Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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martes, 24 de enero de 2023

Educar: ¿"expender clasecitas" en el tendejón de la esquina?

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

Frecuente, muy frecuente: "Oye, te voy a mandar mi cv... a ver si puedo dar unas clasecitas". 

El interlocutor se ha quedado sin empleo o está en la zona de recién egreso de la Universidad. Cada vez más cuando escucho (o leo a través de mi servicio de mensajería) viene a mí la imagen del despachador del carrito de la esquina, o del tendejón de barrio; incluso de la tienda de conveniencia o una cadena como WalMart.

Pareciera que educar es dar clases, que se expenden a los alumnos y a sus familias. Los docentes despachan la mercancía que les entregó el dueño del changarrito o el gran almacén, empaquetado en forma de clases. Entre mejor se entregan las clases, más cerca pueden estar de su distintivo del empleado del mes (Todos creen que saben educar)

Sí, sé que suena cruel, pero pareciera que eso de dar clases -que no educar- consiste en tomar un programa, encontrar en él un temario, buscar los libros que desarrollan esos temas y transferirlo en forma de sesiones en un salón o en una computadora a los alumnos... Puede ser tan sofisticado como se quiera, pero al final la transacción pareciera ser esa. 

Y lo peor: el educador solo entrega en el mostrador los paquetes prefabricados que le entregan el Estado o el dueño de la escuela y no se siente protagonista de una propuesta humanizante que le valga la pena para entregar el pellejo en el acompañamiento educativo, para acompañar la inmersión en el patrimonio humanizante y el despertar a la transformación de mismo cuño.

Y en la vida diaria, cuando egresan más allá del tendejón o almacén llamado escuela, instituto, colegio, universidad, las personas afrontan la labor de construir su existencia bastante más indefensos de lo que su certificado de estudios y sus títulos académicos parecieran decir. Y es que educar es más, mucho más que dar clases y ser educador es -simétricamente- mucho más que administrar temarios y recetarios de habilidades y conductas esperadas cual empleado de anaquel o mostrador.

Educar en las instituciones educativas (valga la redundancia) es acompañar los procesos por los cuales las personas responden a su llamado humanizante de construirse personas, por, con y para los demás, encargándose del mundo; y hacerlo profesionalmente, de manera intencional, dialógica, razonablemente fundamentada y apoyada en una praxis coherente los procesos.

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

La persona educada tiene herramientas humanizantes: 

  • Es capaz de entender el mundo a partir del patrimonio de explicaciones y conocimientos que otros han construido, pero con la curiosidad para desentrañarlo más allá de lo que siempre le han dicho, de lo que aparece a primera vista (es una persona crítica).
  • Puede resolver problemas y situaciones que en la vida cotidiana personal, laboral, social se le presentan y para ello es capaz de utilizar respuestas que ya existen, pero puede generar opciones si estas son insuficientes (es una persona creativa)
  • Disfruta la vida porque sabe poner en juego sus sentidos y sentimientos, los afectos y emociones que lo alertan sobre lo que puede valer la pena o aquello que tal vez no sea tan humanizante en algún momento; es capaz de estimar las "cosas buenas de la vida" y con mucha más razón estimarse a sí misma (es una persona integrada afectivamente).
  • Asume el desafío de decidir discerniendo aquello que puede realizarlo a él más por, con y para los demás porque responde mejor a los desafíos para que el mundo sea más humano. Se arriesga a hacer opciones éticas y no solo morales (es una persona libre)
  • Dialoga, interactúa, vive la existencia como una corresponsabilidad de ser más por, con y para los demás. Sabe que sin los otros su yo no sería sino un famélico fantasma; pero que reducido a los demás, sería un ser vacío. Se vive colaborativamente para construir una identidad robusta, pero abierta a los demás y al mundo (es una persona solidaria).
  • Arriesga sus posibilidades, porque aunque vive entrañablemente su aquí y ahora, sabe que ser humanos es trascender, ir más allá, no detenerse, no quedarse atrapado en el pasado o en la inmovilidad del presente, pues logra construir sentidos últimos de vida (es una persona abierta a la trascendencia).

En resumen, la persona educada es autónoma en la apertura de relacionarse consigo, con los demás, con el mundo (Las cuatro C de una educación pertinente para nuestro tiempo). Y llegar a ella no sucede solo por asistir a clases, acreditar asignaturas, cumplir los requisitos de vestimenta, "buena conducta" y obtener calificaciones y grados académicos  que engalanan las egotecas familiares. Y a eso se refiere la calidad educativa (Hablemos de calidad educativa)

El Día Internacional de la Educación, instaurado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 6 de diciembre de 2018, para que en esa efeméride mujeres y hombres de todo el mundo nos demos la oportunidad de volver mente y corazón al sentido y significado del derecho humano a la educación, que es motor de paz y desarrollo humano integral. ¡Pero se trata del derecho a una educación de calidad!

En el nivel más elemental y según datos de la UNESCO, hay en el mundo 244 millones de niños y jóvenes sin escolarizar y 771 millones de adultos analfabetos (https://www.unesco.org/es/days/education) sin contar los enormes porcentajes de personas que al final de su educación básica no pueden lidiar con el mundo por carecer de competencia matemática y lingüística... (Analfabetismo e incompetencia comunicativa). La SEP en su Estrategia Nacional para Promover Trayectoria Educativas Completas, Continuas y de Excelencia, habla que en 2017 había niveles mayores al 64.5 y 33.8% de carencia de logro educativo en matemáticas y lenguaje y comunicación en alumnos de tercero de secundaria (Estrategia Nacional para Promover Trayectorias Educativas Completas, Continuas y de Excelencia)

https://trello.com/b/eTIm6Q0S/education-day-2023

En el nivel de ciudadanía, a la que tiende la teleología educativa, la convivencia pacífica sigue presentándose con un reto y ella supone el aprendizaje del manejo emocional, la capacidad de dialogar, de tomar y evaluar acuerdos, de decidir aquello que es necesario para lograr lo más cercano a lo que pudiera ser considerado bien común. 

La salud física, social, ecológica son deudas pendientes, las personas no estamos preparadas para entendernos, atendernos, prevenir y potenciar estilos de vida saludable. Esto tiene enormes costos individuales, familiares, sociales.

En fin; parece que el punto está establecido... La educación reducida a dar clasecitas, a dar los temarios que alguien más designa, a utilizar sin más los libros de texto que otros escriben, a consumir los contenidos de las plataformas tecnológicas que alguien más diseña y que pierde de vista la formación integral de las personas capaces de encargarse de sí por, con y para los demás al tiempo que se encargan de humanizarse humanizando el mundo, no garantiza el derecho a la educación. 

Puede resonarnos el lema 2023 del Día Internacional de la Educación: Invertir en las personas: priorizar la educación, es una buena invitación a vernos como diseñadores e instrumentadores de procesos educativos en las que el fruto del acompañamiento entre los seres humanos sea que realmente se pueda ser protagonistas de la propia vida, cocreadores de un mundo digno. Y en ese llamado humanizante todos tenemos cabida: padres, educadores, administradores educativos, dueños de escuelas, autoridades oficiales y, por supuesto, todos los educandos.


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martes, 28 de abril de 2020

COVID-19, EDUCACIÓN Y DESIGUALDAD HISTÓRICA

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Cuidado y estilo: Socorro Romero Vargas

Hace más de un año, cuando la pandemia del coronavirus comenzaba, Sarah Banderas publicó el artículo adjunto. 
                Hoy han cambiado las cosas. Ya se habla con mayor conocimiento del desenvolvimiento del virus, de algunas de sus variantes, de cómo podemos retornar a los trabajos, a la escuela.
              En este último ámbito se habla de clases híbridas -con la consiguiente adquisición de equipos tecnológicos que no son baratos por parte de las escuelas- en las que los profesores podrán atender a los estudiantes simultáneamente en dos formatos: presencial y en línea.
               La hipótesis es que esta modalidad permitirá el retorno paulatino, el acompañamiento socioemocional que requieren los estudiantes, recuperar algo de la calidad académica que se supone que se ha ido perdiendo a lo largo de 16 meses en los que la escolarización como la conocemos hasta el momento se ha visto afectada.
               Creo que muy poco se habla de cómo el retorno con esta modalidad seguirá abriendo la brecha en el acceso a la educación. Ni todas las escuelas particulares podrán afrontar los compromisos económicos que supone dar este paso, porque además de la adquisición de herramientas tecnológicas hay que invertir en capacitación; ni muchas de las escuelas públicas.
              Grupos muy pequeños de niños, adolescentes y jóvenes podrán seguir en su crecimiento educativo y académico, mientras que una inmensa mayoría tendrá lo que se pueda. La desigualdad histórica no está siendo paliada.
                La educación -escolarizada o no- es fruto de un pacto social al que todos estamos llamados, desde donde nos juguemos la vida. Las consecuencias de la apertura de la brecha que supone la disparidad que la pandemia ha supuesto en término de acceso tecnológico y escolar todavía no son del todo previsibles, pero existirán y nos interpelarán. 
                Ni las escuelas ni las familias por sí solas podrán navegar en el empeño de justicia que supone acortar las distancias necesarias para que el derecho universal a una educación de calidad sea posible: ¿estamos y estaremos dispuestos a asumir solidariamente esta causa como nuestra? ¿Podremos asumir las responsabilidades ante la desigualdad educativa que se ha generado por la dinámica social provocada por la pandemia del coronavirus?
               En el contexto de estas reflexiones, el texto actualizado sigue siendo vigente. Te invito a leerlo.

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Tras la larguísima pausa vacacional de Semana Santa del 2020, cuando nos sorprendió la pandemia, los estudiantes en México "regresaron a clases" en plena crisis sanitaria mundial por el Covid-19. Desde entonces en mi mente desfilan dos tipos de imágenes totalmente contradictorias, portadoras de dimensiones de la realidad totalmente escindidas.
               Por una parte, están mis amigos, los exalumnos de las licenciaturas y posgrados educativos en los que he trabajado. Ellas y ellos se esfuerzan por cumplir su función docente en línea. Algunos de ellos tienen estudiantes muy afortunados: pueden participar en videoclases a través de alguna de las plataformas que hoy se han puesto de moda para ello; son alumnos de instituciones que tienen recursos tecnológicos para apoyar en línea los cursos que imparten.
              Por otra parte veo grupos de padres de familia que tratan de organizarse por WhatsApp, preocupados por la acreditación escolar de sus hijos, sin mayor apoyo que un documento de word con instrucciones para que el estudiante y sus progenitores trabajen en casa y lleven a la escuela una carpeta cuando sea posible volver a ella, llena de "evidencias" de aprendizaje (de cuya tiranía hemos hablado en https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/04/la-tirania-de-las-evidencias.html), y cuyos autores no recibirán retroalimentación alguna ni al producto, ni al proceso; mucho menos podrá ser constatado si aprendieron, más allá del examen que hagan.

             Hay, sin embargo, muchos, muchísimos estudiantes más que no tienen acceso a señal de internet, a datos de telefonía celular, algunos ni siquiera a energía eléctrica, cuyos profesores simplemente dejaron de laborar desde marzo y hasta que se pueda. Para estos chicos no hay igualdad de oportunidades y el derecho a la educación (escolarización, pues) les queda al menos "abollado".
              En estas cavilaciones me encontraba, cuando mi amiga Sarah Banderas me compartió su más reciente publicación, en Este país, el 27 de abril pasado (o sea, solo ayer, cuando yo escribo). El título de su artículo da en el blanco: "El Covid-19 y el derecho a la educación: la herida histórica de la desigualdad".
              La académica, tras plantearse si la improvisada y atropellada puesta en marcha de una educación en línea "de a como se vaya pudiendo" que supuso la entrada en vigor de las medidas para palear la crisis sanitaria del coronavirus, permite a los mexicanos en igualdad de condiciones concluir el ciclo escolar, nos da las cifras del INEGI sobre la tecnología en los hogares. El panorama es claro: hay un porcentaje de casi un tercio de la población que quedará fuera de la jugada.
              La autora contempla no solo  la exclusión por motivos de acceso tecnológicos, también de apoyo en casa: no contarán con una persona cercana que pueda orientarlos para sacar provecho de la televisión durante el #aprendeencasa, el apoyo para manejar libros de texto y actividades de aprendizaje será mínimo. Serán niños, adolescentes y jóvenes posiblemente ocupados, pero sin ganancia efectiva de cara a los planes y programas de estudio.
               Así, nos encontramos frente a la incapacidad real del gobierno de cumplir el mandato constitucional de ofrecer educación para todos y la realidad de que el sistema económico nos escinde socialmente, deja un saldo de excluidos, marginados de los que habrá que hacernos cargo.
              El artículo de Sarah Banderas a mí me deja en claro que la descolarización que producirá la desigualdad socioeconómica solo podrá ser afrontada si los ciudadanos desatamos mecanismos de solidaridad, estrategias que vayan más allá de las cuatro paredes del aula en las veinte horas semanales de clase (https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2020/04/ser-para-los-demas-en-tiempos-del-covid.html). No cabe duda: es tiempo de dar nuestro aporte para construir un mundo con mayores oportunidades para un mínimo de igualdad...

Queda el vínculo para el texto original del artículo: https://estepais.com/tendencias_y_opiniones/el-covid-19-y-el-derecho-a-la-educacion-la-herida-historica-de-la-desigualdad/




Actualización: 31 de julio de 2021