Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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domingo, 12 de julio de 2020

Cuando la realidad nos cachetea: crisis, oportunidades y esperanza

Autor: Guillermo Santos de Alba

Edición y corrección: Socorro Romero

Guillermo Santos de Alba es filósofo y acompañante del desarrollo humano. Desde la trinchera en la que acompaña a los suyos reflexiona sobre las oportunidades de resignificación que abre la realidad que se vive en los tiempos de la pandemia en la que se ha padecido la irrupción del coronavirus en la vida de una humanidad que pese a todo sigue siendo vulnerable.

Volver los ojos y la reflexión hacia sí, los demás y el mundo para resignificarnos es una oportunidad única, generadora de esperanza... ¿la tomaremos o la dejaremos pasar? 

Compartimos este texto en nuestros primeros apuntes, deseando que las colaboraciones de Guillermo se vuelvan habituales en los Apuntes en el camino.

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De un momento a otro la cotidianeidad cambió, un virus vino a mostrarnos nuestras vulnerabilidades como humanidad dejándonos en riesgo y expuestos. Como diría el filósofo Xavier Zubiri, la realidad nos cacheteó y de una manera más fuerte a la que normalmente estamos acostumbrados.

Estamos frente a una crisis que se ha manifestado por el cambio en la relación con los otros, una variación que nos llevó a trasladarnos a una pantalla y a la red, lo cual ha traído una serie de retos que nos lleva a preguntarnos sobre ¿qué es lo que realmente importa?, ¿cuál es la mejor manera para comunicarme con otros?, ¿cuáles son las medidas convenientes para la sana distancia?, ¿cómo han cambiado las relaciones personales?, ¿qué sucede con nuestra relación con los otros y con nosotros mismos? 

Y es aquí donde la angustia y ansiedad comienzan a ser un peso para que la balanza se incline hacia la desesperación y las inseguridades de las personas, aunado a esto, si le agregamos que estamos en una cultura donde lo más común es mirar para fuera, nos lleva a poner la cereza al pastel.

La pandemia nos ha sitiado de frente al futuro, haciendo que volvamos la mirada a aquello que realmente importa, lo que nos hace humanos y que, con el paso del tiempo, las prisas y la cotidianidad se nos olvida que está ahí.

Estamos ante la oportunidad de construir un futuro que recupere lo que se ha perdido en esta época, donde vale más una marca que la persona; donde eres visto en su mayoría de las cosas por lo que se tiene o se consume que por lo que es, haciendo imágenes idílicas de lo que la “felicidad” resulta a través del consumo de objetos, personas, placeres, etc.

Ante la crisis que ha desatado la pandemia, surge una esperanza de reconocer y recapacitar sobre nuestros actos. Cada día extrañamos a los que estábamos acostumbrados a ver en lo cotidiano, y extrañamos en cierto sentido, la vida que teníamos antes de la pandemia. Como si estuviéramos en un duelo por lo que se nos ha ido (con esto solo quiero enfatizar sobre las actividades o actitudes que han cambiado con la pandemia) como si no estuviéramos preparados para la realidad que nos ha cacheteado en estos meses.

La tradición educativa se nos ha hecho familiar, nos educaron para algo, para salir a lo que el mundo nos reta y ahora en una determinada forma esa educación, no nos preparó para enfrentarnos a nosotros mismos y a los que tenemos en casa. Y es ahí cuando pareciera que las relaciones se rompen más, dando lugar a las violencias de cada persona.

Este tiempo de crisis, es una oportunidad para reencontrarnos como personas con la parte interior que hemos olvidado, aquella donde el espíritu de la persona habla, pero se necesita dejarla escuchar y eso muchas veces da miedo, porque no estamos educados para salir al encuentro de nosotros mismos; entonces surge el miedo por escuchar lo desconocido y por no saber cómo reaccionar. Lo interesante no es quedarse ahí, sino reaccionar abrazando con paz la voz interior, sabiendo que es un abrazo con aquello que me hace reflejarme en el otro, porque es en la dimensión espiritual, donde nos reflejamos a través de lo que nos hace humanos y es en la escucha de lo que somos lo que nos hace hacernos cargo de esta realidad que nos cachetea, para cambiarla y poderle decir como el mismo Zubiri afirma después, una realidad que me posibilita posibilidades y que se me presenta como oportunidad.

Para ir cerrando esta reflexión, vale la pena preguntarnos: ¿es este mundo  el que realmente queremos dejar?, ¿cómo son nuestros consumos y qué compromiso tenemos con los que vienen debajo de nosotros, aquellos a los que les heredaremos lo que estamos construyendo?, ¿realmente estamos siendo hermanos-humanos con el otro? y ¿tenemos el valor de dejarnos interpelar por la escucha de la parte espiritual y dejarnos llevar por los caminos a donde nos lleva?

La pandemia nos ha puesto de cara a nuestra vulnerabilidad, porque nos ha dejado ver que somos débiles ante el mundo que nos hemos construido. Asimismo, esta fragilidad nos lleva como humanidad a querer responder de dos maneras, la primera: dejarnos cachetear sin aprender la lección; la segunda: aprender que la forma en la que estamos construyendo la sociedad no es la más adecuada y tenemos que replantearnos nuestros consumos, nuestros tratos, nuestras formas de amar y de ser solidarios con los demás ¿cuál eliges?



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miércoles, 8 de abril de 2020

Ante la crisis del 2020: la ética del cuidado como fuente de esperanza razonable

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor, haz click aquí
Edición y cuidado del texto: Socorro Romero Vargas

En la comunicación con los conocidos, que  las medidas sociopolíticas de distanciamiento han permitido durante la pandemia del Covit-19, encuentro dos grandes tendencias: una es la muy sana comunicación llena de humor, que solemos denominar memes, acompañados de toda clase de juegos en redes sociales para socializar y entretenernos; otra es una que trata de atender  lo que sucede y  que se da en un talante de incertidumbre y para muchos cada vez más de desesperanza.
           Y esto segundo es comprensible: Vivimos un fenómeno de proporciones inimaginables apenas hace muy poco tiempo; muchos estamos en un encierro doméstico más o menos voluntario; nos llega todo tipo de información y nos preguntamos ¿qué está pasando?, ¿qué pasará?, ¿estamos preparados para sobrellevar una contingencia de este tamaño por todo el tiempo que durará, que de hecho, será mayor que el de la pandemia en sí misma, pues se atisba en el horizonte una gran crisis sociopolítica y económica?

Reflexión con sentido

          Y en este ir y venir de datos y opiniones un grupo de académicos del Centro de Investigación Social Avanzada quisieron sumarse a la construcción de la certeza y la esperanza emitiendo un documento titulado: Cuidar al otro. Consideraciones bioéticas ante la pandemia Covit-19.
          El equipo de 12 pensadores mexicanos, coordinados por Rodrigo Guerra, propone un camino que no parte de qué cosas hay que hacer durante y después de la pandemia, sino de la consideración de algunos criterios éticos, bioéticos, que pueden darnos luz a la hora de decidir lo que toque para encargarnos de la realidad en los ámbitos personal, familiar, de la comunidad política a la que pertenecemos, e incluso el global. Me parece que están convencidos que si los asuntos de fundamento quedan claros, se pueden afrontar mejor los asuntos prácticos.

          El texto es breve, puntual, de doce páginas tamaño carta. Está organizado en 14 numerales, reunidos en una introducción, tres planteamientos de reflexión y una conclusión. Cada numeral contiene un planteamiento de fundamentación o propuestas de consideraciones bioéticas a partir de las cuales considerar razonablemente nuestro actuar (ambas son funciones del pensamiento ético).
          Con un estilo directo y sólido en contenido, sin pretensiones academicistas, el lector es invitado a mirar la acción humana en la pandemia a partir de la dignidad inalienable de la persona humana y la debida responsabilidad de cuidar no solo de uno mismo, sino del otro, en especial el más vulnerable desde cualquier perspectiva que lo sea. La persona debe ser afirmada por sí  misma y no como medio, como instrumento político, económico o de algún tipo.
          Y deja claro: sin el otro no hay posibilidad al yo, pues en el descubrimiento y acogida del otro nos construimos.... La ética -y su aplicación bioética- propuesta es relacional. Cuidarnos -como opción ética- es un imperativo categórico, pues significa que nos vivimos impelidos a hacer lo que razonablemente está en nuestra circunstancia para que las personas vivan con la dignidad que les corresponda, de la manera que les sea realmente posible (un supuesto que no hay que perder de vista es que lo real no solo es lo que está ya dado, establecido, sino también lo que puede ser y lo que debe ser, entendidos como un dinamismo de humanización al que todos estamos llamados, pues la vida humana es vocación y tarea de ser dignamente humanos).

La dimensión familiar

¿Dónde nace y se cultiva el cuidado? En la familia, que es mucho más que una sociedad de convivencia para poder solventar necesidades económicas y sociales. Es el lugar del descubrimiento del otro en toda su humanidad, sus límites y potencialidades, es el ambiente de la solidaridad primera y la posible construcción de relaciones humanizantes.
           Una consideración atenta de la pandemia llama a entender que es en la familia donde comienza el cuidado de la salud, del cuerpo, que somos nosotros mismos y las posibilidades para ser y actuar humanamente con nosotros, los demás y el mundo. Desde allí hay que entender medidas sanitarias como el distanciamiento social: al tener cuidando de nuestra salud, estamos cuidando la de todos y no solo la propia.
          Sin embargo, y con lucidez, los autores nos invitan a recordar que vivir sanamente es un valor que queda supeditado a algo más trascendente: el cuidado del otro, especialmente más vulnerable, cuando ha enfermado, pues de ello depende que tenga posibilidades para vivir y transitar la enfermedad dignamente. Y esto supondrá para muchos, especialmente los cercanos, poner de alguna manera en juego, la propia salud. La entrega por el otro, que también de alguna forma lo es por uno mismo, es fundamental en toda posibilidad humanizante.
          Me parece a mí que con una actitud coherente con la postura personalista que sustentan, provocan a las familias para que en tiempo de crisis no se consideren a ningún miembro de su familia como mero objeto o instrumento, como sucede en la óptica del "descarte", en la que los más vulnerables son privados de oportunidades por estar en desventaja.
          Y dan un paso más recordando que las familias, como unidad social, son sujeto corresponsable con otras familias y con la comunidad política. Deben participar en la creación de soluciones y no sentarse a esperar sin más las medidas sociales y la asistencia de los programas públicos para abrirse paso en la búsqueda de las mejores oportunidades posibles y deseables para sus miembros.

La dimensión de la comunidad política

          Lo que hoy vivimos pone de relieve que las personas y las familias estamos insertos en una comunidad en la que el ejercicio de corresponsabilidad tiene que llegar hasta la existencia de políticas públicas en las que el criterio de partida y llegada es la centralidad de la persona más allá de su utilidad.
          La publicación insiste en que la legitimidad del gobernante se da no solo en el origen electoral de su mandato, sino también en su actuar, que tiene que ser subsidiario; es decir, debe permitir a los miembros de la sociedad la organización y la acción suficiente para enfrentar los desafíos que le plantea la realidad, pero debe intervenir donde la familia o las organizaciones civiles no llegan por su naturaleza propia. Y eso se hace con política pública de salud, de educación, fiscal, con el ejercicio prudente del presupuesto público.
          En este rubro de lo sociopolítico y económico, dos ideas más son puestas sobre la mesa:
          La primera es la importancia de afrontar el momento hospitalario de la pandemia con criterios humanistas, de justicia y no únicamente de desecho, como también se le pidió a las familias. Hay que buscar todas las oportunidades de acción, antes de determinar que ya no se puede hacer algo por alguien, aunque sea acompañarlo paliativamente en la recta final de la vida, si eso fuera necesario.
          La segunda tiene que ver con la necesaria previsión que los actores políticos deben hacer para que todos podamos afrontar las consecuencias de la crisis en el ámbito de la productividad: incentivos y medidas fiscales, bancarias, de apoyos gubernamentales para las economías formal e informal.

La dimensión global

          Sin perspectiva global sería trunco cualquier análisis. Eso lo tenemos claro en el tiempo que nos ha tocado vivir, totalmente interconectado y mucho más interdependiente de lo que se pensaba. Hoy hablar de bien común implica tener lucidez sobre sus distintas dimensiones: familiar, local, y también global. Esta última nos desafía a diversas acciones, como crear una forma de hablar que nos de parámetros éticos y jurídicos que garanticen el cuidado; intensificar la cooperación internacional; reconsiderar el papel de las organizaciones trasnacionales en la búsqueda y procuración del bien común; crear redes de solidaridad entre las personas y grupos, porque todos somos habitantes de una casa común y de alguna manera corresponsables de ella, en la medida que nos veamos como sujetos sociales y no como objetos en el mundo que nos tocó vivir.

La ética del cuidado cimienta la esperanza

El texto que comento logra -a mi parecer su cometido- a pesar de ser filosófico: contagia esperanza, porque nos pone razonable y no solo emocionalmente ante una realidad: podemos acometer la incertidumbre del presente y el futuro si tenemos claro que somos protagonistas y no meros objetos de lo que pasa en nuestra vida en los tres niveles de lo que he hablado.
          Eso sucede cuando nos vemos con, por y para el otro en dimensión de cuidado... cuidarnos unos a otros nos da viabilidad en lo que sucede día a día, nos hace vernos como protagonistas de la vida, aguza nuestra creatividad, nuestra capacidad de búsqueda de cauces de acción y nos permite desde el aquí y ahora ir acometiendo el futuro, que no será fácil, pero tampoco será fatal; porque "con esperanza, es hora de trabajar juntos  para entonces poder mirar lejos"

Si quieres leer el texto completo, muy recomendable, haz click en el hipervínculo: https://cisav.mx/wp-content/uploads/2020/04/Cuidar-al-otro-2.pdf

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