Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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jueves, 28 de marzo de 2024

Celebraciones vivenciales... ¡De lo que humaniza para lo que humaniza!

 José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

En muchas páginas leí el 8M: Hoy no se celebra... y en otras: "Celebrar este día es como celebrar el 2 de octubre". Creo entender la lógica de esos comentarios: la realidad dura, discriminatoria, violenta, que han vivido las personas hasta llegar a nuestros días en la efeméride del día internacional no son motivos para pachanguear, para "felicitar" a las mujeres, perdiendo el sentido de la fecha en la vanalidad de una celebración más de tipo comercial o de moda, frívola, superficial...

Pero creo que hay que rescatar la dignidad de la experiencia humana que se encierra en la palabra CELEBRAR.

La RAE nos da como primer significado "ensalzar públicamente a un ser sagrado o un hecho solemne, religioso o profano, dedicando uno o más días a su recuerdo"...

Las personas en la interacción con los demás, con nosotros mismos, con los acontecimientos, vamos viviendo experiencias que se vuelven puntos de referencia importantes en nuestro caminar. Les damos una categoría diferente a lo de cada día, las llenamos de un sentido que no queremos que se pierda... 

Y les asignamos una fecha y las revestimos con narraciones, con objetos simbólicos, incluso con acciones rituales que nos permiten que eso trascienda de generación en generación, más allá de no solo de lo cotidiano, sino de una sola persona.

Al celebrar recordamos, comulgamos, aprendemos y reaprendemos, somos invitados a seguir actuando, incluso a resistir frente a lo que deshumaniza, a rectificar rumbos, a no perder lo que humaniza y que podemos compartirnos de generación en generación.

Así celebramos a nuestra madre, celebramos la nacionalidad, celebramos las experiencias religiosas que están arropadas en los rituales religiosos... Y celebramos muchos otros hechos: como el magisterio, la amistad, los aniversarios de bodas. El 8M y el 2 de octubre sí pueden ser objeto de celebración, si somos capaces de ensalzar su significado, la experiencia humanizante que intentamos que porten año con año.

Pero como pasa en lo que tiene que ver con las estructuras de sentido: se puede ir desgastando, se puede ir perdiendo el significado que dio origen a lo que hoy habría que celebrar. Es muy posible que para mí el 13 de mayo, día del matrimonio de mis padres, sea un día de celebración, pero no para mis hijas o para los sobrino nietos. La celebración del día del veterano no tiene mucho sentido para quien no tiene personas que fueron a la guerra y que han tenido que rehacerse después de ella.

Y es que las celebraciones dejan de ser vivenciales, dejan de tener relación con lo que hoy nos mueve a las personas, lo que nos da sentido, lo que nos invita a seguir adelante y que llena de significado lo vivido.

Te comparto una charla que di sobre las celebraciones vivenciales. Está dirigida a agentes de pastoral, pero parte de la realidad antropológica a la que me he referido... Y nos sitúa ante el desafío de llenar de vida los símbolos, los ritos, las narraciones con las que queremos compartir con los demás ahora y después lo que nos ha parecido una causa suficientemente importante como para utilizarla como parámetro, como punto de referencia en nuestro andar la vida.

Gracias a la editorial Edelvives y al seminario de Revolución Pastoral por invitarme a conversar con sus participantes de este tema importante en la vida humana, de la cual las celebraciones religiosas pueden ser una parte.


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martes, 22 de febrero de 2022

Si lo que sabes no te sirve para ser libre... ¿qué sabes?

Autor: Andrés Felipe Fernando Ortiz

Este texto, que muy amablemente ha sido Andrés Felipe para los Apuntes, contiene una reflexión sobre la persona, su libertad, el sentido de vida y la forma en la que estas dimensiones antropológicas interpelan a la educación, a lo que debería ser ella. Hay ideas muy interesantes y provocativas que bien vale la pena compartir.

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 Dios ha muerto, el hombre también...


“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado”, citó Nietzsche alguna vez, convirtiéndose hasta hoy en día, en una frase que todo aquel que se ha pronunciado ateo, ha mencionado, aunque sea para sus adentros. La cuestión aquí es que el autor no se refería a que existió un Dios y luego murió, sino que es una metáfora que explica cómo, con la llegada de las ideas de la ilustración, se rompieron los cimientos del saber y la moral de la historia de la humanidad, que otorgaba, para bien o para mal, un sentido a la existencia. Dios, entonces, fue reemplazado por la ciencia, la razón y el progreso.
Y es lógico aceptar que esta transición nos ha dado lo que tenemos, sin embargo, esta fe ciega por el progreso científico nos llevó a olvidar que la base de la civilización occidental era el cristianismo, que por mucho tiempo dotó al existir de una verdad. Por tanto, la nueva verdad se fundamentó exclusivamente en el método científico que, cual ironía, fue creada por los mismos cristianos.
Este proceso, encaminado a formar el ateísmo como tal, supliendo a Dios por el hombre, generó una actitud poco humanista, como bien menciona De Regil (2020) el hombre “se quedó sin Dios, pero perdió también al hombre al convertirse en indiferencia por haberse quedado sin el andamiaje que le proporcionaban las creencias implícitas de la cultura moderna” (p. 13).
Es conveniente específicar que la modernidad, que se extiende desde la revolución industrial hasta el siglo XX, dio la oportunidad al ateísmo de reemplazar, como ya se mencionó, a Dios, lo cual fue positivo porque no dejó ese lugar vacío, lo ocupamos nosotros, ahora éramos los responsables de nosotros mismos. Sin embargo, actualmente vivimos en la era de la posmodernidad que, a diferencia de su predecesora, no suple nada, sino que pretende deshacerse de la idea divina, incluido Dios.

Ni un solo viaje, ni en el mismo bote

Es adecuado aceptar que por este posmodernismo en el que estamos navegando, no viajamos en un mismo barco, ¡Qué bueno fuera! sino que la mayoría lo hace en pequeños botes que sobreviven apenas a las olas constantes de la vida, curiosamente no todos anhelan una tierra donde asentarse, sino una isla a la que llegar y disfrutar para, posteriormente, continuar con su travesía, regresando al vaivén, en busca de una isla mejor.
Mas el problema de nuestra época, estimados compañeros, no es el ateísmo, aunque pareciese, sino la indiferencia y no me refiero solo la religiosa que llevó al cristianismo a la crisis que enfrenta actualmente, sino a la indiferencia hacia el humanismo. Por poner un ejemplo, he escuchado a muchas personas exclamar que preferirían ver morir a otras que a un perro, esto después de haber llorado con un video donde alguien salva a uno de morir. La cuestión es preocupante por dos cosas: En primer lugar, la expresión dicha con tal desdén hacia la vida humana y, en segundo, que tal reflexión y emoción dura hasta que deslizamos el dedo por la pantalla de nuestro celular, hasta encontrar un video simplón que nos entretenga diferente o que nos cause gracia.
La indiferencia es peligrosa porque no es exclusiva de los creyentes o de los ateos, sino de todos y es curioso, porque, desde mi experiencia, he visto que muchos de mis congéneres, incluyéndome, sufrimos por la carencia de un sentido y pues, hay quienes lo buscan en coaches de vida, en videos motivacionales, yendo a terapia, etcétera. No se me malinterprete, no es malo buscar respuestas, pero no podemos esperar que alguien más nos diga las respuestas a preguntas que no nos hemos hecho.
Carentes de sentido, no nos queda de otra que anclarnos a las cosas materiales, líquidas, a fin de sentirnos medianamente bien. La situación no es fácil porque sentimos que casi todo nos obliga a seguir determinados por lo externo, en cambio, si nos diéramos cuenta que además somos seres indeterminados y que nacimos con todas las herramientas disponibles para encargarnos de lo que nos carga, estaríamos más cerca de alcanzar lo que todos deseamos, la mayor realización, la libertad, que bien puede concebirse como la capacidad de ruptura con todo aquello que nos impide determinarnos, coexistiendo con, por y para los demás. Estamos, sin lugar a dudas, llamados a la libertad.

Reivindicar el sentido

Es necesario mencionar, en este punto, al método trascendental, pues es la manera más real para que recuperemos ese sentido que buscamos y no terminamos de encontrar, porque sólo nos limitamos en la mismidad y esta por sí sola, no basta, puede justificar nuestra existencia, de manera muy superficial, pero nada más. El acto de vivir humanamente, radica en hacerlo en alteridad, pero reconociendo y valorando nuestra mismidad. En otras palabras, existo con, por y para el otro, más eso no implica que deje de ser yo mismo.
Esta convivencia en humanismo, requiere también reconocer a la ética como aquello que más te realiza y si bien, a diferencia de la moral que puede entenderse más como esas ideas heredadas de generaciones pasadas que nos sirven como referencia de comportamiento socialmente aceptado, el actuar ético es personal pero solo existe en dialogo con los demás. Una vida ética consiste, entonces, en adaptarnos y transformarnos, pues, aunque seamos seres limitados estamos llamados a trascender, construyendo el sentido de la vida que nos soporta constantemente.

Educar en la ética y el sentido

Culmino mi texto reflexionando sobre nuestro quehacer educativo visto desde los problemas y soluciones que mencioné:
Es importante atender nuestra realidad para evitar que nuestra práctica educativa sólo se quede en la superficie de "dar clases y vigilar que los estudiantes se porten bien". 
Para ello, debemos reconocer nuestro concepto de ser humano y replantearlo si es necesario, evitando ese sentido utilitarista, pensando en qué actividad puede ser más eficiente o hará que el alumno alcance un objetivo a fin exclusivo de una calificación aprobatoria. Como trabajadores de la educación, tenemos la oportunidad de generar ese sentido que no todos pudimos entender fácilmente.
Si al alumno le podemos mostrar el método trascendental, cobijándole con humanismo y ejemplo ético de nuestra parte, nuestro futuro está asegurado, y digo nuestro porque somos por y con el otro, no hay que olvidarlo, y al propiciarle las herramientas para la libertad a un alumno, estamos contribuyendo a la libertad de todos. Porque si lo que sabes, no te sirve para ser libre, ¿Qué sabes?

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lunes, 24 de agosto de 2020

El Águila y la Gallina: para hablar de la paradoja de ser humanos

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Cuidado y edición: Socorro Romero Vargas

www.trotta.es
Hace años me encontré con un texto de Leonardo Boff
(https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/08/quien-es-leonardo-boff.html), pensador brasileño que ha resultado muy significativo para muchas personas, me incluyo entre ellas: El águila y la gallina, una metáfora de la condición humana. En el libro, pensado para hablar de cosas profundas con lenguaje sencillo, Boff toma una fabula africana cuya narración atribuye al diplomático ganés James Aggrey y que pone sobre la mesa la condición contradictoria, paradójica de la existencia humana.
Desde la realidad gallina-águila o águila-gallina que somos todos como individuos y como especie, es posible explicarnos dualidades como la esclavitud-libertad, moral-ética, religión-espiritualidad, finitud-apertura a lo infinito o la corporeidad-metacorporeidad que caracterizan nuestro ser en el mundo. 
Yo la he utilizado mucho para hablar del binomio moral-ética en el que se juega en mucho la posibilidad humana de la libertad situada que puede ir más allá de la situación específica en la que se encuentra. Pero me queda claro que se puede utilizar para entender lo que algunos filósofos de cuño judeocristiano llaman corpóreo espiritualidad o para aproximarse a la inteligencia sintiente que puso especialmente sobre la escena del pensamiento occidental Xavier Zubiri.
Comparto con ustedes el águila y la gallina, seguro que su lectura y reflexión es de gran utilidad para observar lo humano y hacer pequeños apuntes de lo que en su pequeñez es este gran ser al que llamamos persona.

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Era una vez un campesino que fue al bosque cercano a atrapar algún pájaro con el fin de tenerlo cautivo en su casa. Consiguió atrapar un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto a las gallinas. Creció como una gallina.

Después de cinco años, ese hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Al pasar por el jardín, dice el naturalista: “Ese pájaro que está ahí, no es una gallina. Es un águila.”

“De hecho”, dijo el hombre. “Es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Es una gallina como las otras.

“No, respondió el naturalista”. Ella es y será siempre un águila. Pues tiene el corazón de un águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas”.

“No, insistió el campesino. Ya se volvió gallina y jamás volará como águila”.

Entonces, decidieron, hacer una prueba. El naturalista tomó al águila, la elevó muy alto y, desafiándola, dijo: “Ya que de hecho eres un águila, ya que tú perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, abre tusa alas y vuela!”

El águila se quedó, fija sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio a las gallinas allá abajo, comiendo granos. Y saltó junto a ellas.

El campesino comentó. “Yo lo dije, ella se transformo en una simple gallina”.

“No”, insistió de nuevo el naturalista, “Es un águila”. Y un águila, siempre será un águila. Vamos a experimentar nuevamente mañana.

viernes, 6 de marzo de 2020

Retos y desafíos de la mujer educadora 2: formar constructores de paz

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autos haz click sobre su nombre.

Este texto pertenece a la tetralogía "Retos y desafíos de la mujer educadora". El título corresponde al de una conferencia que di en Tlaxco, Tlax., con ocasión del Día Internacional de la Mujer del 2015 y que inspira las ideas que presento. Debo decir que las reflexiones aunque tienen una mención especial de las mujeres educadoras, en realidad atañen a todo educador, formal o no formal.
En el primer texto abordé una idea que me parece importante: hoy quien educa ha de formar personas sexualmente integradas

LA NECESIDAD DE LA PAZ

Creo que un segundo reto que enfrenta todo educador, incluidas las madres, es formar personas que construyan la paz, entendida como la existencia de condiciones culturales, sociales, materiales para que los seres humanos en lo individual y común puedan vivir dignamente. Su contrario, la violencia, es todo lo que impide la vida digna, haya o no balazos y golpes (si se quiere dar un vistazo mayor a esta manera de comprender lo pacífico, pueden consultar el artículo publicado también en la columna denominado: “La paz es posible, tiene que ser posible”: http://textoscirculo.blogspot.mx/2011/10/la-paz-es-posible-tiene-que-ser-posible.html).
          No cabe duda: vivimos en un mundo donde las condiciones para una existencia digna son adversas. La nuestra es una realidad en la que convivimos cotidianamente con lo violento. Que las cosas sean diferentes no sucede solo, ni por acto de magia o mera invocación a lo divino. Requiere que las mujeres y los hombres nos involucremos en construir una y otra vez una Casa Común en la que quepamos bien todos los seres del planeta.
              La persona pacífica es proactiva. Está comprometida consigo, con los demás -en especial los próximos y entre ellos los menos favorecidos- con el mundo que le tocó vivir. 
          Se empeña, por ejemplo, en que haya vivienda que permita la intimidad, la creación de un hogar –que es más que las paredes del hospedaje cotidiano-; atesora la salud y sus requisitos preventivos como la la higiene, la actividad física o las relaciones sociales cordiales; valora que la escolarización contribuya a la formación del entendimiento, la voluntad, la libertad, en conjunto con la familia y los grupos socializadores como las iglesias, las organizaciones civiles, sin inteligencia, corazón y voluntad ningún cambio es posible.
                De igual manera aprecia y apoya la existencia de infraestructura de comunicación, de transporte, de sanidad. Entiende que para que haya comunión y progreso debe haber información y expresión. Rechaza que los aparatos institucionales y empresariales estén por encima del valor de las personas y vigila que no haya abusos de autoridad. En el empeño de la construcción de la paz privilegia la mediación en la solución de conflictos que los abusos de poder.
            Como se ve, la paz implica todas las dimensiones de la persona, debe ser entendida y vivida más como un proceso que como un estado alcanzado de una vez y para siempre... Es una vocación que surge de lo más profundo que lo somos y también es una tarea que abarca la forma misma en la que decidimos vivir día a día.

EDUCAR EN LA PAZ PARA LA PAZ

La lista de características de la persona pacífica es grande, grande, y siempre encontrará su raíz en la educación, en especial la que las mujeres madres y las profesores de educación básica, tienen en sus manos. Solo se puede educar para la paz en la paz. En cada hogar, en cada aula, en cada espacio de convivencia de los templos, las juntas auxiliares se juega el que las nuevas generaciones sean invitados a relacionarse con los demás buscando el bien común, en cualquiera de las dimensiones individuales y sociales de que se trate.

                Educar en la paz para la paz significa crear ambientes en los que unos cuiden de los otros, en los que se puede hablar y escuchar, en los que haya higiene, lectura, escritura, dialogo, al tiempo que haya rechazo y denuncia del acoso, los golpes, la irresolución de conflictos por la existencia de irrespeto, golpes, indiferencia.
           Una faceta siempre importante, pero especialmente pertinente en nuestros días, tiene que ver con el aprendizaje en los distintos ámbitos en los que nos desenvolvemos de la solución pacífica de conflictos. Se trata de abordar los desacuerdos que la vivencia cotidiana provoca y que hay que convertir en concuerdos. Eso supone un manejo asertivo de emociones, la capacidad de entender, juzgar, deliberar, pensar desde los otros, desde la realidad y desde lo que uno mismo siente y entiende.
          Este territorio es inédito para muchos de nosotros. Los padres de familia no han sido formado para ellos, tampoco los normalistas o los educadores que se han formado en la marcha, todos tenemos que entrar en este proceso formativo.
          La paz no es posible sin la participación política. Hay que negociar la influencia que cada uno tenemos para poder hacer acciones pacíficas y solucionar las violentas. No hay lugar para el desinterés de lo que nos atañe en la familia, con los vecinos, los lugares de trabajo, la comunidad, los municipios, las regiones, los países y el mundo. Es necesario ser protagonista en los escenarios en los que podemos actuar y de la manera que debemos actuar: en casa creando colaborativamente dinámicas pacíficas de relación, buscando mejores condiciones de vida (que no son solo consumibles), de manera similar con los vecinos, en el lugar de trabajo. En el manejo de los asuntos de la ciudad, del país hemos de entender corresponsabilidad y hacer labor de presión social y vigilancia.
            Un tercer aspecto -de los muchos que esta temática involucra- que me parece pertinente es formar a las personas para que sean divulgadores de lo pacífico. Que compartan comunicando las acciones que sí logran, ser reporteros de buenas noticias... Y es que lo violento es sutil, pero también puede ser aparatoso, mover el morbo, la "comidilla de las conversaciones" en los lugares en los que nos relacionamos. Y de tanto escuchar que la paz no es posible, de verdad la vivimos como un imposible. El mecanismo inverso provoca el efecto inverso, pero hay que estar formados para encontrar los signos, las semillas de la paz y para saber compartirlas... Nos hace falta estar formados en ser reporteros especializados en las buenas noticias que apuestan por la paz (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2019/01/necesitamos-reporteros-especializados.html).
                Actualmente abundan los materiales pedagógicos para dar estos pasos. Cada milímetro que se avance es el abono de una cuota real de humanidad digna. El desafío, el reto está allí, hay que formarse como educadoras y educadores para encararlo sin esperar recetas y fórmulas mágicas. Es posible, tiene que ser posible.


Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el viernes 20 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan. Actualizado el 06 de marzo de 2020.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Retos y desafíos de la mujer educadora I: formar personas de sexualidad integrada

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autor, haz click sobre su nombre.

Conmemorar a la mujer promoviendo lo humano


Con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer del 2015 recibí por medio de Paty Caballero la invitación de un grupo de mujeres en Tlaxco, Tlax. para conversar con ellas sobre un tema que tiene mucho que ver con el lema que en ese entonces asignó la Organización de las Naciones Unidas para esta efeméride: “empoderando a las mujeres, empoderando a la humanidad: ¡imagínalo!”
El tema para nuestra charla fue el de Retos y desafíos de la mujer educadora, supongo que en atención al gran número de madres y profesoras existente en esa región (y yo añadiría que en todas).
                La reflexión conjunta comenzó señalando cómo entender la educación de una manera amplia, que dé cuenta de la riqueza de este fenómeno: “Educar es acompañar el proceso por el cual una persona responde a su propio llamado de ser más con, por y para los demás en el mundo que le tocó vivir, de manera integral y abiertos a la trascendencia”.
                La educación, conforme a lo anterior, es un proceso que pretende que una generación acompañe a otra en el descubrimiento de las posibilidades que para ser humano descubrieron las generaciones que las precedieron y en las suyas propias para que el mundo en el que les tocó vivir pueda ser más humano, justo: un lugar para vivir con personas con dignidad.
                Ese día me permití compartirles que yo encuentro que me parece que hay tres áreas prioritarias de retos y desafíos -de oportunidad de empoderamiento-  en nuestro siglo:
a) El de la educación para vivir una sexualidad integrada, la que forma mujeres que siendo muy mujeres asumen su masculinidad y hombres que siendo muy hombres asumen su femineidad.
b) El de la educación que forma personas capaces de valorar todo aquello que los permite ser mejores seres humanos con, por y para los demás con quienes comparten el mundo que deberán transformar en un espacio de solidaridad, justicia y de bien tener, bien ser, bien estar y bien saber. No educar en valores, sino para que cada quien valore.
c) El de la educación que forma para que las mujeres y los hombres se responsabilicen de la creación de condiciones para vivir en paz.
d) Al paso del tiempo me ha parecido importante añadir un cuarto reto: educar en las nuevas masculinidades: formar a los hombres en lo masculino de una manera asertiva y acertada para nuestro tiempo.

          Cada desafío ha sido desarrollado en un artículo por separado, que con ello dan vida a la serie "Retos y desafíos de la mujer educadora", que contiene un total de 4 entregas.
          Antes de abordar la primera reflexión, quiero señalar que si bien la reflexión fue dirigida a mujeres educadores -madres de familia y profesoras- el compromiso de la educación humana integral no es cosa de mujeres, sino de cada ser humano que entiende que la viabilidad de nuestro mundo solo será posible si acompañamos a las nuevas generaciones para que las personas que las conforman emerjan capaces de ser la mejor versión de sí mismas, por con y para los demás adaptándose y transformando el mundo en el que viven para que sea un lugar en el que la dignidad sea de alguna manera posible.

Formar personas de sexualidad integrada


La sexualidad humana es muchísimo más que distinción de hormonas, cromosomas y genitales. Es una forma de estar en el mundo que se caracteriza por su apertura para dar y recibir vida humana y que se constituye en una fuerza que lanza a las personas fuera de sí para lo masculino encuentre lo femenino que puede ser y viceversa.
Un ejemplo entre muchísimos: para una mujer vivir una sexualidad integrada como madre significa que en el contacto con lo masculina descubra las posibilidades paternas que tiene; para el hombre, lo contrario, que significa que un varón debe descubrir sus posibilidades maternas.
Rasgos tradicionalmente relacionados con lo masculino como la agresividad, la capacidad lógica, la racionalidad, la valentía, la fuerza son correlativos con lo femenino, caracterizado como afectividad, intuición, emoción, ternura, capacidad de acoger la vida. Una persona es más completa cuando en el contacto con la sexualidad de los otros integra la suya propia de una manera más amplia, holística.
Foto: Patricia Serna Madariaga

Esto significa que una persona educada, formada, para construir una sexualidad humana más plena es capaz de ir más allá de los roles de género, de los encasillamientos socio-culturales que excluyen lo masculino de lo femenino y viceversa.
La mujer educadora –lo mismo que el hombre educador- está llamada a propiciar en los educandos la apertura para que de manera libre, respetuosa, ubicada en el contexto cultural inmediato vayan al encuentro del otro mujer u hombre y al compartir responsabilidades domésticas, escolares, sociales, descubran lo masculino y lo femenino y lo integren en su propia forma de ser.
Un amigo varón educado de esta forma puede ser capaz de abrazar con gran ternura a un amigo, hermano, colega que atraviese por momentos reales de dolor, sufrimiento, miedo, frustración o angustia, esos que colapsan temporalmente nuestros deseos de seguir adelante comiéndonos el mundo. Por abrazar así no es menos varón, es más ser humano. Siguiendo esta lógica: debe ser capaz de dar abrazos firmes, recios, de esos que impulsan a salir a comerse la vida a bocados.
Decía anteriormente: se educa en un contexto cultural específico, pero no solo para que las personas se adapten sin más a él, reproduciendo perennemente los valores y las conductas atribuidos tradicionalmente a los roles de género, sino para transformar los significados y las formas de interrelación que permitan que las personas coexistamos con las posibilidades de siempre y las que la complejidad del momento histórico exigen de nosotros.
Educar implica tomar de frente el desafío de formar no mujercitas u hombrecitos, sino seres humanos integrales, integrados, abiertos, capaces de reconocerse en los otros, con los otros y para los otros, con la sabiduría suficiente para rescatar de la cultura lo que humaniza y transformar en ella lo que lo impide, y si de sexualidad se trata: permitiendo que las mujeres sean muy cabales porque son lo suficientemente masculinas y femeninas para generar vida humana en todos los ámbitos; facultando a los hombres para que sean muy cabales porque son los suficientemente femeninos y masculinos para generar vida humana en todos los ámbitos.


Publicado en Síntesis, Tlax., el 12 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan.
Actualizado el 04 de marzo de 2020

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miércoles, 7 de agosto de 2019

Barruntar al ser humano

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer al autor, haz click aquí
Autor: Desiderio H. Xochitiotzin

Hablar del ser humano, de la persona, puede parecer en un primer vistazo, algo sencillo, sin problema alguno; al fin y al cabo: ¡todos somos humanos!
Pero si en lugar de mirar por la superficie, profundizamos, nos daremos cuenta que el ser humano es diferente a cualquier otro tipo de seres, incluso a nuestras queridas mascotas,. Para acabar pronto, al menos hasta el momento, no hemos visto a un perro, gato o hámster, analizar las propiedades de la materia a tal grado que hayan puesto condiciones para que su materia se libere de tal forma que en una explosión deshaga a una ciudad como Hiroshima o Nagasaki; tampoco los hemos visto observar de tal manera que puedan formular preguntas sobre el comportamiento de los organismos microscópicos y su influencia en los organismos vivos, como para formular las hipótesis que llevaron a la invención de las vacunas.
Repito: es que el ser humano es muy diferente. Hay que mirar más agudamente, seguir todas las pistas posibles para darse una idea que permita atisbar lo que vale la pena respecto de uno mismo, algo que oriente el significado de las relaciones sociales, la praxis que nos lleve a desenvolvernos en la realidad.
Para ello será necesario partir del indicio que salta a la vista en primer lugar: el ser humano está llamado a serlo y de allí habrá que recorrer la senda de los vestigios que llevan a la proximidad del misterio que encierran las mujeres y los hombres en la profundidad de lo que son.