Caminar, vivir, compartir...

Durante años viajeros han apuntado en libretas sus vivencias, hallazgos, descubrimientos, curiosidades... Esta es una de ellas, con los apuntes al vuelo de este viajar por la vida . Estas notas brotan de lo que va pasando por mente y corazón en el auto, en la charla, al leer o mirar multimedia. Y se convierten en un espacio de convergencia entre los amigos, quienes también aquí pueden compartir los apuntes que van haciendo de su caminar por la vida.
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viernes, 25 de octubre de 2024

¿Dónde nacen los verdaderos encuentros?

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más del autor, haz click aquí


Lo que separa... no une

Era muy joven, de los 14 a los 15 años, cuando siendo estudiante normalista comencé a trabajar en un oratorio festivo salesiano, en la ciudad de Puebla. Para que quien me lee tenga mejor contexto, diré que en ese tiempo -1980- todavía existía el Muro de Berlín, el marxismo era una ideología en boga y su postura materialista histórica y dialéctica alentaba el discurso de muchas personas. En su ateísmo, veían a la religión como el analgésico de la humanidad, destinado a calmar los dolores de mujeres y hombres, pero sin llegar a la causa de sus desventuras. La militancia era feroz.

Y hay que decir que no menos fiera era la combatividad de grupos religiosos que veían en los comunistas y los socialistas sin Dios a los enemigos a combatir. 

La coincidencia de grupos de ambas posturas muchas veces terminó en golpes, insultos, y alguna vez, también en la pérdida de la vida para algún desafortunado. Lo mismo sucedía entre grupos religiosos: católicos, evangelistas, testigos de Jehová... semillas del desencuentro, la falta de diálogo y como suele decirse en esta época: de la intolerancia, la falta de cooperación y la inexistencia del diálogo.

La consigna que flotaba en el ambiente parecía ser: o piensas como yo, o crees lo mismo que yo y de la manera en que yo lo creo (ese yo también era nosotros y se refería a los grupos o comunidades en las que uno estaba adscrito) o estás en mi contra y nada tenemos que hacer el uno junto al otro.

Recuerdo que en el Oratorio Juan Bautista Pedroni concurríamos niños y jóvenes católicos (al menos nosotros, que siendo normalistas éramos aspirantes a la vida religiosa con los salesianos) y ateos y descreídos, porque muchos venían de familias de obreros que trabajaban en los entonces existentes fábricas poblanas de textiles y estaban adscritos al combativo partido comunista.

Nos reuníamos a jugar futbol. Habíamos organizado una liga que tenía algunos equipos infantiles y otros maś juveniles. Nuestro lugar de encuentro (así, subrayado y después quedará claro por qué) era un terreno en un fraccionamiento que recién empezaba a construir sus casas. El fraccionador nos lo dio y puso dos porterías... El resto eran piedras y esa tierra que en tiempo de lluvias hace colosales lodos y en secas te deja empanizado.

En las banquetas coincidíamos, charlábamos de las familias, de la semana, del que estaba enfermo, del papá desempleado, encarcelado o que tenía un trabajo que lo mantenía lejos de casa durante muchos días. En los partidos, el descanso del medio tiempo lo destinábamos a "pláticas formativas" que no eran sino la explicación del evangelio dominical con los términos más humanistas y menos teológicos posibles, para que todos nos lleváramos alguna reflexión. Dos años pasamos allí, y fuimos amigos del Ratón,  el Migue, el Gordo y no recuerdo cuántos más.

Al paso del tiempo, en mi último año de normalista, en la Ciudad de México, coincidimos con estudiantes de la UNAM, que vivían en verdaderas comunas para poder ahorrar gastos, por ser extranjeros provenientes de Bolivia, Colombia, Ecuador. Muchos de ellos adscritos a la entonces existente guerrilla de sus países, todos fincados en ideologías revolucionarias de cuño ateo. Con ellas y ellos tuvimos algún otro amigo y yo católicos y diferentes a ellos, buenos momentos de canto, de conversación, de probar guisos sudamericanos con insumos mexicanos.

Al mismo tiempo, en la misma época fui testigo, como señalé al principio, de división, incapacidad de unión, de desacreditación, desestimación debida a los discursos, a los "catecismos" católicos o marxistas recitados desde la postura de superioridad de creer que se tiene la verdad, la verdad dada, no la construida a partir de la experiencia y el encuentro con las cosas cuya forma de ser tenemos que desvelar (Soy filósofo y educador: me encantan las desveladas).

Me atrevo a decir con la autoridad que da la experiencia vivida que en ambos casos fue posible el encuentro, la coincidencia, y algo muy cercano al diálogo... Ese que no era posible en muchos grupos en los que las ideas y las creencias eran lo único importante como aglutinador humano.

Hace poco platicaba con mi amigo Ricardo. Él y yo no estamos adscritos a la misma comunidad religiosa. Él comulga en una iglesia renovada (protestante les dicen en lenguaje común, aunque no del todo apropiado) y yo, a mi edad, sigo siendo católico. Nos conocimos en una maestría en la que fui facilitador y él estudiante. Allí nos descubrimos apasionados de la pastoral y la educación. Y desde entonces hemos forjado una amistad que en sus palabras puede resultar inusual, porque a nuestro alrededor es frecuente la exclusión por no pensar y creer lo mismo, y de la misma manera (me permito la repetición de la expresión, porque creo que es precisa). 

En esa ocasión uno de los motivos de nuestro saludo y conversación era la entrada de un huracán que golpearía las ciudades donde vive y trabaja y un incidente de violencia escolar entre preparatorianos de la institución educativa que dirige y que estaba atendiendo con todos los protocolos que el caso merece. Me preocupaba su preocupación. Y cuando todo pasó, me alivió su alivio.

En la superficie de la esfera no hay coincidencia

Tras nuestra charla, me quedé pensando: ¿dónde es que se da el encuentro entre las personas, ese que permite que quienes tienen estilos de vida diferentes, particularidades morales diversas, explicaciones de la vida con distintas palabras y enfoques puedan ser amigos e interactuar juntos de manera solidaria? Y recordando experiencias como las que he compartido y otras más puedo afirmar que en la compasión.

José María Mardones fue un amigo filósofo, sociólogo, teólogo de producción intelectual prolífica en los 80 y 90 del siglo pasado hasta que la muerte le sorprendió a una edad que no merecía que se fuera. Alguna vez lo escuché conversar sobre lo difícil que son la tolerancia, la inclusión, la interacción fraterna entre las personas, y utilizó un recurso literario muy ilustrativo. 

Comparó las relaciones humanas con una esfera en la cual es casi imposible que quienes están en distintos lados lleguen a coincidir. El decía que la única manera que sucediera el encuentro es que se diera en el centro, en el núcleo, en lo profundo y no la superficie de la esfera. Esta consistiría en lo de cada día, que damos por hecho y que nos lleva a vivir de una forma determinada y diferente a la de otras personas y grupos sociales: las ideas, las palabras, las tradiciones, las costumbres... Incluso formas más elaboradas de la convivencia social como la forma en la que estructuramos las instituciones políticas, el derecho, la educación.

A diferencia de la periferia, el centro o núcleo está formado por la compasión, esta impresionante capacidad humana de ponernos a trabajar hombro a hombro, codo a codo con otras personas para solucionar los retos que presenta la existencia cotidiana cuando nos importan sus carencias y las nuestras, sus penas, sus dolores, sus vulnerabilidades y también sus motivos de orgullo, de gozo, de apuesta por la vida. 

En la compasión, nos ponemos a chambear para salir adelante, para no dejar abandonado al que menos tiene, al que está tronado porque las adicciones lo hicieron prisionero, o la enfermedad lo aqueja, o el desempleo lo ha dejado sin tener un pan que llevar a la mesa, al que quedó paralizado por el dolor de la muerte, de la injusticia. 

En la compasión podemos conversar con quien nos comparte su sentir ante la adversidad o la fortuna. Podemos disfrutar los pasos humanizantes que alguien va dando.

Un poco más: a partir del encuentro compasivo podemos dialogar sobre las cosas que nos valen la pena para andar la vida, sobre el sentido que tienen las ideas con las cuales nos explicamos la realidad y reconocer en ellas formas de entender la existencia que pueden complementar las nuestras, porque las hemos visto reales, humanizantes.

El mecanismo que posibilita el diálogo y no solo los monólogos simultáneos (como cuando dos personas que piensan distinto van a un panel, cada quien vierte su rollo, pero quedan indiferentes el uno frente al pensamiento del otro) es el que se desprende del encuentro, del reconocimiento del otro, de su rostro,sus gestos, sus sentipensares, de ser testigos de su forma de vida, de sus luchas, sus aspiraciones, sus dolores. Levinas y la antigua sabiduría prehispánica nos hablan de ello.

Y es que la dimensión entrañable de la vida nos abre a la disposición para comprender lo que el otro piensa, lo que el otro cree. Nos permite entrever lo fundamental de sus creencias, de sus estructuras morales y encontrar los puntos de coincidencia... 

En la compasión se enrutan los dinamismos humanos fundamentales: nuestra búsqueda de verdad se encauza diferente cuando se trata de crear condiciones de vida digna en las que quepamos; nuestras decisiones se orientan más fácilmente al bien común (Libertad sin compasión: hipotecar la vida humana), la solidaridad condiciona nuestras preocupaciones, los afectos van más allá de la autoestima y el autocuidado. 

Y entonces todo queda dispuesto para el humor,para lo lúdico, esos espacios de encuentro que no necesariamente producen ganancia económica y que sí nos recrean para continuar el afán de la vida.

¿Dónde se da el encuentro? No en las ideas, las estructuras de creencias, las prácticas morales por sí mismas, sino en la compasión que desvela ante nosotros a la persona que piensa, que cree, que orienta su vida. Y a partir de allí una solidaridad fraterna, ecuménica (universal) se hace inicialmente posible. Y en ella, siempre encontraremos riqueza, y seguramente no saldremos depauperados, como sí sucede cuando en la cerrazón ideológica, axiológica, moral terminamos unos desacreditando a otros; cuando no atacándonos e incluso, matándonos.

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sábado, 17 de julio de 2021

Recuperar la tolerancia: para construir posibilidades humanizantes

 José Rafael de Regil Vélez (si quieres conocer más del autor, haz click aquí)

Una historia, que como muchas otras, termina en exclusión

Hace ya muchos años el sitio 
www.publico.es daba cuenta de algunas de las ideas sobre la mujer que Zvi Tau, rabino de la línea jardalim de la ortodoxia judía en Israel, vertía en un documento del centro de estudios religiosos Har Hamor.
Al decir del medio de comunicación español, el religioso judío de origen austriaco señalaba en su texto que el lugar natural de la mujer es el hogar; que la tarea a la que debe dedicar sus esfuerzos es la de dar a luz y criar hijos, puesto que por la propia creación de Dios es un ser que ha de estaren casa, donde puede vivir su vida plenamente sin el bullicio de la vida social .
El maestro infiere que la consecuencia de que la mujer abandone la morada familiar para dedicarse a la vida profesional es que sus hijos crecerán débiles y flácidos. Sentencia: “demasiada educación para las féminas daña la calidad de la vida de la nación”. El tema es polémico...
Las amistades con quienes a lo largo del tiempo he compartido este texto -en mis conversaciones o en las redes sociales- han tenido más o menos la misma reacción: indignación, mofa y descalificación de una persona cuya ultraortodoxia no comulga prácticamente en nada con lo que ellos y yo pensamos.
Muchísimos son los temas en los que la divergencia existe: políticos, religiosos, axiológicos. 
Y en todos ellos existe la misma tentación. Un pensamiento tan diferente al propio podemos simplemente excluirlo del propio horizonte de puntos de referencia y de opiniones razonables con las cuales entrar en diálogo; en otros casos, nos dedicamos a señalar todas las inconsistencias que tiene esa visión del mundo, sin examinarla más en busca de algún punto razonable que pudiese tener. Las ideas y valoreaciones que divergen de los nuestros suelen llevarnos a la repulsión gnoseológica, axiológica, incluso a la descalificación existencial de la persona que las sostienen.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Me sumo quitándome el sombrero y poniéndome de pie: Día Mundial de la Asistencia Humanitaria

 Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí
Corrección y cuidado: Socorro Romero Vargas

www.un.org

Fui formado en educación en los primeros años de la década de los ochenta del siglo pasado. Eran tiempos en que las aspiraciones de las personas -y las ideologías- empujaban por la transformación. Se afirmaba entonces que había que buscar la generación de procesos de liberación que permitieran a las personas volverse dueñas de las situaciones en las que vivían para poder sacudirse lo que estorbaba a la vivencia digna y construir relaciones de justicia. 
               Huelga decir que al ser educador yo estaba convencido -como lo sigo estando ahora- que la educación -formal o no formal- es un esfuerzo de largo aliento, porque acompaña los procesos de personalización, socialización y mundanización que desembocan en la autonomía de las personas que están en condiciones de encargarse del mundo que se los carga en una praxis sociopolítica en la cual se interactúa en pos del bien común. Ser educador -en términos de cambio social- es equivalente a enseñar a pescar y no a dar el pescado, como reza el dicho que seguramente muchísimos hemos escuchado.
www.acnur.org
              De alguna manera uno de los enemigos a vencer era el asistencialismo, ese conjunto de acciones de efecto inmediato que "palian" la carencia, el sufrimiento, la vulnerabilidad. En nuestra imagen no era deseable tener un comedor para dar alimento a los empobrecidos, los sin hogar; sino la organización popular que generara posibilidades de ingreso para que esas personas pudieran enfrentar sus necesidades alimentarias y nutricionales con cierta dignidad. No se trataría de tener dormitorios para los vagabundos, sino de sumarlos a procesos que les devolvieran la posibilidad de aspirar a una vivienda y de luchar por ella.

viernes, 26 de junio de 2020

Las cuatro C de una educación pertinente para nuestro tiempo


Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Cuidado y corrección: Socorro Romero Vargas

Hace algunos ayeres -en 2015- escuché una intervención de Fernando Fernández Font, sj, -entonces rector de la Universidad Iberoamericana Puebla. El jesuita doctor en filosofía  señaló entre otras cosas que hoy una persona que haya hecho un buen proceso educativo durante sus años jóvenes debería poder ser caracterizado por cuatro “C”: compasivo, consciente, comprometido, competente. La idea es contundente e iluminadora, tanto entonces como hoy. La comento:
                De lo que se trata en educación es de acompañar el proceso por el cual una persona puede hacerse cargo de ser quien está llamado a ser, acompañado por, con y para los demás encargándose del mundo que les tocó vivir para que en él haya condiciones de vida sustentablemente digna, de cara a lo que dé sentido último a su vida. 
               Dicho de otra forma: acompañar a alguien en el proceso de asumir la responsabilidad de convertirse en persona (personalización); de construirse en la interrelación por, con y para los demás (socialización), a fin de hacer de su tiempo y su espacio un conjunto de posibilidades para vivir dignamente de manera sustentable (mundanización, ser-en-el-mundo)Esto sucede porque un ser humano que se abre a la vida necesita el acompañamiento de alguien que lo haya precedido y le comparta herramientas para hacerse cargo de su existencia... Digamos que le pasa los "trucos para ser humano".
                Entendidas así las cosas, una persona educada es la que puede establecer relaciones humanizantes consigo y con los demás, que es capaz de adaptarse al contexto social, político, económica y cultural en el cual es; que transforma su ambiente para heredar un mundo mejor que el que ha recibido.

Primera C: compasivos

Una mujer y un hombre se abren a la realidad, a sus contemporáneos no por ideas, sino por afectos y emociones: otras mujeres y otros hombres nos afectan (afectos) y provocan en nosotros reacciones que nos mueven (emociones) de una u otra forma. Es la única forma real de salir entrañablemente de nosotros mismos y encontrarnos con otros seres de carne y hueso como nosotros. Sin esta afectación emocional nos quedamos concentrados en nosotros mismos y nada nos mueve para descentrarnos, para salir, para encontrarnos. Aquí entra en juego la primera “C” de la educación, la de la Compasión.
                Alguien es compasivo cuando más allá de sus ideas y razonamientos es capaz de sentir a algún otro en lo que vive concretamente: su alegría, tristeza, frustración, dolor ante los triunfos, las derrotas, lo que le hace crecer, lo que lo estanca. Muy especialmente esto es importante cuando se vive en situación de vulnerabilidad, porque padecer con otro nos mueve a intentar actuar de tal forma que sea posible encontrar alternativas para salir avante afianzados humanamente. 
               Por ser compasivos es que nos alegramos, nos entristecemos, nos solidarizamos con los demás. Todavía más: es en la compasión donde nace el deseo real de cambio en las condiciones que dificultan que las personas se realicen por las situaciones particulares que atraviesan o por las generales que nos condicionan a todos. Todas las transformaciones en las que nos hemos comprometido con alguien en corto o incluso en lo sociopolítico han nacido de alguna manera porque ha habido gente compasiva que se mueve para responder al desafío de que su mundo sea más humano, de que a ella y a los suyos les sucedan cosas buenas para existir humanamente.

Segunda C: conscientes

Cuando uno compadece y se compromete a actuar corre el riesgo de hacerlo sentimentalmente, al calor de la emoción y muy posiblemente a tientas y a locas. Se requiere la segunda “C”: Consciencia. 
               Se es consciente cuando se puede caer en cuenta inteligente y críticamente de lo que son las cosas, de las condiciones en las que los humanos se encuentran, cuando la realidad encontrada es contextualizada en sus múltiples causas y posibilidades; cuando se es capaz de afirmar lo que las cosas son, pueden ser y deben ser y eso antecede toda actuación con, por y para el otro o uno mismo y permite su evaluación.
              La persona consciente se da cuenta de sí en su yo y en su nosotros (porque es por, con y para los demás), pero no de manera aislada, sino en el conjunto de sus relaciones fácticas (de las cosas que suceden), históricas, sociales, políticas, culturales. 
               Quien es consciente se mueve en diversos planos de acercamiento a las realidad: su funcionamiento, sus razones de ser, sus finalidades, sus contextos. Es alguien que se pregunta qué son las cosas, cuáles son sus relaciones, sus causas de origen (por qué son así) para qué son (sus finalidades), cómo funcionan. Y tratan de responder sin dejar siempre de preguntar y para ello recurren a lo que normalmente conocemos como racionalidad científica, filosófica, incluso teológica, sin dejar de poner los pies en la tierra en el más llano y cordial sentido común.
               En este sentido manejamos consciencia como sinónimo de criticidad: la capacidad de dar razón de lo que se dice porque se ha entendido y porque se puede afirmar o negar lo que se dice de ello.... La persona compasiva que quiere acercarse a los demás y a su mundo para hacer algo por la vida humana, tiene mejores herramientas cuando es consciente, crítica y entiende y afirma dialógicamente lo que son las cosas y también lo que pueden ser, sus posibilidades.  Ser consciente es un algo personal y social, construido en la reflexión y el diálogo.

Tercera C: Comprometidos

La consciencia para una comprensión razonable de los impulsos que suscita la compasión es importante, pero tampoco es suficiente: reclama la tercera “C”: la del Compromiso. 
              La persona comprometida es la que se hace cargo de la promesa que se tiene de que algo sea mejor (com-prometer), de tal suerte que actúa conforme al motivo que provocó la compasión y la inteligencia que supuso la consciencia. Se hace cargo de la situación, de las cosas, de la realidad promisoria de un presente y un futuro dignos.
                La persona comprometida ha formado y dinamizado su voluntad, la capacidad de ir tras lo que se quiere, lo que se desea porque de alguna manera contribuye a la realización.
                Emocionalidad sin voluntad, sin capacidad de compromiso es llamarada de petate, acción que se pierde una vez que ha cesado el primer impulso. 
                  Consciencia sin compromiso es sabiondez, petulancia intelectual que no lleva a ningún lado, porque no sale de regocijarse en un mundo intangible e inexistente de ideas, de explicaciones que terminan perdiendo su carácter de brújula de la acción para convertirse en excusa de la inactividad.
                  Se trata de ser persona de carácter, como decían los abuelos para referirse a quien valora cosas que encontró experiencial y emocionalmente valiosas para su vida humana; que entendió y afirmó su sentido humanizante y que es capaz de jugársela por lo que valora, de manera firme y flexible. Firme porque vive conforme lo que le es valioso, flexible porque es capaz de discriminar en las situaciones concretas y momentos específico qué cosas contribuyen más a su realización con, por y para los demás en la construcción del mundo. 
                   Compromiso sin consciencia y sin compasión se vuelve intolerancia, fundamentalismo, voluntarismo. 
                   Las personas muy comprometidas que no se relacionan compasivamente con los demás los aplastan en nombre de sus valores; cuando no entienden se vuelven rígidas y son capaces de perder su vida insensatamente por algo que en una situación concreta podría no ser tan valioso, como cuando un maestro prefiere poner un no aprobado antes que asegurarse de que pueda haber más oportunidades para el aprendizaje: no ha entendido para que se evalúa y no lograr 

La cuarta C: Competentes

Y así se llega a la cuarta “C”, la de las personas Competentes, que son  capaces de disponer de una buena actitud y movilizar sus conocimientos y habilidades para afrontar cualquier situación problemática y convertirla en una solución realista, oportuna, constructiva, creativa, justa, solidaria, promotora de libertad y crecimiento humano.
                  Cuando era niño escuchaba que "Dios nos librara de los tontos con iniciativa". Yo hoy, a mis diez lustros de vida pienso que nos debe librar de los incompetentes. Cuando alguien no entiende puede repetir lo que le dicen, pero jamás logrará la autonomía para resolver problemas en diferentes situaciones, sin la presencia de su jefe, su madre o padres, su cónyuge. Pero si lo entiendo y no tiene desarrollada habilidad, tampoco podrá solucionar las situaciones problemáticas en las que se encuentre. Por último: si no tiene una actitud favorable, bien dispuesta, pues aunque entienda y sea hábil no hará nada y las cosas seguirán como están.

Formar para la humanización en un mundo complejo

Nos ha tocado vivir una realidad en la que ser humanos es difícil: alrededor del 80% de la riqueza mundial está en muy pocas manos, menos del 5% de la población del orbe. Millones de personas migran en condiciones de prácticamente total vulnerabilidad, a la merced de grupos delictivos, enfermedades y accidentes que pueden incluso matarlos. Millones de personas viven excluidos de la alfabetización gráfica y digital, siendo relegadas de cualquier posibilidad de tomar decisiones personales y políticas para ser protagonistas de su historia. No menos carecen de acceso a la salud, la vivienda con privacidad, la procuración de justicia. La lista puede continuar.
                En un mundo así, la existencia de mujeres y hombres compasivos, conscientes, comprometidos y competentes es totalmente pertinente. Que los haya no es una cuestión de promedios escolares, cuadros de honor y conocimientos que no pueden ser relacionados hábilmente con la realidad porque no se puede o porque no se tiene una actitud solidaria, fraterna, justa, incluyente, veraz, libre. 
                  Su existencia es fruto de procesos formativos cuya finalidad sea el crecimiento integral de las personas comprometidas con su mundo. Los educadores que son mujeres y hombres de las cuatro C pueden diseñar los procesos pedagógicos en los cuales acompañarán a sus discípulos a descubrirse compasivos, conscientes, comprometidos y competentes y asuman las herramientas que como seres humanos tienen para construirse así, cabalmente humanos, integralmente personas.
                 Se trata de una educación para la acción, para la vida y no solo para las olimpiadas de conocimientos, para sacar buenas calificaciones y mantener altos promerdios o para el mero tránsito de un plan de estudios al del siguiente nivel escolar. 
                 De eso se trata, en última instancia, lo que llamamos formación para la ciudadanía. Cada persona viven inmersa en un mundo al que tiene que responder en una acción social y política en la que ejerce influencia, trata de sumar personas, contrarrestar posturas, proponer soluciones y formas de organizarse para llegar a ellas. Y todo ello será posible en la medida en que la educación haya preparado para ello (puedes leer https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2009/06/el-reto-de-fondo-formar-la-ciudadania.html)
                  Que este mundo sea humano, humanizante, que en él haya espacio para la justicia, la creatividad, la fraternidad, requiere ciudadanos autónomos, críticos, dialogantes, comprometidos con los valores, en especial los éticos, competentes para resolver los mil y un desafíos que existen en los asuntos que nos atañen a todos y que no se resuelven por arte de magia.
                 Apostar a la formación integral como la que hemos comentado en este texto es abonar a la formación de ciudadanos que estén en condiciones de asumir relacionalmente (consigo, con los demás, con el mundo) el papel que les corresponde en la historia, en su aquí y ahora y en las posibilidades de futuro con las que cuentan para que la familia, la colonia, las instituciones y organizaciones, la ciudad, el país, la región sean cada vez más un mundo mejor que como nos fue entregado.
                Las cuatro C son referentes claros para evaluar toda acción educativa pertinente, de gestión pública o privada, escolar o familiar. 
               Formar mujeres y hombres de las cuatro C es el desafío real que hoy enfrentan los educadores y los educandos: los primeros como creadores de condiciones para la formación; los segundos como artífices del ser humano que están llamados a ser con, por y para los demás en el mundo y abiertos a un sentido de vida que trascienda la inmediatez de lo efímero.

Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el 16 de abril de 2015, en la columna Palabras que humanizan. Actualizada el 28 de junio de 2020.

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lunes, 1 de abril de 2019

De todos modos se necesitan profesionistas

Autor:José Rafael de Regil Vélez, datos del autor haz clik aquí

       Para la gente de Alternativas para el Desarrollo, 
que construye también la esperanza

      Hace muchos años  un pequeñísimo grupo de muy jóvenes profesionistas llegó a las comunidades de la Mixteca Poblana, armados con la esperanza de que algo se podía hacer para mitigar la pobreza al menos de ese lugar del país y con una inicial formación profesional.
      Jóvenes, muy jóvenes, estaban acompañados de una gran inexperiencia y una temeraria ignorancia. Cuando las personas de los pueblos les comunicaron sus inquietudes y necesidades no tenían la menor idea de por dónde empezar, ni siquiera qué hacer. Pero tenían algunas virtudes para enfrentar lo adverso, codo a codo con quienes confiaran en ellos.
      Sobre la marcha pudieron observar, escuchar y buscar información. De ello brotó algo fundamental: PREGUNTAS INTELIGENTES para encausar su búsqueda, SU INVESTIGACIÓN. Conforme fueron comprendiendo, acercándose a lo que no conocían, se les ocurrieron con los campesinos algunas ideas para poner en práctica.
      Alguien antes que ellos había encontrado vestigios de las prácticas ancestrales para conservar el agua, para nutrirse y parecía factible aprender del patrimonio ancestral para abrirse al futuro. Y así comenzó un diálogo con la realidad que se ha prolongado durante más de cinco lustros en búsqueda de agua, de una forma de relación con el medio que permita proveer mejor alimentación. Agua y comida para paliar la pobreza y, ¿por qué no? Para generar opciones productivas que mejoren los ingresos; para tener empleos y mitigar la migración o dar dignidad a quienes se quedan, en tanto los hombres del lugar buscan opciones lejos de su tierra.
      Hoy las cosas allí son diferentes. No mucho, pero sí lo suficiente como para que haya más agua en las comunidades, más de 2000 pequeñas represas y mantos freáticos enriquecidos. La alimentación diaria se ha balanceado con maíz, frijol, calabaza y amaranto. Hay parcelas donde hace algunos años  sólo había tierra agreste.
     Y aquellos jóvenes –con quienes se les fueron sumando- hoy son personas maduras, enriquecidas con la sabiduría de tanto observado, entendido, investigado.
     Pareciera que la tarea está concluida porque las cooperativas van llevando sus cosas, que sería tiempo que quienes los acompañaron empacaran y se fueran a otros rumbos.  
     Pero no es así. Los desafíos son nuevos, se sigue requiriendo inteligencia, capacidad.       Jóvenes profesionistas pero no los que acreditan exámenes y se titulan sin entender nada, sino aquellos que a los largo de su formación han arriesgado, buscado cosas diferentes, salido de las aulas y buscado realidades para enriquecer su formación teórica con la práctica. Profesionistas que sí sepan leer y escribir, que hayan aprendido a investigar y puedan producir el conocimiento que marca la diferencia. Profesionistas que complementen con inteligencia teórica y práctica lo que la sabiduría de las comunidades ha convertido en un patrimonio inestimable de vitalidad enmarcada en tradición. Mujeres y hombres profundamente compasivos y solidariamente bien informados y formados.
     Como en la Mixteca Poblana en donde haya problemas que desafíen la dignidad humana y esperanza para que el mundo sea más incluyente, de todos modos se necesitan profesionistas y no solo meros titulados universitarios.

Publicado originalmente enSíntesis Puebla, el 12 de noviembre de 2011. Actualizado el 

domingo, 9 de diciembre de 2018

Que se nos van... que se nos van

Catalina Díaz Tapia
Edición y corrección: José Rafael de Regil Vélez y Socorro Romero Vargas

Presentamos este texto de Caty Díaz. Es un primer apunte sobre un tema que toca la esencia de nuestra convivencia y por lo tanto de nuestra constitución como personas que somos y existimos por, con y para los demás en el mundo que nos tocó vivir y en el que estamos invitados a crear estructuras humanizantes en las que podamos actuar promoviendo la justicia, la fraternidad, solidaridad creativa.
¿Cómo nos relacionamos con los ancianos? ¿Somos capaces de crear formas de interacción que los invite a vivir sus últimos días con dignidad, sabiéndose y experiencíandose muy humanos?



Cuando los nuestros van envejeciendo

Foto: Rosy Alatorre
Últimamente he estado recibiendo bastantes noticias acerca de algunos seres queridos ancianos, quienes por diversas enfermedades, o sólo el desgaste de la vida, ya sentimos que se van… se nos van.
         Las circunstancias son únicas para cada caso, sin embargo noto que hay conductas recurrentes para buscar las mejores formas de que se curen y tenerlos “como antes”, enteros y fuertes. Pero no es real y sufrimos, nos enojamos y hasta les gritamos, porque son necios y NO hacen lo que, según nosotros, es “lo mejor“.
          De todo he vivido, visto y escuchado en cuanto a opciones para comenzar a atenderlos,  comento sólo algunas, sin generalizar, sólo como opinión.
         Después de un primer susto por una caída menor, mientras aún caminan y se atienden solos, una llamada o visita es suficiente.
          Cuando ya hay caídas más frecuentes o una muy fuerte y olvidos más notables, se considera ir a dormir y luego vivir con ellos. Es frecuente, al principio, la rotación de hermanos para hacerse cargo, y a veces contratar personal externo. En el mejor de los casos, algunos consideran terapia física y psicológica…

domingo, 25 de noviembre de 2018

Libertad sin compasión… hipotecar la vida humana

José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Cuidado y edición: Socorro Romero Vargas.

Libertad: necesaria y ambigua

tiempodehoy.com

Los seres humanos nacemos sin ser humanos del todo….
           Para nadie es desconocido que un bebé inicia la vida más como un conjunto de posibilidades que como una realidad humana ya hecha: no ha inteligido, va a inteligir; no ha amado, amará; no ha socializado, socializará.
          En esta incompletez que puede irse completando a lo largo de la vida se inserta una realidad que ha llamado la atención humana desde siempre: la libertad.
          Las personas somos libres, eso quiere decir que podemos emerger de ser nadie para irnos convirtiendo en alguien, nos construimos quienes vamos siendo a partir de una interacción permanente con los otros, el mundo y nosotros mismos.
          Hace unos cuantos días conversaba con una amiga y me decía que el ser humano hace cosas muy animales, como las bestias. Yo la escuché y le dije con toda convicción que eso no puede ser así. Alguien puede realizar acciones que parecen inhumanas, pero son humanas porque brotan de la ambigüedad de su libertad: puede decidir lo que humaniza, pero también lo que destruye, porque no todo está prescrito en su vivir, porque siempre mantiene márgenes de indeterminación, de impredecibilidad que puede resolver de muchas maneras; porque es libre.
          Además de que nos vamos a morir, podemos estar seguros de que estamos condenados irremediablemente a ser libres, a salir de nuestra incompetez, a tomar decisiones que nos modifican, cambian el mundo, se concretan en formas de convivencia permanentemente cambiantes.
          La vida humana es un regalo y también una encomienda, una tarea por realizar: pasar de no ser persona, a irlo siendo mientras se exista.

El ambiguo dinamismo de la libertad

Ser libres implica que hay que construir la propia existencia. Esto se hace decidiendo en un diálogo con los demás y con la realidad en la que se está inserto: se elige realizar acciones que buscan allegarse lo necesario para seguir siendo persona. Cada uno escoge lo que encuentra que lo humaniza para poder seguir adelante con su vida: esta misma, el alimento, el vestido, el acceso a bienes, a servicios.
           Vivir implica decidir lo que realiza y romper con lo que lo impide. Ser libres es ser capaces de ruptura y de construcción humana. Pero esto es ambiguo, incierto, indeterminado. Porque al buscar lo que realiza podemos aplastarnos unos a otros, depredar el mundo… y es que esto de ir siendo humanos es algo complejo. Detengámonos un poco en este lado oscuro de la humanidad posible.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Yo migro, tú migras, todos migramos

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí

La migración es de lo más humano


Mi niñez y juventud las pasé de un lado a otro, y no por turismo, que también he hecho. De pequeño fui a donde a la familia la llevó el trabajo de mi padre: DF, Monterrey, Toluca. Cuando llegué a la adolescencia abrí la puerta de mi casa para ir en pos de mi futuro y ello me arrojó a Tlaxcala, Puebla, la Sierra Mixe de Oaxaca, el Distrito Federal, el Estado de México, Colombia y, ya con relativa estabilidad laboral, me ha detenido una vez más entre Tlaxcala y Puebla.
          No soy el único con una trayectoria similar: uno de mis hermanos vive en China, otra en Canadá. Los tres hemos ido de aquí para allá, como los menores de edad que son noticia por llegar solos a los Estados Unidos o a cualquier otro país, provenientes a veces de muy lejanas tierras.
          La Organización de las Naciones Unidas calculaban que en 2016 las personas que vivía fuera de su país de origen era de 244 millones, 41% más que en el 2000. En un artículo de julio de 2018, la BBC hablaba de unas 11 millones de migrantes indocumentados solamente en Estados Unidos

La migración y las escuelas... asignatura permanente

José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más acerca del autor haz click aquí

Migramos, siempre migramos

Foto: Facebook Un mundo una nación
Esta reflexión fue escrita en mayo de 2010... Hace ya muchos años. Sin embargo lo fundamental de sus ideas continúan vigentes y es pertinente regresar a ellas, porque tocan la entraña de los procesos humanizantes. En ese momento el tema lo puso sobre la mesa la ley antiinmigración que promulgó Arizona, estado del vecino país del Norte. Ahora vivimos el arribo y tránsito de la Caravana Migrante en la que participan miles de centroamericanos. En el futuro será otro hecho, como los que sacuden a los países europeos o a los asiáticos.
          Los humanos migramos: siempre migramos (puedes leer el siguiente texto: https://misapuntesenelcamino.blogspot.com/2018/11/yo-migro-tu-migras-todos-migramos.html. Unos en situaciones de ventaja legal, social y económica y otros en unas de gran vulnerabilidad desde cualquier punto de vista. En cualquier caso por distintos motivos dejamos nuestros lugares de origen y nos integramos en otros espacios, con personas con las cuales al paso del tiempo nosotros o nuestra descendencia tejerá una mezcla que puede estar llena de riqueza, y que seguramente no estará exenta de problemas y conflictos. El tema de la migración existe, es permanente y no podemos dejarlo de lado en ninguna de sus vertientes, mucho menos en las escuelas de todos los niveles educativos.