específico para poder dialogar y buscar lo que sea que pueda ser el bien común, para aprender de nuestros errores, para encontrar sentido a la vida, incluso cuando todo aquello que pensábamos que tenía sentido se nos acabe... para poder ir siendo humanos, aunque sea con pequeños pasos dados a partir de una personal visión de la vida construida con el esfuerzo de ir más allá de lo inmediato.

La UNESCO, en la presentación que hace en su portal electrónico del día Mundial de la Filosofía (https://www.unesco.org/es/days/philosophy) nos recuerda: 

Además de ser una disciplina, la filosofía es también una práctica cotidiana que puede transformar las sociedades y estimular el diálogo entre las culturas. Al despertar al ejercicio del pensamiento y la confrontación razonada de opiniones, la filosofía ayuda a construir una sociedad más tolerante y respetuosa. De esta manera permite comprender y traer una respuesta a los grandes desafíos contemporáneos, creando las condiciones intelectuales para el cambio.

Creo que Luis Ramos Gómez-Pérez no estaba tan errado... La filosofía sirve para no decir tantas #$%&*; para actuar menos #$%&*... En última instancia, para poder ser más cabalmente humanos.

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miércoles, 2 de noviembre de 2022

Ser libres encargándonos por, con y para los demás del mundo

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

De la libertad, nota constitutiva esencial de la persona, he escrito y publicado mucho; sin embargo lo he hecho poco, pues explícitamente en estos apuntes solo ha aparecido para el público un texto que en su momento titulé: Libertad sin compasión: hipotecar la vida humana (puedes leerlo aquí). En ese momento preocupado porque casi espontánemente al pensar que somos libres, nos vemos como individuos y nos ocupamos básicamente de la dimensión individual del decidir lo que construye la vida humana.

Por distintos motivos faltaba una presentación más extensa de la dimensión dinámica de ser persona encargándose de sí misma al encargarse por, con y para los demás del mundo. Nacemos muy determinados por la biología, la física, la química, la sociedad, la cultura. Y sin embargo, somos fundamentalmente indeterminados, pues el bebé es básicamente nadie cuando llega a la existencia, pero es llamado a construirse como ser humano,como persona: ¡tiene la vocación de ir siendo alguien!

Determinado e indeterminado a la vez, el ser humano puede determinar-se en un misterio llamado libertad, en el que confluye todo el dinamismo de su ser, que lo humaniza. Y esta acción siempre es un diálogo consigo mismo, con los demás, con el mundo. Dicho de otra forma: somos libres cuando las personas nos autodeterminamos a partir de las cosas y relaciones que nos determinan, pero no de tal forma que no haya algo que quede pendiente  (indeterminación). Esto sucede porque podemos encargarres de lo que nos carga, mientras nos sigue cargando de alguna manera.

Nunca podremos "echarle la culpa" totalmente a algo o a alguien de que no somos los que estamos llamados a ser, porque somos nosotros quienes decidimos si nos encargamos de nosotros o dejamos que los otros o lo otro se encarguen de convertirnos en "mero producto del destino".

Para dar cuenta de esto, dejo un video en el que de manera didáctica comparto la reflexión que he venido construyendo al pasar el tiempo y que puede ser útil para uno mismo, para charlar con los demás. Deseo que sea de tu agrado.



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lunes, 24 de octubre de 2022

El odio, en sí mismo, no es el problema; la falta de razonabilidad, sí

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://www.coe.int/
Odiar es muy humano... cuando un estímulo interno o externo nos produce incomodidad tendemos a reaccionar con aversión, rechazo, repugnancia. Cuando esto es extremo, al grado de querer eliminarlo, se llega al odio.

Culturalmente asumimos que odiar es malo, que debemos evitarlo a toda costa. Pero si miramos con un poco de atención, pronto caeremos en cuenta que odiar, por ejemplo, la violencia intrafamiliar, puede ayudarnos en el compromiso con su erradicación; lo mismo puede decirse de la ignorancia, la desnutrición o cualquier asunto en el que la dignidad humana queda comprometida. Así, el odio, en sí mismo, no es el problema, sino la ceguera por odio.

Cuando al odiar una educación irresponsable que perpetúa la ignorancia y perdemos de vista cualquier matiz, al grado que de una manera irreflexiva odiamos a todo profesor considerándolo aborrecible y prescindible, sin distinguir los resultados reales de su praxis, entonces estamos ante algo que nos impide un compromiso real para generar alternativas educativas, pues todo nuestro dinamismo se enfocará en acabar con el gremio magisterial y no con las causas del problema que inicialmente nos movió.

No temo decir que en realidad el problema más que el odio es permitirnos que lo emocional nuble cualquier posibilidad de razonabilidad, parcializándonos a nosotros y la visión que tenemos de la realidad y los compromisos y movimientos que podemos tener para encargarnos de nosotros mismos, de nuestras relaciones intersubjetivas y de los problemas que atentan contra la dignidad humana en el mundo. 

Nefasto es desconocer la importancia de las emociones en nuestro vivir cotidiano, que nos alertan y mueven para humanizarnos; tanto como quedar a expensar de sus dinamismos afectivos sin ninguna mediación razonable para integrarlas en una visión más amplia de nosotros, de nuestras relaciones con los demás y con el mundo.

Y es que el odio -la repulsa, animadversión, aversión que nos mueve a querer desaparecer algo- como todas las emociones es una encomienda ética; está encomendado a nuestra libertad. Utilizar el impulso de rebeldía para construir mejores condiciones de vida humana y humanizante actuando de manera integral, integrada (o sea, incluyendo mente y corazón, afectividad y racionalidad) es algo que depende de nosotros. Estamos llamados a responder por lo que hacemos con las emociones, por la vida que producen o por lo inhumano que traen como consecuencia.

Esta consideración, por el impacto que tiene en nuestros días, donde abundan las noticias de crímenes de odio, de polarizaciones, incluso en el nombre de lo que unos dicen que los otros no pueden o deben decir o hacer, se vuelve fundamental para nuestra actitud ética, pero también para la formación ética personal y de las generaciones jóvenes, que con buen acompañamiento educativo pueden crecer como ciudadanos capaces de diálogo e inclusión y no de división.

https://laventanaciudadana.cl/

Te comparto un texto de Fernando Savater, que publico en The Objective, el 23 de octubre de 2022 y que pone el dedo en la llaga, con el excelente estilo que tiene este filósofo vasco para poner en la mesa los temas fundamentales que van involucrados en la posibilidad de vivir humanizantemente y que tituló Tipos de odio (https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2022-10-23/tipos-odio/)

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