Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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martes, 18 de octubre de 2022

Sesenta años... ¡y con tanto futuro por delante!

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

Texto originalmente publicado en la columna Horizontes de Contacto Noticias (https://contactonoticias.com.mx/)

Después de una muy larga gestación, por fin nació el 11 de octubre de 1962 y desde sus primeros momentos impactó a cercanos y lejanos.

www.vaticannews.va

Un alumbramiento necesario

La primera mitad del siglo XX fue convulsa. No solo por las dos guerras mundiales, cuyas consecuencias llegaron más allá de lo material y los millones de muertos que produjeron. Heredero de la modernidad, devenido entre la aparición de nuevas explicaciones científicas y filosóficas y la irrupción de tecnologías que modificaron la relación de las personas consigo mismas, con los demás, con el mundo, el pasado siglo cimbró todas las certezas de la humanidad.

Ante los vertiginosos cambios en la cultura, en la economía, la política, las costumbres de cada día, los cristianos se sentían más que cuestionados: ¿cómo podrían o deberían entender y vivir su fe en un mundo en el que la Iglesia parecía rancia, enmohecida, envejecida y en los peores vaticinios, en peligro de extinción? Su vivencia del Evangelio les resultaba una buena noticia, pero los moldes eclesiales resultaban incómodos, estrechos, increíbles para la mayoría de sus contemporáneos.

La década de los cincuenta fue de jaloneos, que simplificados podrían exponerse como en un lado los que querían vivir de los triunfos, las palabras, los ritos, las afirmaciones morales del pasado; por otro lado quienes querían una puesta al día; partir en su vida diaria y en su presencia social de la riqueza de casi dos mil años de vivencia del Evangelio, pero buscando lenguajes renovados, una renovada visión de su ser y quehacer en el mundo que les había tocado vivir, en el cual habían sido llamados a ser fermento.

Un padre empeñado en traerlo al mundo

www.vaticannews.va

fAngelo Roncalli, fue un sacerdote bergamasco que en su vida bien sea como capellán militar, como presidente para Italia de las obras de la Propagación de la Fe, como obispo servidor en la diplomacia vaticana, conoció en carne propia las resistencias de muchísimas personas a las formas externas de la fe cristiana. Sin embargo, en carne propia -y la de muchos de sus conocidos cercanos y no tanto- sabía cómo una vida brotada del encuentro con Jesús de Nazareth, el Cristo, podría llevar a la fraternidad que responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano.

Movido por esa certeza, siendo Papa bajo el nombre de Juan XXIII (y con el apodo del papa bueno), determinó que era necesario que naciera un Concilio Ecuménico, el Vaticano II. En otras palabras, hizo posible que se reunieran obispos representantes de todo el mundo para discutir, reflexionar y pronunciarse dogmática y pastoralmente sobre las necesidades de los cristianos –y la Iglesia- en el mundo contemporáneo. Por ello el 25 de enero de 1959 anunció el inusual encuentro que vio la luz el 11 de octubre de 1962.

Un nacimiento conmovedor

Tres años duró el parto –de 1962 a 1965. Se necesitaron dos papas, 2800 obispos (acompañados de muchísimos asesores sacerdotes, religiosos y laicos) y cuatro sesiones para que por fin viera la luz.

Las larguísimas horas de discusiones públicas y privadas, de producción y revisión de textos, quedaron plasmadas en 16 documentos (constituciones dogmáticas y pastorales, decretos y declaraciones) dan cuenta de la revisión que se hizo sobre el ser y quehacer de la Iglesia y sus miembros, de la forma de entender su visión teológica de la realidad, su vocación pastoral, el rol de sus miembros (obispos, sacerdotes, religiosos, laicos), de la respuesta que habría que ir configurando si se quería ser fiel a Jesús y a los tiempos.

Sesenta años y con mucho futuro por delante

https://jesuitasaru.org/

Sesenta años han pasado desde entonces y tiene un gran futuro por delante. El Concilio Vaticano II sigue siendo una invitación para acoger las búsquedas humanizantes de creyentes y no creyentes, esas que llevan al diseño de estrategias, a la toma de opciones éticas que hagan que un mundo “más como Dios quiere” sea de alguna manera posible; es una invitación, incluso una provocación para participar en la construcción de formas de relación fraternas, tejidas en la justicia, ideadas en la creatividad, movidas por los anhelos de libertad.

Si bien ha habido camino desde aquel lejano 1962 –o cercano, mirado a la luz de 2000 años de experiencia del Evangelio-, todavía puede haberlo. Hay que caminar en formulaciones teológicas que sean comprensibles para las mujeres y los hombres, en formas rituales, litúrgicas, que acojan la capacidad re-ligada y simbólica que tenemos para comulgar la experiencia de que Dios ama la vida.

Hay que idear y concretar formas de presencia que lleven en las fronteras de la pobreza, la migración, la discriminación, la vulnerabilidad, el mensaje de que de ninguna manera la muerte tiene la última palabra; pues Jesús ha resucitado y con él hay una comunidad que comulga la pasión por la vida humana en una casa común en la que todos tienen cabida, excepto quienes no quieran estar en ella… Caminos de servicio a la causa de lo humano, porque en Jesús nada de lo humano nos es indiferente.

Algunas de las preguntas que los padres conciliares (los obispos) afrontaron y que hoy pueden seguirnos provocando, o que al menos a mí me provocan:

  • Qué significa ser Iglesia, comunidad de bautizados, pueblo de Dios en términos de sinodalidad, cuando nuestras culturas tienden a ser clericalistas e impera el servilismo laical?
  • ¿Cómo hacer parte de nuestra vida diaria el contacto con la revelación en un contexto de prisas, sobresaturación laboral, sígnica, en el imperio de la superficialidad?
  • ¿Es posible celebrar la vida en la fe conservando el patrimonio de 2000 años de tradiciones rituales, dando vida a símbolos que parecen muertos por oler a pasado y no tener referentes actuales?
  • ¿Cómo afronta la Iglesia los gozos y las esperanzas de las personas en los temas que son polémicos, contradictorios, de debate temporal?

Que la efeméride de la inauguración del Concilio Vaticano II pueda revitalizar el Espíritu que le dio vida y que es el mismo que sostiene nuestro aliento.



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jueves, 24 de marzo de 2022

¿Y si irrumpe la metanoia? Tradición, apuesta y posibilidades humanizantes de vida

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí

www.catholic.net
La Cuaresma es un tiempo diferente. Desgraciadamente a su nombre le ha pasado lo que sucede con muchas palabras: con el tiempo se ha vuelto rancio, su sabor se ha tornado incluso desagradable: porque sabe a prácticas sin sentido, a acciones desagradables, inútiles para nuestra vida diaria.
          Sin embargo, estoy convencido que la cuaresma porta un mensaje que puede ser de suma vigencia para nuestros días, más allá de nuestro credo religioso o de compromiso humano.

Un antes y un después
Muchas veces, sin que nosotros lo busquemos directamente, ocurre que una palabra, un  texto, una canción, un conversación, una acción e irrumpe en nosotros una visión de la vida, del compromiso de ser más por, con y para los demás para humanizarnos al humanizar del mundo, que se vuelve un antes y un después.
           No tiene que ser algo estrepitoso... Puede coincidir con lo que Karl Jaspers nos ayudó a nombrar como situaciones límites, esas que nos muestran que más allá de ellas no hay vida, al menos no como las hemos vivido: sufrimiento, fracaso, muerte, culpabilidad, lucha. Puede que simplemente ocurra.
          Ocurre la meta-noia. Meta… ¿qué? Metanoia. Esta es una palabra griega que nos suena lejana en español, pero que tenerla presente nos pueda dar mucha luz sobre la vida que tenemos y la que estamos invitados a tener para ser más humanos; sobre la forma como nos relacionamos con nosotros mismos, con las personas y con el mundo que nos tocó vivir y la forma en la que queremos establecer nuestras relaciones para ser más justos, fraternos, solidarios, incluyentes.
              Meta quiere decir más allá y Nous significa mente. Meta-Nous, metanoia significa ir más allá en la mente, en la forma en la que vemos y valoramos y desde la cual orientamos nuestra vida. 
            La metanoia no es algo que nos propongamos. Es algo que se presenta en nuestra vida, que nos sacude, que nos introduce en una situación de "antes y después"... Pero si este momento de "revelación" no está del todo en nuestras manos, ¿podemos hacer algo al respecto?

Apertura y estructura para cuando irrumpa la metanoia



El humus, que integra tierra y materia orgánica, dispone el terreno para la vida, lo airea, lo pone a punto para que si llega la semilla, tenga condiciones de fertilidad.
          Cuando era pequeño mi mamá me decía que los días anteriores a las vacaciones de semana santa eran especiales. En su estilo sencillo me invitaba a hacer una “evaluación” de mi vida: ver cómo me comportaba con ella, mi papá y hermanos; con mis compañeros de escuela, amigos y familiares. De su mano revisaba mis responsabilidades y las cosas que deberían ser importantes para que yo fuera un mejor muchacho. Tal vez ella no lo sabía, pero con eso me invitaba a la creación de condiciones para la metanoia.
          La antiquísima tradición de la cuaresma, con la que he comenzado esta reflexión, porta la experiencia de mujeres y hombres que descubrieron que el vivir humanizante requiere al menos dos cosas: apertura y estructura.
          En la vida cotidiana hay muchísimos estímulos que impactan nuestros sentidos, que se agolpan en nuestra memoria, en nuestra imaginación, incluso en nuestros razonamientos. Nos instalamos en la velocidad de la vida, de las respuestas que hay que dar a lo inmediato, a lo que consume nuestros esfuerzos. 
            Y de repente hacer un alto, reconocer que vamos perdiendo apertura para que algo más aparezca en nuestros días nos viene bien: escuchar más a las personas y sus testimonios humanizantes y a los acontecimientos en los que aparece la humanidad posible; palpar a quienes se relacionan con nosotros y desde el tacto abrirnos a la compasión que nos muestra lo humano en toda la fuerza de su interpelación... y la realidad, regalarnos espacios para lo profundo, para la contemplación, para mirar con mente y corazón las acciones que humanizan, para sentirnos desafiado ante los límites de la vida para recuperar la vida... 
          Cultivar apertura a la vida es algo que sí está en nuestras manos; lo mismo que crear la estructura para dar el paso al después al que invita la metanoia. 
            Repensar nuestros hábitos, reformular nuestras relaciones, asumir nuevos retos, establecer propósitos para dejar atrás nuestra manera de vivir y relacionarnos que está orientada a las cosas, se finca en el egoísmo, en las cosas inmediatas; excluye a los demás para favorecernos a nosotros mismos. Si bien nuestro yo se afianza, el resto del mundo se debilita, porque con ello crecen la injusticia, la mentira, la insatisfacción, aumenta la brecha entre los muy pocos ricos y el cada vez mayor número de pobres. 
            En la fraternidad que busca justicia, en el diálogo y el apoyo mutuo podemos generar formas de vida -reales, por pequeñas que sean- para afrontar lo que el compromiso humanizante nos requiera.
            Miles de años de experiencia nos muestran que es buena apuesta apostar por la apertura y la estructura, darnos tiempos específicos para mirarnos y mirar la vida, para hacer caso a las irrupciones que nos sacuden.

De la semilla al árbol


www.pxfuel.com


           Hoy tengo cuarenta años más y entiendo que la invitación de mi mamá es muy valiosa, porque en los días previos a las vacaciones de semana santa puedo mirar mi Nous e ir más allá de él. Puedo darme la oportunidad de regalarme espacios, tiempos, conversaciones que rompan la vertiginosidad de mi vida y mirar cómo hoy vivo las consecuencias de la metanoia que sí se ha presentado en mi vida y desde la cual oriento el significado de mi existencia y las apuestas de mi día a día.
           Así, puedo moverme entre la tensión de la esponaneidad de los momentos claves que suceden en la vida y en la atención a los detalles que me permiten que la apuesta de mi vida sea semilla de mostaza que, seguramente para mí y para muchos será un árbol donde disfrutar lo humano.

Texto publicado originalmente en la columna Apuntes en el camino, del periódico Pax, el 11 de marzo de 2015. Reelaborado el 24 de marzo de 2022


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